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lunes, 29 de mayo de 2017

ADOLFO NICOLÁS: Mis conversaciones con el Papa Francisco

          


El superior general de la Compañía de Jesús desde 2008 hasta 2016, P. Adolfo Nicolás, al terminar la Congregación General 36, pasaba en España unas semanas antes de partir a su destino en Filipinas, donde estaba destinado al ser elegido General. Durante su estancia en Madrid, ha recogido por escrito los recuerdos que guarda de sus encuentros con el papa Francisco durante su pontificado, y que ahora publica en exclusiva la Revista Mensajero.

Un documento que por su extensión publicaremos en dos entregas. La primera que va a continuación y, las segunda, para terminar, en el próximo número de mayo.

viernes, 17 de marzo de 2017

EN EL CUARTO ANIVERSARIO DEL PAPA FRANCISCO


 Con ocasión del cuarto aniversario del Papa Francisco, el periodista de “Vatican Insider” y escritor, Gianni Valente, hace un análisis en cuatro partes de este periodo, para huir a las trampas de los «balances provisionales» sobre el Pontificado actual.




Gianni Valente nació y vive en Roma. Se graduó en la historia religiosa cristiana oriental, con una tesis sobre la India Malabar y Malankara católicos y su participación en el Concilio Vaticano II. Fue editor de la revista internacional “30Días”, por la que también hizo un reportaje sobre la vida de las comunidades cristianas de China, Rusia y varios países de América Latina y el Oriente Medio. En la actualidad es redactor en la agencia “Fides” órgano de información de las Obras Misionales Pontificias. Colabora con la revista italiana geopolítica “Limes” y “Vatican Insider”, portal multilingüe en línea del periódico “La Stampa” dedicada a la información global sobre la actividad de la Santa Sede y los acontecimientos de las comunidades cristianas de todo el mundo. 

lunes, 24 de octubre de 2016

Discurso del Santo Padre Francisco a los miembros de la 36ª Congregación General de la Compañía de Jesús



Es una tradición muy establecida que con ocasión de las Congregaciones Generales se tenga un encuentro de los delegados con el Santo Padre. La mayoría de las veces se ha tenido el encuentro en el marco de una audiencia en el Vaticano, aunque ya en alguna ocasión el Papa ha escogido realizar el encuentro con los jesuitas reunidos en Congregación General en la curia de la Compañía.  Así, este lunes 24 de octubre, en la Mañana, el Papa Francisco ha arribado discretamente a la curia, recibido por el Padre General, Arturo Sosa y el superior de la comunidad de la Curia, el P. Joaquín Barrero.

Tras acompañarle hasta el aula y el Papa ha participado en la oración de la mañana con los delegados. El tema de la oración fue escogido para la ocasión: el buen pastor. La reflexión ha hecho referencia al P.  Franz van de Lugt, pastor de los suyos en Homs, Siria, asesinado por la locura de la guerra. Los miembros de la Congregación han querido orar por el Papa Francisco, como él mismo lo pide con frecuencia a todas las personas con quienes se encuentra.

El Papa Francisco ha hablado a la Congregación General con un discurso dirigido a la Compañía de Jesús que entusiasma y que orienta. Ha dado una buena idea de la manera como entrevé el servicio a la Iglesia y al mundo que la Compañía de Jesús puede ofrecer, de manera pertinente, en conexión con su propio ministerio. Toda su intervención ha estado marcada por una apertura hacia el futuro, por una llamada a ir más lejos, un soporte para el “caminar”, el modo de marchar que les permite a los jesuitas ir al encuentro de los otros y acompañarlos en su propio caminar.




Aula de la Congregación General
Curia General de la Compañía de Jesús.
24 de octubre de 2016


Queridos hermanos y amigos en el Señor:

Al rezar pensando qué les diría, recordé con particular emoción las palabras finales que nos dijo el Beato Pablo VI al finalizar nuestra Congregación General XXXII: “Così, così, fratelli e figli. Avanti, in Nomine Domini. Camminiamo insieme, liberi, obbedienti, uniti nell'amore di Cristo, per la maggior gloria di Dio”1.

