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domingo, 28 de diciembre de 2014

DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA (Ciclo B)


Primera Lectura: Eclo 3, 2-6.12-14
Salmo Responsorial: Sal 127
Segunda Lectura: Col 3, 12-21
Evangelio: Lc 2, 22-40


Fiesta de la sagrada familia, nos dice la liturgia. Fiesta de nuestra familia, añado yo. La familia concreta, objetiva, real de la que cada uno proviene o que ha formado o que desea formar. La familia que hoy día ya no es única, ni unívoca, y de la cual la Iglesia, con el impulso del Papa Francisco, está tomando buena cuenta y preocupación en el Sínodo.
Hoy nos encontramos muchos tipos de familia y todas basadas en el amor: la católica indisoluble, la no-católica pero con un vínculo sagrado que puede ser soluble según circunstancias, los matrimonios civiles, los divorciados casados antes por la Iglesia y vueltos a casar civilmente, las familias monoparentales, los homosexuales unidos en un vínculo civil, las parejas de hecho con derechos civiles reconocidos por la ley, las parejas que viven juntas sin más.
Por eso, celebrar en estos tiempos esta fiesta es algo chirriante y necesario, que hace reflexionar, como una provocación que vuela sobre nuestros líos políticos y sociales, que da vigor y energía a nuestra vida cotidiana, que da cuerpo a nuestras celebraciones de  Navidad.
Qué nos guste o no la familia es y queda en el corazón de nuestro recorrido por la vida, de nuestra educación, a menudo es al origen de mucho sufrimiento - ¡cuánto dolor existe en  tantas parejas rotas! -, de alguna desilusión y, gracias a Dios, sobre todo de inmensa alegría. Nos dice el Papa: “Tener un lugar a donde ir, se llama hogar. Tener personas a quien amar, se llama familia, y tener ambas se llama bendición.”
¡Qué bueno es que Dios haya querido experimentar la vida familiar, pero nos da qué pensar que, para hacerlo, haya elegido una familia tan desdichada y tan complicada.
Por otra parte nos asombra que la Iglesia se obstine en proponer como esta familia como modelo, una familia francamente inusual: el padre del niño no es el padre biológico, la pareja vive en la abstinencia, el hijo es la presencia de la Palabra de Dios y la pareja se ve obligada a escapar a causa de la notoriedad del recién nacido...
Pero no es precisamente por su diversidad por la que queremos seguir a María y José, sino en su concreción de pareja que ve la propia vida rebosante de la acción de Dios, en su capacidad de ponerse aparte, en serio, sin chantajes y con honestidad, sin angustias, para integrarse en un proyecto más grande, el proyecto que Dios tiene sobre el mundo.

La dura realidad
Hoy celebramos la Sagrada Familia, tan diferente de nuestras familias y sin embargo tan idéntica a nuestras en dinámicas afectivas. Escuchad una reflexión del Papa Francisco:

jueves, 25 de diciembre de 2014

NATIVIDAD DEL SEÑOR (B)


Primera lectura: Is 9, 1-3.5-6
Salmo Responsorial: Salmo 95
Segunda lectura: Tit 2,11-14
Evangelio: Lc 2,1-14

Aquí estamos
Nos hemos preparado, hemos recorrido el camino del Adviento, hemos dejado que la Palabra nos condujese, que iluminara nuestros tiempo frágil, nuestros momentos de inquietud, que nos diese una esperanza entre tantas palabras fuertes como crisis, corrupción, quiebra, sacrificios, guerras, violencia por doquier...
¿Quién nos puede salvar verdaderamente de todo ello?
Los organismos nacionales e internacionales, ciertamente, tienen que deben encontrar el modo de salir de la dictadura de los mercados, de la locura de una economía que condiciona nuestras opciones de cada día, salir fuera de lo que parece un ineludible capitalismo sin frenos, sin reglas, sin medida.
Pero la salvación de estas esclavitudes no nos es suficiente; evidentemente es necesaria para vivir decorosamente del fruto de nuestro ingenio y de nuestro trabajo, pero la salvación que necesitamos es otra muy distinta.
César Augusto, gracias a su hábil política, inauguró la edad de oro de la “pax romana” y su llegada fue saludada como una señal de abundancia para todo el imperio. El 23 de septiembre, fecha de su nacimiento, se celebraba como el principio del año solar y el emperador fu e proclamado “salvador” de cada hombre.
Pero justo bajo su Imperio, en una oscura aldea de pastores, una joven pareja de galileos dan a luz su primogénito: el Salvador. El verdadero.

Desintoxicarse
Ojalá que la crisis nos lleve al menos a un buen resultado: a reconducirnos a lo esencial, hacernos volver al sentido profundo de lo que vivimos, a retomar la Navidad en su sentido, tan rebajado por nosotros cristianos a la feria de los buenos sentimientos.
La atmósfera que circunda la Navidad nos emociona, y es inevitable que sea así. Pero ha llegado el momento de dejar que, además de la emoción, sea la teología la que nos hable al corazón.
Creemos saber todos los acontecimientos que celebramos. Quizás haga falta animarnos a borrar nuestros recuerdos y nuestra fantasía, para volver a aquella noche de la primera Navidad.

