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sábado, 4 de febrero de 2023

Tierra Ignaciana


La Diputación de Guipúzcoa y Turismo del Urola han publicado el video TIERRA IGNACIANA 360º como guía interactiva del Santuario de Loyola, las villas de Azpeitia y Azcoitia, y otros lugares de interés. se puede acceder desde el siguiente enlace:  https://www.tierraignaciana360.com/
Es un buen recorrido virtual por estos lugares ignacianos.


viernes, 16 de febrero de 2018

SAN ESTANISLAO KOSTKA A LA LUZ DE LOS DOCUMENTOS DEL ARCHIVO ROMANO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

Firma de San Estanislao en su ingreso en el Noviciado.


San Pedro Canisio manda a Roma a San Estanislao de Kostka
con una carta de recomendación dirigida al Padre General,
San Francisco de Borja,
en la que encontramos las palabras
nos de illo praeclara speramus
(“de él nos esperamos grandes cosas”),
que llegaron a ser famosas y citadas a menudo
en las narraciones sobre Kostka.

La vida de San Estanislao Kostka (1550 -1568), es suficientemente conocida y, ciertamente, no falta literatura en varias lenguas para quien quiera familiarizarse con la historia del joven santo. Por eso, tal vez no sea necesario recordarla de nuevo con ocasión del presente 450º aniversario de su muerte, aunque es verdad que, actualmente, este santo es recordado un poco menos que en el pasado. Este artículo quiere ofrecer una modesta contribución al conocimiento de San Estanislao, mediante la presentación de algunos documentos referidos al santo y pertenecientes al Archivo Romano de la Compañía de Jesús. Algunos de estos documentos son conocidos y hasta han sido publicados; otros han vivido las vicisitudes que confirman el dicho latino Habent sua fata libelli, (los libros tienen su destino), y casi todos se refieren a la entrada del joven Kostka en el noviciado.

Nacido en el 1550 en la propiedad familiar de los Rostków, al norte de Varsovia, en una importante familia de la nobleza polaca, a la edad de catorce años, Estanislao es mandado a Viena, junto con el hermano mayor Pablo y un preceptor, para estudiar en el colegio de los jesuitas. Así, de 1564 a 1567, permanece en la capital austríaca dedicándose al estudio, avanzando en la vida espiritual y cultivando el deseo, cada vez más fuerte, de entrar en la Compañía.

Puesto que su padre era completamente contrario a ese proyecto, los jesuitas vienenses aconsejaron a Estanislao que buscara más lejos, porque ellos no iban a osar admitirlo en tales circunstancias. Deja Viena en secreto y, en el verano del 1567, llega a Dillingen, en Baviera. Su rocambolesca fuga, incluido el cambio de vestidos para poderse esconder mejor de su hermano que lo seguía para detenerlo, se convertirá luego en uno de los temas predilectos de la hagiografía del santo.

En la ciudad bávara el fugitivo es recibido por San Pedro Canisio, por aquel tiempo Provincial de los jesuitas alemanes. Para ver si su deseo de la vida religiosa era serio, Estanislao es mandado por San Pedro Canisio a hacer los trabajos humildes en el colegio durante algunas semanas. Obviamente esto supuso una fuerte prueba para un joven procedente de una familia noble. El candidato superó la prueba de manera más que satisfactoria, ya que, a finales de septiembre de aquel año, San Pedro Canisio lo envió a Roma con una carta de recomendación dirigida al Padre General San Francisco de Borja, en la que encontramos las palabras nos de illo praeclara speramus (“de él nos esperamos grandes cosas”), que llegaron a ser famosas y, a menudo, citadas en las narraciones sobre Kostka.

sábado, 25 de febrero de 2017

MATTEO RICCI: Un jesuita en la corte de los Ming

He tenido el honor de traducir el libro 



de Michela Fontana

En el s.XVI, el jesuita Matteo Ricci, llegó a la China de los Ming para  reavivar la llama misionera de Francisco de Javier. Ricci comenzó una evangelización muy exitosa basado en el diálogo. Gracias a su gran carisma y dominio del mandarín, consiguió relacionarse con altos funcionarios y científicos, estableciendo un diálogo religioso y científico que acercó distancias entre Oriente y Occidente. Una gran figura de la Compañía de Jesús.
Te invito a leerlo para conocer las vicisitudes de este gigante que logró acercar dos civilizaciones milenarias en su cultura, su ciencia y su religión.
Está publicado en Mensajero, marca editorial del Grupo de Comunicación Loyola.

sábado, 14 de enero de 2017

ANUARIO S.J. 2017 - CARLOS MARÍA MARTINI: LA HERENCIA DE UN ESTILO

Cardenal Carlos María Martini S.J.

El 31 de agosto de 2012 el cardenal Martini
concluyó su intenso camino terrenal.
En junio de 2013 se constituyó una Fundación,
con la implicación de la familia Martini
y de la archidiócesis de Milán.
El 30 de agosto se dio la ocasión de visitar al Papa Francisco
para presentarle la nueva Fundación.