También San Juan Pablo II y Benedicto XVI nos han animado a “caminar de una manera digna de la vocación a la que hemos sido llamados (Ef 4, 1)”2 y a “proseguir por el camino de la misión con plena fidelidad a vuestro carisma originario, en el contexto eclesial y social característico de este inicio de milenio. Como os han dicho en varias ocasiones mis antecesores, la Iglesia os necesita, cuenta con vosotros y sigue confiando en vosotros, de modo especial para llegar a los lugares físicos y espirituales a los que otros no llegan o les resulta difícil hacerlo3. Caminar juntos -libres y obedientes-, caminar yendo a las periferias donde otros no llegan, “bajo la mirada de Jesús y mirando el horizonte que es la Gloria de Dios siempre mayor, el que nos sorprende siempre4. El jesuita está llamado para “discurrir -como dice Ignacio- y hacer vida en cualquiera parte del mundo donde se espera más servicio de Dios y ayuda de las ánimas" (Co 304). Es que: “Para la Compañía, todo el mundo le ha de ser casa”, decía Nadal5.

Ignacio le escribía a Borja, a propósito de una crítica de los jesuitas llamados “angélicos” (Oviedo y Onfroy), porque decían que la Compañía no estaba bien instituida y que había que instituirla más en espíritu: el espíritu que los guía -decía Ignacio- “ignora el estado de las cosas de la Compañía, que están in fieri, fuera de lo necesario (y) substancial6. Me gusta tanto esta manera de ver de Ignacio a las cosas en devenir, haciéndose, fuera de lo substancial. Porque saca a la Compañía de todas las parálisis y la libra de tantas veleidades.

La Fórmula del Instituto es lo “necesario y substancial” que debemos tener todos los días ante los ojos, después de mirar a Dios nuestro Señor: “El modo de ser del Instituto, que es camino hacia Él”. Lo fue para los primeros compañeros, y previeron que lo fuera “para los que nos sigan por este camino”. Así, tanto la pobreza, como la obediencia, o el hecho de no estar obligados a cosas como rezar en coro, no son ni exigencias ni privilegios, sino ayudas que hacen a la movilidad de la Compañía, al estar disponibles “para correr por la vía de Cristo Nuestro Señor.” (Co 582) teniendo, gracias al voto de obediencia al Papa, una “más cierta dirección del Espíritu Santo” (Fórmula Instituto 3). En la Fórmula está la intuición de Ignacio, y su sustancialidad es lo que permite que las Constituciones hagan hincapié en tener siempre en cuenta “los lugares, tiempos y personas”, y que todas las reglas sean ayudas -tanto cuanto- para cosas concretas.

El caminar, para Ignacio, no es un mero ir y andar, sino que se traduce en algo cualitativo: es aprovechamiento y progreso, es ir adelante, es hacer algo en favor de los otros. Así lo expresan las dos Fórmulas del Instituto aprobadas por Paulo III (1540) y Julio III (1550), cuando centran la ocupación de la Compañía en la fe -en su defensa y propagación- y en la vida y doctrina de las personas. Aquí Ignacio y los primeros compañeros usan la palabra aprovechamiento (ad profectum7, cfr. Fil 1, 12 y 25), que es la que da el criterio práctico de discernimiento propio de nuestra espiritualidad.

El aprovechamiento no es individualista, es común: “El fin de esta Compañía es, no solamente atender a la salvación y perfección de las ánimas propias con la gracia divina, mas con la misma, intensamente procurar de ayudar a la salvación y perfección de las de los prójimos” (Ex 1,2). Y, si para algún lado se inclinaba la balanza en el corazón de Ignacio, era hacia la ayuda de los prójimos; tanto es así, que se enojaba si le decían que la razón de que alguno se quedara en la Compañía era “para que así salvara su ánima. Ignacio no quería gente que, siendo buena para sí, no se hallara en ella aptitud para el servicio del prójimo” (Aicardo I punto 10 pág. 41).