¿Qué ocurrió?
Una joven pareja llega a Belén, la ciudad que ha visto nacer el rey David. Llegan allí a causa de un censo, posiblemente un censo regional, un modo que, desde siempre, tienen los poderosos de manifestar su autoridad.
La mujer está esperando a su primogénito y es acogida en casa de algún pariente, porque era inimaginable que fueran rechazados, teniendo en cuenta  el sentido sagrado que tiene la hospitalidad en el mundo oriental. Pero para proteger su pudor pare en la trasera de la casa, normalmente constituida por un único hueco en el que se custodiaban los animales de tamaño pequeño y las vituallas alimenticias y la caja fuerte de cada vivienda.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

MISA VESPERTINA EN LA VIGILIA DE NAVIDAD (24 de diciembre)


Primera Lectura: Is 62,1-5
Salmo Responsorial: Salmo 88
Segunda Lectura: Hech13, 16-17.22-25
Evangelio: Mt 1, 1-25

Navidad, fiesta de la alianza amorosa 
Acabamos de escuchar en la lectura del profeta Isaías que Jerusalén, la ciudad destruida y prostituida por sus enemigos, desterrada y solitaria, infiel y  pecadora, es, a pesar de todo, invitada por Dios a unirse a Él en una alianza de amor, como  una novia virgen y joven.
Es ésta una de las más bellas imágenes de lo que es Navidad, día en el que brilla desbordante el apasionado amor de Dios hacia los hombres; el total y absoluto amor, más fuerte  que la misma infidelidad.
Hoy se nos dice que no es cierto que Dios castigue nuestro pecado y desprecie nuestra  pequeñez. El Dios de Jesús, no conoce el resentimiento ni la venganza. Todo  él vibra como un novio en la noche de bodas. Y en esta Vigilia de Navidad, la novia es la humanidad;  mujer de cuyo seno brota y surge el bello fruto de la libertad, de la paz, de la justicia y de la  alegría.
El esposo divino hoy invita a su mujer humana a vivir amando, a amar gozando, a gozar  entregándose. Y nosotros lo intuimos bastante bien al considerar este día como una de nuestras fiestas  populares más grandes y más bulliciosas, además de ser la más íntima y más familiar del año. Es la  noche de bodas de Dios y la humanidad.

domingo, 21 de diciembre de 2014

DOMINGO 4º DE ADVIENTO (Ciclo B)



Primera lectura: 2 Sam 7, 1-5.8b-12.14a.16
Salmo Responsorial: Salmo 88
Segunda lectura: Rom 16, 25-27
Evangelio: Lc 1, 26-38

Hacer nacer Dios. Hacerlo renacer. Dejar que sea él quien ilumine nuestras vidas, nuestra vida diaria, nuestras crisis financieras previstas o no. No para huir de una realidad cada vez más tenebrosa, sino para darle un nuevo horizonte.
Ya sabemos lo que es una vida basada en la apariencia, en la competencia por la imagen y la apariencia, ya hemos visto qué significa batirse para poder permitirse el último artilugio electrónico, ya hemos visto cómo está un país en el  que la vulgaridad se convierte en el nuevo lenguaje, y el cotilleo y la habladuría se transforma en virtud, hemos visto lo que pasa cuando la economía se convierte en la nueva ideología dominante.
Tal vez hemos dado gracias por ello. Ahora démoselas a Dios.

El Dios verdadero
No al que bendice nuestras batallas, no al elevado sobre los estandartes de conquista, no al que protege nuestras ideas. No al Dios que establece la autoridad constituida, no al que exalta el dolor y nos pide soportarlo con cristiana resignación. No al Dios de las procesiones y ceremonias, de los milagros y de las apariciones, de los hombres extraordinarios y de los santos extraños e inalcanzables.
Sino el Dios de Jesús. El Dios niño. El Dios inútil. El que fue anunciado por profetas, esperado y reconocido con asombro por el Bautista, el que nos alcanza cada día y que pide nacer en cada persona.
Faltan apenas cuatro días para la Navidad. Una Navidad humilde, llena de inquietudes. Una Navidad que no será una borrachera de regalos inútiles, que estará muy atenta al gasto de los banquetes, que no tendrá el trasfondo de la ansiedad por la movilidad del empleo y por el fondo de desempleo, o por el fin del contrato.
Dios nace, aquí y ahora. En esta concreta situación de nuestra vida.

David
¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?
María y David son los protagonistas de la Palabra de hoy y nos dan una preciosa indicación. El nacimiento de Dios en nosotros es, ante todo, iniciativa suya.

domingo, 14 de diciembre de 2014

DOMINGO 3º DE ADVIENTO (Ciclo B)

¡Alegraos, que ya viene el Salvador! 