El 31 de agosto de 2012 el Cardenal Martini concluyó su intenso camino terrenal. Una de las voluntades expresadas en su testamento fue dejar en herencia sus escritos a la Provincia de Italia. Recibir semejante patrimonio - lo entendimos  enseguida - no significaba sólo custodiar los muchos libros e intervenciones que el Cardenal había ido produciendo, sino sobre todo promover el espíritu de todo ello.
Antes de nada, he aquí una breve presentación del Cardenal Martini para quién no lo conociera. Nacido en Turín el 15 febrero de 1927 e ingresado en el noviciado en 1944, el padre Carlos María fue profesor y luego Rector del Pontificio Instituto Bíblico hasta 1978, cuando pasa a la dirección de la Pontificia Universidad Gregoriana. Al finales de 1979 fue nombrado por Papa Juan Pablo II Arzobispo de Milán, en dónde, durante veintidós años se dedicó a una intensa actividad pastoral. Las iniciativas de mayor resonancia fueron la Escuela de la Palabra, veladas de formación bíblica de la oración, en las que participaban centenares de jóvenes en Catedral, y la Cátedra de los no creyentes, ciclos de encuentros en los que Martini daba espacio a la voz de no creyentes, con los que entraba después en un serio diálogo.
En el 2002, alcanzado el límite de edad, deja la Diócesis de Milán y se retira durante largos períodos a su amada Jerusalén, donde continúa con los estudios bíblicos sobre los antiguos manuscritos griegos del Nuevo Testamento. En abril de 2008, agravándose el proceso de su enfermedad de Parkinson, se retiró a la comunidad de Gallarate, una de las enfermerías de la Provincia de Italia. Desde 1958 hasta hoy se pueden contar unas quinientas publicaciones con su nombre, traducidas a numerosas lenguas, referentes a la investigación bíblico-exegética y a las intervenciones durante su actividad pastoral (cartas, homilías, discursos), entre las que se encuentran numerosos cursos de Ejercicios Espirituales.
Recibir la herencia del P. Martini ha sido para nosotros un momento de intensa emoción y profunda gratitud por la confianza que este gesto expresa. Buscando el modo más apto de asumir esta gran responsabilidad, en el junio de 2013 constituimos una Fundación (www.fondazionecarlomariamartini.it), con la implicación de la familia Martini y de la archidiócesis de Milán.  El 30 de agosto del año siguiente, en la víspera del primer aniversario de la muerte del Cardenal, tuvimos la ocasión de visitar al Papa Francisco para presentarle la nueva Fundación. Acogiéndonos con su habitual benevolencia, nos indicó con sencillez y precisión las coordenadas en las que desarrollar nuestra tarea: “La memoria de los padres es un acto de justicia. Y Martini ha sido un padre para toda la Iglesia.” El Papa además subrayó la capacidad del Cardenal para asumir posiciones proféticas sin dividir la comunidad, más bien, alimentando la comunión. Bergoglio y Martini se encontraron en 1974, en la 32ª Congregación General, un momento marcado por fuertes tensiones en la Compañía a propósito de la relación entre el servicio de la fe y la promoción de la justicia. Francisco nos recordó cómo el P. Martini había desarrollado un papel determinante al recoger y llevar adelante la novedad presente en el discurso que se estaba elaborando entonces sobre la justicia, mostrando al mismo tiempo su raíz evangélica e interpretando su sentido a la luz de la Palabra de Dios. Así contribuyó de modo determinante a recomponer fracturas que habrían podido llegar a ser explosivas: un difícil equilibrio, buscado por Martini con tenacidad y sabiduría.
La Fundación ha nacido no sólo para mantener la memoria de un ilustre personaje, sino para mantener vivo el espíritu que animó su actividad evangelizadora;  caracterizado por la atención a los interrogantes que atañen a las personas y a la sociedad de hoy, y por el empeño en enseñar la fecundidad y en reavivar el deseo de una profunda escucha de la Palabra de Dios.
El Cardenal Martini visita al P. General Arrupe
Los proyectos de la Fundación se desarrollan sobre tres frentes principales. El primero es el archivo. En él se recogerán los documentos de Martini, incluidos también los pertenecientes al tiempo de su ministerio como arzobispo. Además estarán los materiales realizados sobre de él y que aún siguen produciéndose. Entre éstos señalamos los testimonios, recogidos en forma de vídeo, de ilustres personajes de la cultura y el mundo eclesial, de amigos y colaboradores, ya que deseamos dar a conocer la persona del P. Martini a través del recuerdo viviente de los que han compartido con él aspectos importantes de su existencia. El archivo tendrá su sede en el “Centro San Fedele”, de los jesuitas en Milán, una localización simbólica además de práctica, en el corazón de la ciudad en la que Martini fue arzobispo durante 22 años, y a pocos pasos de la Catedral, dónde él está enterrado. El archivo estará en todo caso disponible de modo digital en el sitio de Internet.

miércoles, 20 de enero de 2016

Anuario S.J. 2016 - LOS BANCOS DE CEREALES... UNA LUCHA SIN FIN

Anuario
El autor habla de la ardua lucha para proteger
la federación de los bancos de cereales,
nacidos entre muchas dificultades y que ahora
corren el riesgo de caer en manos
de hombres sin escrúpulos.