El aprovechamiento es en todo. La fórmula de Ignacio expresa una tensión: “no solamente… sino…”; y este esquema mental de unir tensiones -la salvación y perfección propia, y la salvación y perfección del prójimo- desde el ámbito superior de la Gracia, es propio de la Compañía. La armonización de ésta y de todas las tensiones (contemplación y acción, fe y justicia, carisma e institución, comunidad y misión…) no se da mediante formulaciones abstractas, sino que se logra a lo largo del tiempo mediante eso que Fabro llamaba “nuestro modo de proceder8. Caminando y “progresando” en el seguimiento del Señor, la Compañía va armonizando las tensiones que contienen y producen, inevitablemente, la diversidad de gente que convoca y las misiones que recibe.

El aprovechamiento no es elitista. En la Fórmula, Ignacio procede describiendo medios para aprovechar más universalmente, que son propiamente sacerdotales. Pero notemos que las obras de misericordia se dan por descontadas, ¡¡¡la Fórmula dice “sin que eso sea óbice” para la misericordia!!! Las obras de misericordia -el cuidado de los enfermos en las hospederías, la limosna mendigada y repartida, la enseñanza a los pequeños, el sufrir con paciencia las molestias… - eran el medio vital en el que Ignacio y los primeros compañeros se movían y existían, su pan cotidiano: ¡cuidaban que todo lo demás no fuera óbice!

viernes, 3 de julio de 2015

Qué quiere decir hoy ser castos (Enzo Bianchi)


(Enzo Bianchi es un ensayista laico,
fundador del Monasterio de Bose en Italia)


“A vosotros jóvenes digo: sed castos... ¡haced el esfuerzo de vivir castamente el amor!” Estas palabras del papa Francisco a los jóvenes, pronunciadas el domingo pasado, han suscitado reacciones de todo tipo pero todas ellas reveladoras del dato que la “castidad” es una palabra a menudo incomprendida, más bien desconocida y burlada, sobre todo porque se  confunde con la abstinencia, o la continencia sexual, o con el celibato. La etimología nos sugiere que es casto (castus) el que rechaza el incesto (in-castus). El incesto ocurre cada vez que no se vive la distancia y no se respeta la alteridad, que no es sólo diferencia. No es casto quien busca la fusión, el apego, la posesión: señal de esa búsqueda es la agresividad que, en estos casos, fácilmente se enciende y se manifiesta. Estoy cada vez más convencido de que la sexualidad está en el espacio del regalo, porque pide dar y recibir, y siempre se coloca en la relación entre dos sujetos.

La sexualidad no se reduce a la genitalidad, y la capacidad de regalo y acogida es más amplia que la ejercitada en la genitalidad: compromete, en efecto, la  persona entera y sus relaciones.

Por eso la sexualidad es cosa buena y bella, pero su empleo puede ser inteligente o estúpido, amante o violento, ligada al amor o a la pulsión. La sexualidad nos empuja a la relación con el otro, pero depende de nosotros buscar, en esta relación, el encuentro o la posesión, la sinfonía o la prepotencia, el cambio o el narcisismo.

Podríamos decir que la castidad es el arte de no tratar nunca al otro como un objeto, porque en este caso se le “consume” y se le destruye. Arte difícil y fatigoso, que solicita tiempo: no se nace casto sino al contrario – digámoslo con claridad - se nace incestuoso, y el ejercicio de separación y distinción nos conduce hacia una subjetividad verdadera y autónoma. La castidad otorga a las relaciones humanas una transparencia que permite a las personas reconocerse en el respeto de su ser más íntimo.

Piensa en el encuentro sexual de los cuerpos en su desnudez y en la intimidad que deriva. Cuando los cuerpos se encuentran y se entrelazan en la desnudez, se enciende un conocimiento recíproco que no es comparable al que  pueden tener los amigos más íntimos, uno del otro. Compartir el cuerpo y la respiración crea una unión que es “conocimiento único”, es - osaría decir, citando a Juan Pablo II – “liturgia de los cuerpos”, es un conocimiento penetrativo de una profundidad única.

Cuando se toca un cuerpo, no se toca cualquier cosa sino una persona, que no es un objeto de placer, que no puede ser consumida, sino que es la posibilidad de una comunión auténtica. Sin esta comunión no es posible la castidad, sino sólo la obediencia a la pulsión, al capricho, a la posesión. Rainer Maria Rilke escribió: “No hay nada más arduo que quererse: es un trabajo, un trabajo diario... El amor es difícil y no está al alcance de todos.”


