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domingo, 27 de julio de 2014

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo A)


Primera Lectura: 1 Re 3, 5. 7-12
Salmo Responsorial: Salmo 118
Segunda Lectura: Rom 8, 28-30
Evangelio: Mt 13, 44-52
  
Pues ya lo hemos oído: la vida es una caza del  tesoro. Bonita historia, como un juego de niños. Además tenemos en el bolsillo las instrucciones, si las sabemos leer. El mapa se ofrece a todos y es gratis.
Y en cambio, como tontos, ahí estamos distraídos, haciendo caso a los que nos quieren vender mágicas fórmulas – y son bastantes - para alcanzar la felicidad.
Hacemos caso a los vendedores de humo, a expertos de todo tipo, que nos explican que, para ser felices, necesitamos un coche más grande, un cuerpo más esbelto, un sueldo millonario.
¡Lo más trágico es que muchos se creen esta ingenua ilusión!
Mateo escribe esta página de evangelio treinta años después de haber dejado todo para seguir al Señor. Él encontró el tesoro cuando trabajaba en el espinoso campo de la recaudación de impuestos;  allí se encontró con la mirada del Nazareno, en casa de Simón el pescador, se encontró con el carpintero que era tenido por profeta.
Jesús se acercó al mostrador de los impuestos, sin odio, como hacía todo, sin temor, y le pidió dejar todo y seguirlo, sin miedo. Y él lo hizo, sin saber bien por qué.
Desde entonces su vida cambió. Antes, Mateo creía tener en el bolsillo una perla preciosa: dinero, respeto, reconocimiento, contactos con poderosos; ahora, en la mirada sonriente de Jesús vio lo que de verdad era un tesoro.
También nosotros creemos saber en qué consiste nuestra felicidad, creemos de haber localizado el tesoro e invertimos energías e inteligencia para encontrarlo. Pero, ¿estamos seguros de saber qué es lo que nos llena el corazón?

Salomón
Salomón es un joven rey y hereda de su padre David un reino en dificultad: los enemigos acechan en los confines y el pequeño pueblo de Israel se ha convertido en una de las potencias de la época; luchas intestinas destrozan la corte y el propio David ha experimentado el dolor lacerante de ver el propio trono asediado por sus hijos. Salomón, hijo de la esposa preferida, Betsabé, ha sido el elegido y, ahora, es el que reina.
Tiene frente a si una tarea desmesurada: proteger y gobernar el pueblo, hacer construir el templo. Es joven, muy joven y necesita ayuda.
Dios le va a hacer un regalo y Salomón pide como regalo la capacidad de actuar con sabiduría.
¡Grandioso! Si nosotros nos encontráramos con la famosa lámpara de Aladino, ¿qué pediríamos? ¿Salud, riqueza, amor, tranquilidad?
Salomón pide sabiduría para gobernar al pueblo, no para él, sino para los demás. Cuando hablamos de tesoros en nuestra vida, cuando buscamos la felicidad, necesitamos sabiduría para poder hacer la elección justa. La sabiduría es el tesoro.