Nuestra región con capital en Mongo, Chad, está situada en el Sahel y por lo tanto padece crisis alimenticias endémicas debidas a la escasez de lluvias, a los ataques de los pájaros granívoros, de los saltamontes y de las cantáridas.
Óptimo terreno, pues, para los usureros, todos ellos magnates locales o grandes ganaderos, que han ido tomando lentamente como rehén a la masa de los campesinos. Para devolver los préstamos recibidos en momentos de sequía, los campesinos tienen que entregar prácticamente la totalidad de sus futuras cosechas. De este modo, ya no cultivan más para sí mismos sino para los usureros. Es sabido, de paso, que explotados y explotadores son musulmanes en un 97 por ciento y no se ve nada extraño que, cada viernes, se encuentren todos ellos para rezar en la misma mezquita. Sólo las comunidades cristianas, en la fiesta de las primeras espigas, intentaron esbozar un gesto para compartir con los menos dichosos.
En la añada agrícola de 1993-94 la Iglesia católica de la región del Guerà tuvo que intervenir contundentemente para afrontar una nueva penuria. No obstante, conscientes de que la distribución de ayuda no habría sido más que un paliativo, se pensó en una solución más radical para pasar de la eterna dependencia de las ayudas externas a una autogestión responsable. Se decidió así no dar nada gratis sino conceder préstamos de mijo, sólo mijo, reembolsables en la cosecha siguiente con un pequeño tipo de interés y así renovar las existencias en las aldeas mismas. El reembolso, en efecto, es en su totalidad para la aldea con la posibilidad de incrementarlo durante los cinco años siguientes. Sólo entonces se retirará la cantidad recibida para fundar un nuevo banco en una aldea vecina. Esto fue una novedad absoluta y la cosa empezó a funcionar aunque con muchas dificultades y no sin la oposición de los “sabios” musulmanes que blandían la prohibición de la ley islámica respecto de los préstamos con interés. ¿Y los usureros, entonces?
Gracias a un fuerte trabajo de sensibilización y a la intervención de las autoridades locales, tanto civiles como religiosas, la máquina se puso por fin en marcha y poco a poco se llegaron a crear bancos en todas las aldeas de la región, agrupadas en federación, y a hacer desaparecer la mayor parte de los usureros. Ahora, los campesinos cultivan tranquilamente sus campos disfrutando la cosecha y recurriendo al banco de cereales en caso de sequía. Ha sido una verdadera revolución cultural y social para toda la región que ha puesto a la Iglesia en la primera fila entre todos los organismos operantes en materia de autosuficiencia alimenticia. Sin entrar en más detalles, vamos a la cuestión que nos interesa ahora.

Anuario S.J. 2016 - DESCENDIMIENTO

Anuario
Ha sido colocado un nuevo retablo
en una  capilla lateral de la Iglesia del Gesù
de Roma, con ocasión del segundo centenario
de la Restauración de la Compañía.
Es obra de Safet Zec, un artista de Bosnia.

Para recordar el segundo centenario de la Restauración de la Compañía de Jesús en la Iglesia universal, que tuvo lugar por obra y gracia de Pío VII, el 7 de agosto de 1814, se ha colocado un retablo sobre el altar de la Capilla de la Pasión en la Iglesia del Gesù de Roma. De este modo, dicha capilla recobra la integridad temática del ciclo pictórico de José Valeriani y Gaspar Celio, menoscabada por la desaparición del retablo original, obra de Escipión Pulzone, robada a principios del 1800 y ahora expuesta en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York.
Para la realización del nuevo retablo se ha recorrido un camino largo y no fácil;  en efecto, se trataba de superar las reservas existentes respecto a la oportunidad de poner una obra de arte contemporánea en un contexto histórico y después localizar a un artista que pudiera y quisiera aceptar el inevitable desafío de la comparación con lo antiguo, y que respondiese a los rigurosos criterios de los departamentos competentes en la obtención de los necesarios permisos.
La larga historia de la Iglesia del Gesù Jesús ha visto una armoniosa estratificación de obras y de estilos diferentes en una secuencia casi incesante, al menos hasta las últimas masivas intervenciones - en gran parte de restauración - de la primera mitad del siglo XIX. Y no sólo. En el magnífico ciclo pictórico de Juan Bautista Gaulli, se realizó un raro acuerdo entre la propiedad y el artista: el complejo y articulado programa iconográfico pensado por los Padres jesuitas fue magníficamente interpretado por Gaulli y de ello nació una obra maestra del barroco, junto con el arte de ilustrar y comunicar la fe católica.
Con la asistencia de la Superintendencia para los Bienes histórico- artísticos y etno-antropológicos de Roma y la Comisión diocesana de arte sacro, se persiguió el intento de revigorizar el diálogo no fácil entre la Iglesia y los artistas.
El desafío fue laborioso, en muchos aspectos arriesgado, pero también estimulante. Un encargo, en efecto, comporta para el artista el trabajo de medirse con un espacio - el definido por las exigencias del propio encargo y, otro menos laborioso, representado por el espacio físico al que está destinada la obra - en el que su creatividad puede sentirse constreñida.
El artista tuvo que interpretar el proyecto propuesto aceptando las muchas ataduras impuestas a una obra destinada a una Iglesia importante como el “Gesù” de Roma. La obra no tenía que responder a un objetivo principalmente conmemorativo, sino más bien expresar el espíritu que anima a la Compañía de Jesús y la voluntad de servicio que ella quiere realizar dondequiera que sea enviada para llevar el Evangelio. Los personajes representados fueron protagonistas en los tiempos difíciles de la Restauración de la orden y, respecto al P. Arrupe, de la renovación postconciliar. Ellos, en la acción de descender de la cruz el cuerpo del Señor, debían recordar la vocación de la Compañía, es decir servir sólo a Dios y la Iglesia bajo el estandarte de la cruz.
Visitando la vasta obra de Safet Zec pareció que él podría ser el intérprete apropiado para la empresa. La sensibilidad de este artista bosnio, hecha más aguda y vibrante por la terrible experiencia del conflicto fratricida que devastó los Balcanes y que le afectó directamente y con dureza, ha ido dando vida a obras de rara intensidad: la íntima participación en el dolor y la compasión traslucida en los abrazos, en los ojos llenos de lágrimas y de dignidad, en la mirada intensa y compartida sobre las pobres cosas de la vida cotidiana, marcadas por el tiempo. El pan partido puesto sobre un mantel blanco, aparece como memoria del calor de un comedor turbado por una tragedia temida y repentina, como invitación y promesa de una comunión reencontrada y de amistad...
Hay en la obra de Zec un silencio ansioso que hincha el alma, una pasión que crece hasta el infinito, pero que no cede a la tentación del grito liberador;  permanece más bien encerrada en el corazón y se transmite a quien acepta posar la mirada sobre un alma, que se trasluce tímida en las imágenes de una tragedia detenida sobre el lienzo o sobre el silencio de viejas fachadas de casas venecianas, magníficas y moribundas, o en bodegones que custodian la nostalgia de una casa abandonada. Una pintura, la de Zec, de alta maestría técnica y material, fuerte y vehemente y, siempre, fuera y por encima de cualquiera retórica.
En la Capilla de la Pasión se veneran los restos de S. José Pignatelli (1737 -1811), que fue un indiscutido protagonista de la Restauración de la Compañía, así como los del Siervo de Dios P. Juan Felipe Roothaan (1785-1853), segundo General de la renacida Compañía de Jesús. En la misma capilla descansa también el P. Pedro Arrupe (1907-1991), que fue Prepósito General y figura decisiva en la puesta al día de la Compañía después del Concilio Vaticano II.