El acto sexual, realizado en los tiempos y en los modos que los amantes saben discernir como bellos, buenos y “justos”, es conocimiento, y no se tiene que tener miedo de afirmar que precisamente el sumo placer del acto sexual incendia tal conocimiento. Pero no es fácil distinguir este sumo placer del encuentro de los cuerpos, de los corazones, de las inteligencias, de la pulsión. Sí, la pulsión sola, con su prepotencia, puede crear el infierno, sin embargo élla nos habita, y, si no existiera, no seríamos naturalmente capaces de darnos y de acogernos.

viernes, 12 de junio de 2015

Misa del Papa Francisco (E. Morricone)


Misa del Papa Francisco
en el 200 Aniversario de la Restauración de la Compañía de Jesús.

Estreno en Roma. Iglesia del Gesù. 10 de junio de 2015


(para doble coro y orquesta)

jueves, 30 de abril de 2015

DIÁLOGO DEL PAPA FRANCISCO CON LA COMUNIDAD DE VIDA CRISTIANA (CVX)


ENCUENTRO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
CON LA COMUNIDAD DE VIDA CRISTIANA (CVX)
Y LA LIGA MISIONERA DE ESTUDIANTES DE ITALIA
Aula Pablo VI, jueves, 30 de abril de 2015


PREGUNTAS DE ALGUNOS MIEMBROS DEL MOVIMIENTO Y RESPUESTAS IMPROVISADAS DEL SANTO PADRE

Paola:
Santo Padre.  Y no es sólo un modo de decir.  Soy Paola. Presto servicio en la cárcel de Arghillà, Reggio Calabria. Allí encuentro mucho sufrimiento y todas las contradicciones de nuestro mundo. Le pedimos una luz. Entre nosotros, en estos entornos, es fácil hablar de esperanza, es una palabra que nos es familiar;  ¿pero cómo hacerlo con un condenado a cadena perpetua? ¿Con un hombre que se define “sin final de condena”? ¿Y luego quisiera también preguntarle como afinar nuestra conciencia, de tal manera que estar junto al que sufre no sea para nosotros una simple beneficencia, sino que logre convertir nuestro corazón, intensamente, y nos haga capaces de luchar con ánimo por un mundo más justo? Gracias, Santo Padre, porque nos hace sentir a cada uno de nosotros, en cualquiera condición en que nos encontramos, como un hijo querido.

