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miércoles, 25 de diciembre de 2013

NATIVIDAD DEL SEÑOR (25 de diciembre)


Primera Lectura: Is 9,1-3.5-6
Salmo Responsorial: Salmo 95
Segunda Lectura: Tit2,11-14
Evangelio: Lc 2,1-14

Es la enésima noche de frío e insomnio, pasada haciendo turnos para velar el rebaño. Una noche igual a la del día anterior, una noche igual a la de mañana. En medio de la noche: los pastores, que tratan de calentarse en la helada noche de Judea. En sus corazones rabia, resignación, desengaño, como son los sentimientos de los que han gastado todas las energías para sobrevivir.
Pequeñas vidas inútiles, chatarras de la historia, residuos de la humanidad. Los había entonces y los hay también hoy, cada vez más numerosos.
Hombres y mujeres de vida anónima, gris, inútil, que se han rendido ante un mundo competitivo, otros que ni siquiera han empezado a combatir, sabiéndose perdedores. Los sueños se acaban, si nunca se ha tenido el ánimo de cultivarlos.
Pienso en los muchos perdedores que he encontrado en mi vida.  Personas que no acabarán nunca en ninguna estadística, en ninguna revista, en ningún show de la televisión. Bastardos de la historia, exactamente como los pastores.

Buenas noticias
Y va el ángel y se aparece a los pastores. No al emperador lleno de soberbia por sus posesiones, no a Herodes que piensa que Dios es un peligro para su propia realización, no a los sacerdotes llenos de sus absolutas convicciones, no a la buena gente de Jerusalén demasiado cogida por las festividades inminentes como para desear realmente la llegada de Dios.

Ellos, los pastores, tampoco se lo plantean. La mayoría tiene algún asunto pendiente con la ley, ninguno tiene el tiempo para frecuentar la sinagoga, ninguno respeta el descanso del shabbat, ninguno sube al templo, recientemente restaurado, tres veces al año como señalaba la ley, no nos engañemos. A ellos no les interesa el Mesías, ni les importa Dios, ni Dios se interesa por ellos, faltaría más.
Y en cambio, un anuncio, un batallón de ángeles mandado a hacer un poco de cine con luces deslumbrantes, un canto que desea, por fin, la paz,  para quien se siente querido por Dios, trastoca toda perspectiva y descoloca al mundo.
Andad y ved, dice el ángel, veréis como señal un pesebre. El Salvador ha nacido para vosotros, no para los otros personajes. Para vosotros que tampoco sabéis lo qué es la salvación.

Gran Dios
Pesebre y pastores. Cómo el pescado para los pescadores o el tejido para el sastre.
La señal que el ángel da a los pastores es lo que ellos conocen mejor. No levanta la varita mágica: los pastores pueden encontrar a Dios justamente con lo que son, con lo que conocen. Es Dios el que se hace encontradizo, sin poner condiciones. Y ellos van, ven y entienden.
Explican el encuentro de los ángeles a la jovencita que acaba de parir y a su novio. María sonríe débilmente, José no sabe qué pensar. ¡Qué historia!
Dios nace en un país lejano, en malas condiciones y los únicos que se enteran son los que comen un poco de pan y mucho malestar una vez al día.
Los pastores vuelven llenos de alegría a su insoportable trabajo; en esta película no ha habido ningún bonito desenlace: el olor a estiércol es el mismo, el frío todavía es más punzante. Pero su corazón ha cambiado.

Aquí está Dios
Aquí está Dios, vosotros que lo esperáis. Aquí está Dios, vosotros que no sentís su necesidad. Aquí está, inesperado, sobrecogedor, pobre, asombroso… una locura!
Un Dios que se anuncia a quién no se lo merece, a quién no le reza, a quien maldice la vida una y otra vez. Un Dios que se hace reconocer en las señales cotidianas, que se esconde en las pequeñas cosas de cada día. Un Dios que cambia la vida, que, aunque permanece la misma, asume una luz diferente.
Aquí está Dios, discípulos de Jesús el Nazareno, que todavía no os cansáis de ser cristianos y de seguirlo y de rezarle. Aquí está Dios, muy diferente de como quisiéramos.
Un Dios niño, que no soluciona los problemas, sino que los crea, pidiendo ser acogido.
Un Dios que no castiga a los malvados, sino que es buscado por ellos para matarlo.
Un Dios que se dirige a los pobres, a los perdedores, a los inquietos.
Él, que se hace pobre, perdedor; Él, cuya mayor inquietud es el amor.

Si Dios es así
Si Dios es así, quiere decir que ama a la humanidad hasta el punto de convertirse en hombre.
Si Dios es así, quiere decir que Dios es accesible y razonable, tierno y misericordioso. Quiere decir qué la idea de un Dios poderoso del que protegerse, que va a lo suyo, sumo egoísta autosuficiente, es una idea falsa y pagana. Muy al contrario: Dios ama, antes de ser amado.
Si Dios es así, quiere decir que necesita nosotros, igual que ha necesitado una madre y un padre. Y que yo puedo reconocer Dios y servirlo en cada derrotado, en cada pobre, en cada abandonado.
Si Dios es así, quiere decir qué la fragilidad de los hombres es el lugar que Dios quiere habitar; que, si vivo esta Navidad con la muerte en el corazón, entonces es exactamente mi fiesta, porque Dios también habita los establos de mi vida.
Todo esto… si Dios es así.

Un abrazo y una felicitación especial a cada uno de vosotros en esta Navidad. Un abrazo compartiendo la esperanza, la gracia, la alegría y la paz que Dios nos da por puro amor. “Ha aparecido la gracia de Dios…” ¡Feliz Navidad!