Anuario S.J. 2016 - PRESENTACIÓN

Anuario

            El año 1980 los titulares de todo el mundo hablaron de una crisis de refugiados. El pueblo vietnamita escapaba de su propio país en cualquier artilugio que se mantuviera a flote. Las imágenes de aquel “boat people” quedaron impresas en muchos corazones. También en el del P. Pedro Arrupe, por entonces Superior General de la Compañía de Jesús. Él, en una carta del 14 noviembre 1980, exhortaba a los jesuitas de todo el mundo a responder a la catástrofe con estas palabras: “Esta situación es un desafío a la Compañía que no podemos ignorar si queremos seguir siendo fieles a los criterios fijados por San Ignacio, a nuestro celo apostólico y a la llamada de las recientes Congregaciones Generales 31 y 32”. Y así nació el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS). El JRS se distingue de cualquier otra agencia de ayuda a refugiados por su lema: acompañar, servir y defender. Sobre esta base se ha intentado dar respuesta a otras crisis de refugiados en el mundo.
Muy significativa es la declaración que hicieron los directores del JRS en Chiang Mai (Tailandia) en 1985. “Mientras estamos siempre listos” -  leemos allí - “a ayudar a los refugiados en sus necesidades materiales y espirituales y también en preparar proyectos para una vida mejor y más independiente, buscamos sin embargo poner una particular atención en el estar con antes que en el hacer por. Queremos que nuestra presencia entre los refugiados sea un compartir, un acompañamiento, un caminar juntos en la misma senda.”
Con ocasión de los 30 años de vida del JRS, el Padre General Adolfo Nicolás ha reiterado su necesidad e importancia, subrayando en particular el valor de la hospitalidad. “La hospitalidad es un valor profundamente humano y cristiano que reconoce el clamor del otro, no porque él o ella sea un miembro de mi familia, de mi comunidad, de mi raza o de mi fe, sino simplemente porque él o ella es un ser humano que merece ser bienvenido y respetado. Es la virtud del buen samaritano, que vio en el hombre del camino, no al miembro de otra raza sino al hermano necesitado… El JRS, sirviendo a los refugiados, es la hospitalidad del Evangelio en acción” (14 noviembre 2010).
Desde que el Padre Arrupe llamó la atención de la Compañía de Jesús, el problema de los refugiados, el fenómeno de las migraciones forzadas, ha aumentado dramáticamente y se ha extendido a otras partes del planeta. Si ayer eran los frágiles barcos en el Mar de China los que llamaban la atención del mundo, hoy son las balsas o las pateras, tan frágiles, que atraviesan el Mediterráneo y que a menudo acaban en el fondo del mar con su carga humana. Y también lo son las matanzas perpetradas por grupos extremistas que provocan nuevas oleadas de refugiados.
El Anuario de este año ha querido dedicar una parte muy amplia al mundo de los refugiados, de los desplazados y de todos los que tienen que abandonar forzadamente su país a causa de la guerra, del hambre, de la persecución. Y el JRS tiene naturalmente una parte muy importante en la asistencia a estas personas que lo han perdido todo, a veces también la dignidad humana. Hoy el JRS trabaja en más que 50 países.
Pero con el JRS también hay otras realidades y organismos, siempre bajo la égida de los jesuitas, que se ocupan de los mismos problemas. En el anuario se hace referencia a algunos, como por ejemplo la Red Jesuita con Migrantes, que se ha convertido en una organización interprovincial e intersectorial extendida por 18 países de América Latina y del Caribe. Y también el Servicio Jesuita a Migrantes de España, que es de notable relevancia por su atención a los inmigrantes y por su reflexión sobre las migraciones y la sociedad.
El servicio de la Compañía a los refugiados y desplazados ha hecho, pues, un largo camino en los últimos treinta y cinco años y podemos decir con el P. Nicolás que “queríamos ser de ayuda, pero al final nos dimos cuenta de que aquellos a los que servimos nos han enseñado mucho más, transformándonos profundamente.”
El resto del Anuario es una mirada al mundo de los jesuitas y su obra en los diversos continentes. Después de una mirada a algunos aniversarios, se examinan una serie de actividades en el campo de la espiritualidad, de la educación y del compromiso social. Sólo son unos ejemplos que muestran lo diversificada que está la actividad apostólica de la Compañía de Jesús, en el intento de llegar a todos, para llevarles la buena noticia del Evangelio y dar sobre todo una señal de esperanza a los más pobres y olvidados.
Giuseppe Bellucci, S.J.
Traducción de Juan Ignacio García Velasco, S.J.

domingo, 18 de enero de 2015

Anuario S.J. 2015 - CLAUDIO ACQUAVIVA

Claudio Acquaviva (1543 - 1615)

Según muchos historiadores contemporáneos
Claudio Acquaviva (1543 -1615),
quinto superior general de la Compañía de Jesús,
es considerado el segundo legislador de la Orden
después del fundador Ignacio de Loyola.