Papa Francisco:
Paola, tengo aquí escritas tus dos preguntas.  ¡Son dos! Tú sabes que a mí me gusta decir - es un modo de decir, pero es la verdad del Evangelio -  que tenemos que salir e ir a las periferias. Salir también para ir a la periferia de la transcendencia divina en la oración, pero salir siempre. La cárcel es una de las periferias más feas, con más dolor. Ir a la cárcel significa ante todo decirse a sí mismo: “Si yo no estoy aquí, como éste o como éste, es por pura gracia de Dios.” Pura gracia de Dios. Si nosotros no hemos resbalado en estas equivocaciones, o en estos delitos o crímenes, algunos fuertes, son porque el Señor nos ha cogido por la mano. No se puede entrar en la cárcel con el espíritu de “aquí vengo yo a hablarte de Dios, porque, ten paciencia, tú eres de una clase inferior, eres un pecador.” ¡No, no! Yo soy más pecador que tú, y éste es el primer paso. En la cárcel uno puede decirlo con mucho ánimo;  pero tenemos que decirlo siempre. Cuando nosotros vamos a predicar a Jesucristo a gente que no lo conoce, o que hace una vida que no parece muy moral, pensar que yo soy más pecador que él, porque si yo no he caído en aquella situación es por la gracia de Dios. Ésta es una condición indispensable. Nosotros no podemos ir a las periferias sin esta conciencia. Pablo, Pablo tuvo esta conciencia. Él dice de sí mismo que es el más grande pecador. También dice una palabra feísima de sí mismo:  “Yo soy un aborto” (cfr 1 Cor 15,8). ¡Pero esto está en el Biblia, es Palabra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo! No es poner cara de estampita como dicen de los santos. ¡Los santos se sintieron pecadores porque entendieron esto! Y la gracia del Señor nos sustenta. Si tú, si yo, si cada uno de vosotros no tiene esto no podrá tomar el mandato de Jesús, la misión de Jesús: “Id hasta los confines del mundo, a todas las naciones, a las periferias” (cfr Mt 28,20). ¿Y quiénes son los que han sido incapaces de recibir esto? Las personas cerradas, los doctores, aquellos doctores de la ley, aquella gente cerrada que no ha aceptado a Jesús, que no ha aceptado su mensaje de salir. Parecían justos, parecían gente de Iglesia, pero Jesús les dice una palabra no tanto bonita: “Hipócritas." Así los llama Jesús. Y para hacer entender cómo son, la fotografía que Jesús hace de ellos es: “Vosotros sois sepulcros blanqueados” (cfr Mt 23,27). Quien está cerrado, no puede recibir, es incapaz de recibir este ánimo del Espíritu Santo, y queda cerrado y no puede ir a la periferia. Tú le pides a Dios permanecer abierta a la voz del Espíritu, para ir a aquella periferia. Luego, mañana, quizás, te pida ir a otra, tú no lo sabes...  Pero es siempre el Señor el que nos envía. Y en la cárcel siempre decir esto, y también con tantas personas que sufren: ¿por qué sufre esta persona y yo no? ¿Por qué no conoce esta persona a Dios, no tiene esperanza en la vida eterna, piensa que todo se acaba aquí, y yo no? ¿Por qué es acusada esta persona en los tribunales, por qué es corrupta, por este otro..., y yo no? ¡Por la gracia del Señor! Ésta es la mejor preparación para ir a las periferias.
Luego, tú dices: “¿De qué esperanza hablo yo, con esta gente en la cárcel?” Tantos son condenados a muerte.  No, en Italia, que no hay pena de muerte pero sí condenados a cadena perpetua. La cadena perpetua es una condena a muerte, porque uno sabe que de no se sale de allí. Es duro. ¿Qué le digo a ese hombre? ¿Qué le digo a esa mujer? Tal vez… no digas nada. Tomar la mano, acariciarlo, llorar con él, llorar con ella. Así, tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Acercarse al corazón que sufre. Muchas veces nosotros no podemos decir nada, nada, porque una palabra sería una ofensa. Solamente los gestos. Los gestos que hacen ver el amor. “Tú eres un condenado a cadena perpetuo, aquí, pero yo comparto contigo este trozo de vida de cadena perpetua.” Compartir con el amor, nada más. Esto es sembrar el amor.
Y luego pones el dedo en la llaga:  “¿Cómo afinar nuestra conciencia, para  que estar junto a quién sufre no sea para nosotros simple beneficencia sino que convierta nuestro corazón y nos haga capaces de luchar con ánimo por un mundo más justo?” La beneficencia es un peldaño: ¿Tienes hambre? Sí.  Te doy que comer, hoy. La beneficencia es el primer paso hacia la promoción. Y esto no es fácil. ¿Cómo promover a los niños hambrientos? Cómo promover...  Hablamos de niños, ahora: ¿cómo promover a los niños sin educación? ¿Cómo promover a los niños que no saben reír y que si tú los acaricias te dan una bofetada, porque en su casa ven que el papá da bofetadas a la mamá? ¿Cómo promover? ¿Cómo promover a la gente que ha perdido el trabajo, como acompañar y promover, hacer camino con ellos? Con quien tiene necesidad de trabajo, porque sin trabajo una persona se siente sin dignidad. Sí, está bien, tú les llevas de comer. Pero la dignidad es que él, ella, lleve qué comer a casa: ¡eso da dignidad! Es la promoción - el presidente ha hablado de ello [se refiere al presidente de la CVX que ha hablado anteriormente]: muchas cosas que vosotros hacéis. Una cosa que hace la diferencia entre la beneficencia habitual -  no digo la beneficencia para salir de las dificultades más graves -, entre la beneficencia habitual y la promoción, es que la beneficencia habitual tranquiliza el alma: hoy “yo he dado de comer, ahora me voy tranquilo a dormir.” La promoción te inquieta el alma: “Tengo que hacer más.  Y mañana esto, y pasado mañana aquello, y qué hago…”. Esa sana inquietud del Espíritu Santo.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Papa Francisco a los jesuitas en los 200 años de la Restauración de la Compañía de Jesús