Primera lectura: Is 61, 1-2a.10-11
Salmo Responsorial: Lc 1, 46 -50.53-54
Segunda lectura: 1 Tes 5, 16-24
Evangelio: Jn 1, 6 -8. 19-28

La crisis económica y de valores que está sufriendo el mundo occidental está produciendo unas Navidades de perfil bajo, casi de trámite. “Porque toca”. ¡Ojalá fuera al contrario!
Es una crisis compleja y articulada que está arrollando al mundo, pero siempre y en todo caso es algo que hemos producido nosotros, por nuestro egoísmo y nuestra avaricia. Es una situación que nos hace frágiles e inseguros. La fiesta de Navidad se ha convertido en la cumbre de las compras y regalos, pero desde hace años tenemos que echar cuentas porque ahora tenemos más bienes que consideramos de primera necesidad pero no tenemos medios para ello y tenemos que actuar en todo con mayor prudencia.
¡Qué actuales resuenan, en esta situación, las invitaciones a la confianza y a la alegría que nos presenta este tercer domingo de Adviento!
El mundo nos muestra ampliamente sus límites, las falsas promesas de un bienestar difuso y un crecimiento global que tiene que vérselas con con la dura realidad: todo proyecto, incluso el más virtuoso y devoto, se enfrenta con el egoísmo humano, con los pocos que, siendo ya ricos, son arrollados por el ansia del poder y de la riqueza, empobreciendo los demás.
Es verdad que tenemos que encontrar soluciones comunes y compartidas, pero tenemos que fijarnos ante todo con autenticidad en la naturaleza humana y en sus límites. Sólo una mirada que sepa ir más allá, que ponga la atención en otro lugar podrá construir un mundo diferente.
Permanecer en la alegría significa hacer una elección del campo en el que nos jugamos la vida: alinearse con la esperanza o con el desastre.
Alegrarse no es sólo una emoción sino un gesto de voluntad. Uno puede alegrarse también en la dificultad. Como hicieron los desterrados de Jerusalén.

Retorno
¿Recordáis la primera lectura de domingo pasado? Cuando un nuevo escritor continúa la escritura del libro de Isaías, aquella profecía ya se ha realizado: ahora son los persas los que dominan la escena política:  los babilonios son derrotados y los judíos son liberados, después de setenta años de deportación. El regreso a casa es difícil y lleno de peligros, pero lo peor es que en Jerusalén ya nadie se acuerda de ellos. Los deportados son confinados en las afueras de la ciudad, sobre la altura de Sión, sus tierras ya están siendo cultivadas por otros, judíos sin escrúpulos aprovechan la crisis financiera del momento (!) para prestar con intereses de usura y una inesperada carestía lleva a los umbrales de la muerte a los recién liberados. Supervivientes de la esclavitud, ahora están amenazados de morir de privaciones en la ciudad que los ha olvidado. E Isaías, en este caso el llamado tercer Isaías, profetiza e invita a todos a la alegría.

domingo, 7 de diciembre de 2014

DOMINGO 2º DE ADVIENTO (Ciclo B)

Preparad el camino al Señor
Primera Lectura: Is 40, 1-5.9-11
Salmo Responsorial: Sal 84
Segunda Lectura: 2 Pe 3, 8-14
Evangelio: Mc 1, 1-8


¿Cuándo comenzó todo?
Comienzo del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios… acabamos de escuchar. Ahí empezó todo, porque los primeros cristianos conocieron a Jesús a través de las palabras de los apóstoles. Se convirtieron en seguidores del Nazareno, fueron llamados “los seguidores del camino”, tenían el corazón lleno de las palabras del Maestro que les habían transmitido unas almas ardientes y sencillas. Conocen las palabras del Maestro, conocen sus prodigios y sus promesas.
Los primeros cristianos eran curiosos, sobre todo los que habitaban lejos de Jerusalén, perdidos en la Babilonia de los gentiles. ¿Cuándo comenzó todo?
Es Marcos el que se decide a redactar una narración. No un tratado de teología sino una historia, una narración de los hechos, una buena noticia, un evangelio.
Tampoco era una novedad. Por entonces ya circulaban las “buenas noticias” (euanguelion) que celebraban las proezas de los emperadores. Grandes proezas hinchadas o falsas, hombres que eran tenidos por dios, disputándose entre ellos el trono con violencia.
En la historia de Marcos, en cambio, se habla de un judío marginal que vivió en los confines del imperio. Marcos, ayudado probablemente por Pedro el pescador, pone en orden los acontecimientos. Para que Cristo también pueda nacer en el corazón de quién lo escucha y de quien oye hablar de él.
Por eso estamos aquí: para hacer espacio a Dios en nuestro corazón.

Consuelos y caminos
No hagamos un simulacro de que Jesús va a nacer. Queremos hacerlo nacer de verdad en nuestra vida, continuamente, fortaleciendo el manantial de vida que habita en nosotros. Redescubrir en nosotros el rostro de Dios que él mismo nos ha contado.
Un Dios que consuela, como nos dice Isaías, desde su deportación en Babilonia con todo el pueblo de Israel. Ya habían pasado cuarenta años desde el incendio de la ciudad santa y muchos ya se habían integrado en la sociedad babilonia. Ya no piensan en una vuelta a la patria, ¿para qué?