“Entre las cualidades con las que estaba dotado dominó su apego muy profundo a las cosas de Dios, una cierta dulzura y suavidad en la piedad, de la que no se desmintió nunca, a la que ningún gravamen de ocupaciones ahogó, ni vicisitud alguna de acontecimientos turbó.” Éste es el retrato que el jesuita y estrecho colaborador, Bernardo de Angelis, hizo del prepósito general de la Compañía de Jesús, Claudio Acquaviva (1543 -1615).

A cuatrocientos años de la muerte del quinto General de la Compañía de Jesús, que se cumplen el 31 enero del 2015, queda ciertamente viva y todavía actual hoy su huella en la historia de la Orden, así como la marca que su largo generalato (un récord imbatido de 34 años: de 1581 a 1615) supo dar a la Compañía de Jesús, según la mayoría de los historiadores, en las orientaciones, sobre todo reglas y disciplina interior, hasta su supresión en 1773.

Un hombre atento más a lo esencial que a la fascinación de la apariencia, enamorado de los Padres de la Iglesia, asiduo lector de la Sagrada Escritura y de oración constante: éste es el Acquaviva íntimo y profundo conocedor de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que nos narra,  en una descripción casi hagiográfica, su primer biógrafo, el jesuita Francisco Sacchini.

Pero más allá de la persona particular, del jesuita austero y ascético, hoy todavía son muchos los interrogantes, las cuestiones abiertas sobre su largo gobierno como general de la Compañía, sobre la huella misionera que supo imprimir a la Orden, sobre cómo logró salvar y defender la identidad ignaciana frente a las presiones de las cortes europeas, de Felipe II de España, del Papado, de la Inquisición, de las injerencias de las otras Órdenes (en particular los dominicos) en la disciplina interna de los jesuitas.

Por todo esto quizá no sea casualidad que la mayoría de los historiadores contemporáneos, incluido Mario Fois, considere a Claudio Acquaviva el auténtico “segundo legislador” de la Compañía de Jesús, después de su fundador Ignacio de Loyola.

Perteneciente a una familia de la nobleza meridional, nació en Atri el 14 septiembre de 1543;  en 1567 decidió entrar en la Compañía de Jesús, en la cual hará una rápida carrera. En 1576 es elegido provincial de Nápoles y en 1579 es llamado a dirigir la Provincia romana de la Compañía de Jesús. Será el Papa Gregorio XIII quien, obstaculizando la elección de un General español, favorecerá su ascenso a Prepósito General de la Compañía. Acquaviva es elegido por los miembros de la Congregación General IV de 1581, a la muerte del prepósito general anterior, el belga Everardo Mercuriano. Salió elegido al primer escrutinio con 32 votos sobre 57. La falta de unanimidad en la votación, por ser italiano, hacía presagiar ya las dificultades de gobierno que caracterizarían su largo generalato.  Se encontró, en efecto, con tener que regir a la Compañía en un momento de extrema tensión interior; los años de su gobierno vieron sobre todo la multiplicación de impulsos autonomistas (sobre todo en la catolicísima España), de las diversas Provincias que soñaban con poder  desengancharse del gobierno central de la curia de los jesuitas de Roma y poder elegir un día, como nos dice el anónimo autor de la Vida de Pedro de Ribadeneira, un “generalillo propio”.

Anuario S.J. 2015 - SAN PEDRO FABRO



San Pedro Fabro


Maestro de espiritualidad y de vida para el Papa Francisco,
este jesuita originario de Saboya (Francia)
ha sido declarado santo en diciembre de 2013.
Fue uno de los primeros compañeros de S. Ignacio,
hombre de profunda espiritualidad,
precursor del diálogo interreligioso,
misionero itinerante por Europa.

En el grupo de estudiantes de teología que dio origen a la Compañía de Jesús, en París, Pedro Fabro, nacido en la aldea de Villaret, en Saboya (Francia), fue intelectualmente el más brillante, además del más humilde y el más disponible para servir los demás, tal como han transmitido los historiadores jesuitas. Hijo de pastores, desde pequeño deseó estudiar. Un tío cura reconoció sus capacidades y lo puso en condiciones de realizar su objetivo. Llegado a la Sorbona, se encontró compartiendo la habitación con Ignacio de Loyola y Francisco Javier. Con el primero se creó enseguida un profundo entendimiento:  Pedro lo ayudaba en los estudios e Ignacio, por su parte, lo ayudaba a superar los escrúpulos que le bloqueaban en la vida espiritual, haciendo sentirse indigno de llegar a ser sacerdote. Ignacio lo hubiera querido como superior de la primera comunidad de jesuitas en Roma pero la Providencia decidió de otro modo.

Fabro fue el primero de la Compañía que entró en Alemania, donde participó en la dieta de Worms, en el séquito de Pedro de Ortiz, representante del emperador Carlos V. Estuvo luego en los Países Bajos, en España y en Parma, allí donde fuera necesaria una figura de profunda cultura y equilibrio espiritual para encontrar soluciones a las tensiones intra-eclesiales y no sólo a éstas. Pedro Canisio, el apóstol de la Contrarreforma en Alemania, ingresó en la Compañía después de haber hecho los ejercicios espirituales ignacianos bajo la guía de Fabro. También fue decisivo en la vocación de San Francisco de Borja. Murió en Roma con sólo 40 años, el 1 agosto del 1546, pocas semanas antes de partir para el Concilio de Trento.