El 27 de septiembre de 2014, el Papa presidió las Vísperas de Acción de Gracias por la Restauración de la Compañía de Jesús, hace 200 años. Estas son las palabras dirigidas a los jesuitas en el transcurso de la celebración:
La Compañía distinguida con el nombre de Jesús ha vivido tiempos difíciles, de persecución. Durante el generalato del p. Lorenzo Ricci "los enemigos de la Iglesia llegaron a obtener la supresión de la Compañía" (Juan Pablo II, Mensaje al p. Kolvenbach, 31 de julio de 1990) por parte de mi predecesor Clemente XIV. Hoy, recordando su reconstitución, estamos llamados a recuperar nuestra memoria, recordando los beneficios recibidos y los dones particulares (cf Ejercicios Espirituales, 234). Hoy quiero hacerlo aquí con ustedes.
En tiempos de tribulaciones y turbación se levanta siempre una polvareda de dudas y de sufrimientos, y no es fácil seguir adelante, proseguir el camino. Sobre todo en los tiempos difíciles y de crisis llegan tantas tentaciones: detenerse a discutir las ideas, a dejarse llevar por la desolación, concentrarse en el hecho de ser perseguidos y no ver nada más.
Leyendo las cartas del p. Ricci me impactó una cosa: su capacidad para no dejarse sujetar por estas tentaciones y de proponer a los jesuitas, en el tiempo de la tribulación, una visión de las cosas que los arraigaba aún más a la espiritualidad de la Compañía.
El p. General Ricci, que escribía a los jesuitas de entonces, viendo las nubes que se espesaban en el horizonte, los fortalecía en su pertenencia al cuerpo de la Compañía y a su misión. He aquí: en un tiempo de confusión y turbación hizo discernimiento. No perdió el tiempo para discutir ideas y quejarse, sino que se hizo cargo de la vocación de la Compañía.
Y esta actitud ha llevado a los jesuitas a experimentar la muerte y resurrección del Señor. Antes de la pérdida de todo, incluso de su identidad pública, no opusieron resistencia a la voluntad de Dios, no opusieron resistencia al conflicto, tratando de salvarse a sí mismos. La Compañía -y esto es hermoso- vivió el conflicto hasta el final, sin reducirlo: vivió la humillación con Cristo humillado, obedeció. Nunca se salva uno del conflicto con la astucia y con estratagemas para resistir. En la confusión y ante la humillación, la Compañía prefirió vivir el discernimiento de la voluntad de Dios, sin buscar una salida al conflicto de modo aparentemente tranquilo.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Entrevista al Papa Francisco: Busquemos ser una Iglesia que encuentre caminos nuevos

Dieciséis revistas de cultura de la Compañía de Jesús publican una larga entrevista al Papa Francisco, realizada por el jesuita italiano Antonio Spadaro S.J., director de La Civiltà Cattolica. El texto recoge un diálogo de más de seis horas que se desarrolló a lo largo de tres sesiones los días 19, 23 y 29 de agosto. En España, la entrevista la publica la revista centenaria Razón y Fe, hoy en su web y en el número de octubre de su edición impresa.
Es una entrevista en la que el Papa Francisco ofrece su visión sobre temas como el gobierno de la Iglesia, el ecumenismo, cuestiones morales o la experiencia cristiana, además de reflexionar sobre su condición de jesuita.



Entre las dieciséis revistas de la Compañía de Jesús que publican hoy la entrevista en todo el mundo están La Civiltà Cattolica (Italia), America Magazine (EE.UU.), Mensaje (Chile), Études (Francia), Thinking Faith (Gran Bretaña) o Stimmen der Zeit (Alemania). A todas ellas, el Papa les anima en esta entrevista a seguir sirviendo a la Iglesia y a la sociedad desde “el diálogo, el discernimiento y la frontera".