El 17 de diciembre de 2013, con una bula pontificia, el Papa Francisco ha proclamado Santo al jesuita “reformado” Pedro Fabro, extendiendo su culto a la Iglesia universal. La regla adoptada para el beato Fabro es la de la canonización así llamada “equipolente”, práctica utilizada respecto a figuras de particular relevancia eclesial, de quienes se atestigua un culto litúrgico antiguo, extendido y con incesante fama de santidad y prodigios. Esta práctica se ha efectuado regularmente en la Iglesia, aunque no con frecuencia, a partir del Papa Benedicto XIV (1675 -1758). En la historia reciente Juan Pablo II realizó tres de ellas; Benedicto XVI, una,  que ha sido la última antes de Fabro,  la de Angela de Foligno,  firmada el 9 de octubre de 2013 por el mismo Papa Francisco. Pero la canonización del beato saboyano Pedro Fabro reviste un sentido muy particular  porque él es un modelo de espiritualidad y vida sacerdotal para el actual sucesor de Pedro y al mismo tiempo una de las referencias importantes para comprender su estilo de gobierno.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Cardenal Tarancón: 20 años

Hace 20 años que murió el Cardenal Vicente E. Tarancón. Señero hombre de Iglesia en el post concilio y servidor de la convivencia en España en los tiempos de la Transición.

La homilía en la Misa de Coronación del Rey Juan Carlos I es una pieza excelente de proclamación de fe en Dios y de convivencia humana. Valores que, a casi 40 años vista, parecen estar bastante ausentes en nuestra sociedad.


CARDENAL TARANCÓN
HOMILIA EN LA CORONACION DEL REY
(Pronunciada en la Iglesia Parroquial de San Jerónimo el Real
la mañana del 27 de noviembre de 1975)

Majestades.
Excelentísimos señores de las Misiones Extraordinarias.
Excelentísimo señor Presidente del Gobierno.
Excelentísimo señor Presidente de las Cortes y del Consejo del Reino.
Excelentísimos señores.
Hermanos:

Habéis querido, Majestad, que invoquemos con Vos al Espíritu Santo en el momento en que accedéis al Trono de España. Vuestro deseo corresponde a una antigua y amplia tradición: la que a lo largo de la historia busca la luz y el apoyo del Espíritu de sabiduría en la coronación de los Papas y de los Reyes, en la convocación de los Cónclaves y de los Concilios, en el comienzo de las actividades culturales de Universidades y Academias, en la deliberación de los Consejos.
Y no se trata, evidentemente, de ceder al peso de una costumbre: En Vuestro gesto hay un reconocimiento público de que nos hace falta la luz y la ayuda de Dios en esta hora. Los creyentes sabemos que, aunque Dios ha dejado el mundo a nuestra propia responsabilidad y a merced de nuestro esfuerzo y nuestro ingenio, necesitamos de Él, para acertar en nuestra tarea; sabemos que aunque es el hombre el protagonista de su historia, difícilmente podrá construirla según los planes de Dios, que no son otros que el bien de los hombres, si el Espíritu no nos ilumina y fortalece. Él es la luz, la fuerza, el guía que orienta toda la vida humana, incluida la actividad temporal y política.
Esta petición de ayuda a Dios subraya, además, la excepcional importancia de la hora que vivimos y también su extraordinaria dificultad. Tomáis las riendas del Estado en una hora de tránsito, después de muchos años en que una figura excepcional, ya histórica, asumió el poder de forma y en circunstancias extraordinarias. España, con la participación de todos y bajo Vuestro cuidado, avanza en su camino y será necesaria la colaboración de todos, la prudencia de todos, el talento y la decisión de todos para que sea el camino de la paz, del progreso, de la libertad y del respeto mutuo que todos deseamos. Sobre nuestro esfuerzo descenderá la bendición de quien es el «dador de todo bien». Él no hará imposibles nuestros errores, porque humano es errar; ni suplirá nuestra desidia o nuestra inhibición, pero sí nos ayudará a corregirlos, completará nuestra sinceridad con su luz y fortalecerá nuestro empeño.
Por eso hemos acogido con emocionada complacencia este Vuestro deseo de orar junto a Vos en esta hora. La Iglesia se siente comprometida con la Patria. Los miembros de la Iglesia de España son también miembros de la comunidad nacional y sienten muy viva su responsabilidad como tales. Saben que su tarea de trabajar como españoles y de orar como cristianos son dos tareas distintas, pero en nada contrapuestas y en mucho coincidentes. La Iglesia, que comprende, valora y aprecia la enorme carga que en este momento echáis sobre Vuestros hombros, y que agradece la generosidad con que os entregáis al servicio de la comunidad nacional, no puede, no podría en modo alguno regatearos su estima y su oración.

jueves, 20 de marzo de 2014

Los jesuitas en la Rusia Blanca (s. XVIII)


Pocos meses antes de que Clemente XIV firmara el breve de supresión de la Compañía de Jesús (verano de 1773) parte de los territorios pertenecientes a la Unión Lituano-Polaca había quedado anexionada al Imperio Ruso. Varias casas de las dos provincias que constituían la Asistencia polaca, con doscientos jesuitas, siguieron funcionando aun después de 1773. La razón fue que la Emperatriz Catalina II nunca accedió a la proclamar el documento, a pesar, incluso, de la petición que le dirigieron los mismos jesuitas, que deseaban respetar  la voluntad del Papa y que la supresión se hiciera efectiva. Por el contrario, ante la firme decisión de la emperatriz rusa, tuvieron que continuar la actividad en sus iglesias y colegios. Leer más.

viernes, 10 de enero de 2014

Anuario S.J. 2014 - LA COMPAÑÍA DE JESÚS ENTRE LA CONTINUIDAD Y LA DISCONTINUIDAD


Clemente XIII
  
"Que sean como son o que no sean",
respondió Clemente XIII a la propuesta
de cambiar las Constituciones de la Compañía
de Jesús para evitar su supresión.
Este artículo analiza el problema
del período de la supresión
de los jesuitas hasta su restauración.
 
Aut sint ut sunt, aut non sint, (que sean como son o que no sean) habría contestado Clemente XIII al P. General Lorenzo Ricci cuando este último le propuso aceptar un cambio en las Constituciones de la Compañía de Jesús para salvar la Orden, amenazada de expulsión de Francia (podría salvarse en este país creando una estructura de hecho completamente independiente del resto de la orden): los jesuitas debían permanecer como eran, de otro modo su misma existencia no tendría sentido.
 
La misma pregunta sobre la identidad se ha hecho presente más veces en la agitada historia de la Compañía, a menudo en circunstancias difíciles de tensión o conflicto fuera o dentro del orden: desde las discusiones, a caballo entre los siglos XVI y XVII, cuando se cuestionaba cómo avanzar en la búsqueda de consolidación de sus estructuras en fidelidad al carisma original, hasta la propuesta de idénticas preguntas en el contexto de la renovación postconciliar de las últimas décadas, que ha visto muchos cambios como consecuencia de las Congregaciones Generales, sobre todo de la 31 y la 32. Sint ut sunt, han repetido muchas veces también los últimos sucesores de Clemente XIII, pero la tensión entre la exigencia de la fidelidad al propio Instituto, por un lado, y la búsqueda del modo de vivirla en las circunstancias cambiantes, por otro, parece inevitable y como permanentemente inscrita en la suerte de los jesuitas. 

Anuario S.J 2014. - LA LABOR DE LOS JESUITAS EN EL IMPERIO RUSO (1772-1820)

Zar Pablo I
Los jesuitas en 1772 se encontraban
bajo el gobierno de la Rusia ortodoxa, después de la supresión de la Compañía de Jesús decidieron mantener la existencia de la Orden y la continuidad de la actividad que ya desempeñaban en aquellos territorios.

Los jesuitas que, en 1772 se encontraban bajo el gobierno de la Rusia ortodoxa, después de la supresión de la Compañía de Jesús al año siguiente, decidieron, ante la imposibilidad de seguir la voluntad del Papa Clemente XIV, mantener la existencia de la Orden y continuar con las actividades que desempeñaban en aquellos territorios antes de la división de Polonia. Querían asegurar la atención intelectual y pastoral de los católicos (polacos, lituanos, letones, estonios, y los nativos de la Rusia Blanca), que con el primer reparto del reino polaco habían pasado al imperio de los zares. Esta fue también la razón principal para no dispersarse espontáneamente después de la supresión papal de la Órden.

En los territorios anexionados por Rusia en 1772, la Compañía de Jesús tenía cuatro colegios de secundaria (Polock, Orsza, Witebsk, Dyneburg), dos residencias (Mohylew, Mścisław) con enseñanza media, tres casas de misión y nueve estaciones misioneras. Durante los primeros diez años, hasta que se aclaró y definió la situación de los jesuitas en el Imperio Ruso, el objetivo de su trabajo era simplemente mantener las obras dirigidas por ellos antes de 1772-1773. Su apostolado se llevó a cabo en dos direcciones: la actividad educativa y el trabajo pastoral.

En el segundo período, que va desde 1782 hasta 1820, la Compañía en el Inperio Ruso desarrolló su presencia y su trabajo en la propia Rusia Blanca y extendió su actividad fuera de esta provincia imperial, e incluso más allá de las fronteras del Estado zarista. En 1782 los jesuitas, reunidos en la Primera Congregación de Polock, decidieron mantener la vida religiosa y la estructura tradicional de la Orden y tomaron medidas para consolidarla. Desde entonces, la Orden, constituida como "Compañía de Jesús en la Rusia Blanca", se presentaba en su forma habitual  de Provincia (bajo la jurisdicción del Provincial) y de gobierno central de la Orden (encabezada por el Vicario General y, desde 1801 en adelante, por el General). Hasta que, en 1801, la aprobación papal no sancionó oficialmente la legitimidad de la existencia de la Compañía de Jesús en el Imperio Ruso, los jesuitas se vieron obligados a defender su identidad y su autonomía respecto del obispo local, que trataba de someterla a su autoridad. Defendió su autonomía también ante el gobierno que, presentando un nuevo sistema escolar en el Imperio, quería forzarla a renunciar a la jesuítica Ratio Studiorum.

Anuario S.J. 2014 - LA RESTAURACIÓN Y EL COMIENZO DE LA NUEVA COMPAÑÍA


 La restauración de la Compañía es un tema mucho menos estudiado que la supresión. Es un tema difícil, no sólo por su complejidad, sino también por su carácter polémico.

   “Habiendo implorado el auxilio divino con fervorosas oraciones y atendido el parecer de muchos Venerables Hermanos Nuestros, Cardenales de la Santa Romana Iglesia […] hemos decidido ordenar y establecer con plena potestad Apostólica […] que todas las concesiones y las facultades conferidas por Nosotros sólo para el Imperio Ruso y el Reino de las Dos Sicilias, se entiendan ahora […] extendidas […] a todo Nuestro Estado Eclesiástico y a todos los demás Estados…”.

El 7 de agosto de 1814 Pio VII decretaba mediante la bula Sollicitudo omnium ecclesiarum la reconstitución universal la Compañía de Jesús. La Orden había sido suprimida canónicamente en 1773. Era una decisión histórica en la medida que se abrogaba una decisión pontificia y significaba a su vez el inicio de una nueva etapa de la historia de la Compañía que iba a estar marcada por el resurgimiento de la propia tradición y por un extraordinario vigor apostólico.

La restauración es un tema mucho menos estudiado que la supresión. Es un tema complejo que además tiene un carácter polémico, debido al influjo que ejerce cierto estereotipo del jesuita de esta época en la comprensión de la historia del siglo XIX. En esta perspectiva, la Compañía habría sido ante todo el baluarte del conservadurismo más recalcitrante. Como todo cliché, éste también genera unos prejuicios que empañan la comprensión histórica.