martes, 21 de mayo de 2013

Vigilia de Pentecostés 2013 - El Papa Francisco con los movimientos de Iglesia


Pregunta 1 
 
“La verdad cristiana es atractiva y persuasoria porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana, anunciando de manera convincente que Cristo es el único Salvador de todo hombre y de todos los hombres". Santo Padre, estas palabras suyas nos han impactado intensamente: ellas expresan de manera directa y radical la experiencia que cada uno de nosotros desea vivir sobre todo en el año de la fe y en esta romería que esta noche nos ha traído aquí. Estamos delante de usted para renovar nuestra fe, para confirmarla, para reforzarla. Sabemos que la fe no puede ser de una vez para siempre. Como dijo Benedicto XVI en la “Porta Fidei”: "la fe no es un presupuesto obvio". Esta afirmación no concierne solamente al mundo, a los otros, a la tradición de la que venimos: esta afirmación concierne ante todo a cada uno de nosotros. Demasiadas veces nos damos cuenta de cómo la fe es un brote de novedad, un principio de cambio pero que luego se convierte en una seria dificultad para comprometer toda la vida: no se convierte en el origen de todo nuestro conocer y actuar. 
 
¿Santidad, como ha podido alcanzar en su vida la certeza de la fe? 
¿Y qué camino nos indica para que cada uno de nosotros pueda vencer la fragilidad de la fe? 


¡Buenas tardes a todos! 
 
Estoy contento de encontraros y que todos nosotros nos encontramos juntos en esta plaza para orar y para esperar el regalo del Espíritu. ¡Yo ya conocía vuestras preguntas y he pensado en ellas, por lo tanto esto no está sin conocimiento! ¡Primero, la verdad! Las tengo aquí, escritas. 
 
La primera - "cómo ha podido alcanzar en su vida la certeza sobre la fe; ¡y qué camino nos indica para que cada uno de nosotros pueda vencer la fragilidad de la fe?" - es una pregunta histórica, porque concierne a mi historia, a la historia de mi vida! 
Yo he tenido la gracia de crecer en una familia en la que la fe se vivió de modo sencillo y concreto; pero ha sido sobre todo mi abuela, la mamá de mi padre, la que marcó mi camino de fe. Fue una mujer que nos explicó, nos habló de Jesús, nos enseñó el Catecismo. Siempre recuerdo que el Viernes Santo nos llevaba por la tarde a la procesión de las velas, y al final de esta procesión venía el "Cristo yacente", y la abuela nos hacía - a nosotros niños - arrodillarnos y nos decía: "¡Mirad, ha muerto, pero mañana resucita". He recibido el primer anuncio cristiano justo de esta mujer, de mi abuela! ¡Y esto es precioso! ¡El primer anuncio en casa, con la familia! Y esto me hace pensar en el amor de muchas madres y muchas abuelas en la transmisión de la fe. Sois vosotras las que transmitís la fe. Esto también ocurrió en los primeros tiempos, porque san Pablo le dijo a Timoteo: "¡Yo recuerdo la fe de tu madre y de tu abuela", (cfr 2Tm 1,5). Todas las madres que están hoy aquí, todas las abuelas, pensad en ello! Transmitir la fe. Porque Dios nos pone al lado de personas que nos ayudan en nuestro camino de fe. ¡Nosotros no encontramos la fe en el concepto abstracto; no! Hay siempre una persona que predica, que nos dice quién es Jesús, que nos transmite la fe, que nos da el primer anuncio. Y así ha sido la primera experiencia de fe que he tenido. 

lunes, 6 de mayo de 2013

La Compañía de Jesús - Dossier 2013




I1. LA COMPAÑIA DE JESÚS HOY:
                 1.1. ¿Qué es la Compañía de Jesús?
                1.2. ¿Dónde se encuentran los jesuitas?
                1.3. ¿Qué hacen los jesuitas, para qué y cómo?
                1.4. Estructura de gobierno.
                1.5. Curiosidades.
                1.6. Más información.

 2. LA COMPAÑÍA DE JESÚS EN ESPAÑA:
                2.1. Apostolado Social.
                2.2. Pastoral.
                2.3. Educación.
                2.4. Educación-Universidad.
                2.5. Diálogo Fe-Cultura.
                2.6. Espiritualidad.
               

1. LA COMPAÑÍA DE JESÚS HOY

1.1. ¿Qué es la Compañía de Jesús?