La restauración de la Compañía plantea ciertas cuestiones sobre las que la historiografía todavía no ha dicho la última palabra: ¿Cuáles son sus límites cronológicos? ¿Se da una continuidad en la Compañía antes y después de la supresión? ¿Hasta qué punto es justo aplicar a la Compañía restaurada el adjetivo de “conservadora”?

200 AÑOS DE LA RESTAURACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

1814-2014

El 7 de agosto de 2014 se cumplirán 200 años de la Restauración de la Compañía de Jesús. La historia es la siguiente:

Durante la segunda mitad del siglo XVIII los jesuitas de varios países europeos son acosados en su vida y trabajo, hasta el punto de ser expulsados de sus tierras. Entre otros sitios, de Portugal en 1759, de Francia en 1764 y de España en 1767. De nuestro país y sus colonias son en total unos 5.000.
¿Motivos? Aunque no se aducen causas formales, en España el rey Carlos III justifica esta medida para tener paz en sus territorios. Se les critica y acusa de obedecer a una autoridad extranjera -Roma-.

O de defender ciertas doctrinas morales y pastorales que afectan al comportamiento de los ciudadanos y a la política, de instigar al pueblo contra los reyes, de oponerse al Tratado de Límites, de fundar estados independientes en América -como las Reducciones del Paraguay-, de enriquecerse con el comercio de las Indias o de ostentar demasiado poder y prepotencia gracias a sus colegios y otros medios de influencia social y política. Pero, aun así, ellos no llegan a prever las consecuencias de estas amenazas que estaban en el ambiente antes de ser desterrados.

El caso es que, al ser suprimidos en España, y expulsados de ella, pierden todos sus bienes.

Cada uno pasa a recibir una mínima pensión del Estado. Desde varios puertos de España y de América, embarcan hacia el Mediterráneo en las que serán durante un año y medio sus "residencias flotantes"..., porque, con frecuencia, a sus naves se les impedía tomar tierra, dados los conflictos políticos entre los países e incluso con el mismo papado y los Estados Pontificios. No todos los jesuitas sobreviven a la travesía. Uno de los más activos será considerado santo más tarde por la Iglesia: José Pignatelli (Zaragoza, 1737 - Roma, 1811). Fue un gran consuelo y ayuda para los demás, asumiendo muchas responsabilidades y decisiones del viaje, exilio, supervivencia y preparación de la restauración definitiva. Apoyó en lo que pudo el estudio, la formación y la dedicación a la investigación y a la cultura de sus compañeros.

Más duro todavía para la Compañía de Jesús fue ser suprimida en 1773 por el papa Clemente XIV, cediendo a las presiones de las potencias católicas y de algunos obispos. Hasta ese año, en el mundo había unos 23,000 jesuitas, dirigiendo unos 700 colegios. Pero la Compañía no desapareció del todo. En una parte de la Europa oriental, paradójicamente, dos gobernantes no católicos, Federico II de Prusia y la zarina Catalina II de Rusia, se negaron a prescindir de la formación que los jesuitas impartían en sus tierras. Pudieron seguir trabajando durante varios años con total libertad. Incluso otros jesuitas llegan hasta allá desde lugares donde habían sido suprimidos. En 1800 eran 214.

Pasarán más de 40 años hasta que el papa Pío VII restaure la Compañía el 7 de agosto de 1814. Entonces quedaban 150 jesuitas en Roma y unos 600 en el resto del mundo. Este acontecimiento supone su vuelta, reaparición, resurgimiento, renacimiento, resurrección... En 1820 ya serán unos 1.300 jesuitas en todo el mundo (de ellos, unos 480 estudiantes), y 400 en España.

En nuestro país, muchas ciudades reclaman su vuelta, deseosas de que contribuyan, por ejemplo, a mejorar la enseñanza. Lo harán definitivamente 120 jesuitas a partir del 29 de mayo de 1815 con el rey Fernando VII, quien critica entonces las "calumnias, ridiculeces y chismes para desacreditar a la Compañía de Jesús, disolverla y perseguir a sus inocentes individuos".

HOY, 200 AÑOS DESPUÉS los jesuitas deseamos “aprender de las luces y sombras de nuestro pasado con el fin de percibir con mayor claridad y entregarnos con más generosidad a lo que el Señor pide de nosotros en el momento presente” (Adolfo Nicolás, Superior General de la Compañía de Jesús). En todo el mundo este resurgimiento se recuerda con el lema Ite inflamate omnia, que apunta a llevar la luz de Cristo a todos los sitios y personas. 

Así lo explicaban los jesuitas en 2008 : "Cuentan las crónicas que, cuando San Ignacio envió a San Francisco Javier al Oriente, le dijo:

“Id, inflamad todas las cosas”

Con el nacimiento de la Compañía de Jesús, un fuego nuevo se encendió en un mundo en transformación. Se inició una forma novedosa de vida religiosa, no por industria humana sino como una iniciativa divina. El fuego que entonces se prendió continúa ardiendo hoy en nuestra vida de jesuitas, ‘un fuego que enciende otros fuegos’, como se dice sobre San Alberto Hurtado. Con ese fuego, somos llamados a inflamar todas las cosas con el amor de Dios (cf. Lc 12,49)" (Congregación General 35, decreto 2, n° 25).

En español añadimos: "Contagiad la vida", esto es, comunicad y transmitid la vida recibida para que ella engendre más vida a su alrededor. Así, los más de 1.200 jesuitas en España en 2014 se organizan de nuevo, simplificando sus estructuras, seleccionando sus lugares de presencia, trabajando unidos a otras personas en los terrenos donde esa luz y amor de Dios se desea que llegue. Y que de este modo alcance y permanezca con los hombres y mujeres que más lo necesiten.