La Compañía de Jesús es una Orden Religiosa de la Iglesia Católica. Fundada por San Ignacio de Loyola en 1540, está hoy extendida por 110 países en los que más de 17.000 jesuitas trabajan por la evangelización del mundo, en defensa de la fe y la promoción de la justicia, en permanente diálogo cultural e interreligioso. De ellos hay cerca de 1.300 en España. San Ignacio de Loyola legó a la Iglesia una herramienta fundamental, los Ejercicios Espirituales, que son la fuente de la espiritualidad ignaciana que guía a los jesuitas en su búsqueda de trabajar al servicio de la misión de Cristo en el mundo de hoy.

A lo largo de su vida, la Compañía de Jesús ha sufrido muchos avatares, entre otros, fue suprimida por el Papa Clemente XIV en 1773 y más tarde restituida por el Papa Pío VII en 1814. El próximo año, 2014, celebraremos el 200 aniversario de esta Restauración con distintos actos.

El actual superior General de los jesuitas (desde 2008) es el Padre Adolfo Nicolás Pachón, español.

A 1 de enero de 2013 el número de jesuitas en el mundo era de 17.287 jesuitas. Entre ellos, 12.298 son sacerdotes, 1.400 hermanos, 2.878 jesuitas en formación y 711 novicios (el mayor porcentaje procede de Asia).

En España existen 1.239 jesuitas, de ellos 949 son sacerdotes, 50 hermanos y 240 jesuitas en formación. Geográficamente se distribuyen en cinco provincias: Aragón (Aragón, Comunidad Valenciana, Islas Baleares); Bética (Andalucía e Islas Canarias); Castilla (Asturias, Cantabria, Castilla y León, Galicia, La Rioja, Madrid, Extremadura y Murcia), Loyola (País Vasco y Navarra); y Tarraconense (Cataluña). Estas cinco provincias jesuitas están en proceso de integración. En 2014 todas ellas formarán una única provincia denominada Provincia de España.

lunes, 29 de abril de 2013

El modo de proceder del Papa Francisco

Su modo de proceder
¿Cómo  podría  influenciar   la   espiritualidad  jesuítica   el  pontificado   del   papa
Francisco?

por James Martin S.J. (Artículo publicado en la revista América el 29 de abril de 2013)

Las semanas siguientes a la elección del papa Francisco, el primer jesuita elegido para ese cargo, vieron a más gente formulando preguntas sobre los jesuitas que cualquier otro momento en los últimos 25 años. La mayoría de los lectores de America saben ya lo que es un jesuita, pero hay otra cuestión que merece reflexión: ¿Cómo podría la espiritualidad ignaciana influenciar a nuestro nuevo papa y cómo le ha influenciado ya?

La espiritualidad ignaciana se basa en la vida y las enseñanzas de San Ignacio de Loyola, el soldado convertido en místico que fundó la Compañía de Jesús en 1540. Mucho de esa espiritualidad fluye de su texto clásico, los Ejercicios espirituales, una especie de manual para un retiro de cuatro semanas que invita a la persona a entrar con la imaginación en las contemplaciones de la vida de Cristo. Los Ejercicios son más que una mera lectura del Nuevo Testamento. Se invita a los ejercitantes a imaginarse a sí mismos con toda la viveza posible en las escenas del Evangelio. Como escribió Joseph Tetlow, S.J., “el ejercitante no se queda observando a distancia, sino que entra fervientemente en el templo o se sumerge hasta tocar fondo en las aguas del Jordán”. Por medio de esos intensos encuentros con las narraciones evangélicas, la persona que ora entra en una relación personal profunda con Jesús.

Todos los jesuitas hacen los Ejercicios, por lo menos, dos veces en la vida: primero en el noviciado, y, años más tarde, como final del período de formación durante un tiempo conocido como tercera probación. Por consiguiente, sabemos que el papa Francisco los ha hecho también. Más aún, al final de la década de 1960, Jorge Mario Bergoglio, S.J., fue maestro de novicios en la Provincia Argentina, lo que significa que también dirig a los novicios en sus Ejercicios Espirituales. Tiene, por tanto, una profunda familiaridad con la espiritualidad ignaciana.