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sábado, 4 de febrero de 2023
Tierra Ignaciana
La Diputación de Guipúzcoa y Turismo del Urola han publicado el video TIERRA IGNACIANA 360º como guía interactiva del Santuario de Loyola, las villas de Azpeitia y Azcoitia, y otros lugares de interés. se puede acceder desde el siguiente enlace: https://www.tierraignaciana360.com/
viernes, 16 de febrero de 2018
SAN ESTANISLAO KOSTKA A LA LUZ DE LOS DOCUMENTOS DEL ARCHIVO ROMANO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
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| Firma de San Estanislao en su ingreso en el Noviciado. |
San Pedro Canisio manda a Roma a San
Estanislao de Kostka
con una carta de recomendación dirigida
al Padre General,
San Francisco de Borja,
en la que encontramos las palabras
nos
de illo praeclara speramus
(“de él nos esperamos grandes cosas”),
que llegaron a ser famosas y citadas a
menudo
en las narraciones sobre Kostka.
La
vida de San Estanislao Kostka (1550 -1568), es suficientemente conocida y,
ciertamente, no falta literatura en varias lenguas para quien quiera familiarizarse
con la historia del joven santo. Por eso, tal vez no sea necesario recordarla
de nuevo con ocasión del presente 450º aniversario de su muerte, aunque es
verdad que, actualmente, este santo es recordado un poco menos que en el
pasado. Este artículo quiere ofrecer una modesta contribución al conocimiento
de San Estanislao, mediante la presentación de algunos documentos referidos al
santo y pertenecientes al Archivo Romano de la Compañía de Jesús. Algunos de
estos documentos son conocidos y hasta han sido publicados; otros han vivido las
vicisitudes que confirman el dicho latino Habent
sua fata libelli, (los libros tienen su destino), y casi todos se refieren
a la entrada del joven Kostka en el noviciado.
Nacido
en el 1550 en la propiedad familiar de los Rostków, al norte de Varsovia, en
una importante familia de la nobleza polaca, a la edad de catorce años,
Estanislao es mandado a Viena, junto con el hermano mayor Pablo y un preceptor,
para estudiar en el colegio de los jesuitas. Así, de 1564 a 1567, permanece en
la capital austríaca dedicándose al estudio, avanzando en la vida espiritual y
cultivando el deseo, cada vez más fuerte, de entrar en la Compañía.
Puesto
que su padre era completamente contrario a ese proyecto, los jesuitas vienenses
aconsejaron a Estanislao que buscara más lejos, porque ellos no iban a osar admitirlo
en tales circunstancias. Deja Viena en secreto y, en el verano del 1567, llega a
Dillingen, en Baviera. Su rocambolesca fuga, incluido el cambio de vestidos
para poderse esconder mejor de su hermano que lo seguía para detenerlo, se
convertirá luego en uno de los temas predilectos de la hagiografía del santo.
En
la ciudad bávara el fugitivo es recibido por San Pedro Canisio, por aquel
tiempo Provincial de los jesuitas alemanes. Para ver si su deseo de la vida
religiosa era serio, Estanislao es mandado por San Pedro Canisio a hacer los
trabajos humildes en el colegio durante algunas semanas. Obviamente esto supuso
una fuerte prueba para un joven procedente de una familia noble. El candidato
superó la prueba de manera más que satisfactoria, ya que, a finales de
septiembre de aquel año, San Pedro Canisio lo envió a Roma con una carta de
recomendación dirigida al Padre General San Francisco de Borja, en la que
encontramos las palabras nos de illo
praeclara speramus (“de él nos esperamos grandes cosas”), que llegaron a
ser famosas y, a menudo, citadas en las narraciones sobre Kostka.
sábado, 25 de febrero de 2017
MATTEO RICCI: Un jesuita en la corte de los Ming
He tenido el honor de traducir el libro
de Michela Fontana
En el s.XVI, el jesuita Matteo Ricci, llegó a la China de los Ming para reavivar la llama misionera de Francisco de Javier. Ricci comenzó una evangelización muy exitosa basado en el diálogo. Gracias a su gran carisma y dominio del mandarín, consiguió relacionarse con altos funcionarios y científicos, estableciendo un diálogo religioso y científico que acercó distancias entre Oriente y Occidente. Una gran figura de la Compañía de Jesús.
Te invito a leerlo para conocer las vicisitudes de este gigante que logró acercar dos civilizaciones milenarias en su cultura, su ciencia y su religión.
Está publicado en Mensajero, marca editorial del Grupo de Comunicación Loyola.
sábado, 14 de enero de 2017
ANUARIO S.J. 2017 - CARLOS MARÍA MARTINI: LA HERENCIA DE UN ESTILO
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| Cardenal Carlos María Martini S.J. |
El 31 de
agosto de 2012 el cardenal Martini
concluyó su
intenso camino terrenal.
En junio de
2013 se constituyó una Fundación,
con la
implicación de la familia Martini
y de la
archidiócesis de Milán.
El 30 de
agosto se dio la ocasión de visitar al Papa Francisco
para
presentarle la nueva Fundación.
El 31 de agosto de 2012 el Cardenal Martini
concluyó su intenso camino terrenal. Una de las voluntades expresadas en su
testamento fue dejar en herencia sus escritos a la Provincia de Italia. Recibir
semejante patrimonio - lo entendimos enseguida - no significaba sólo custodiar los
muchos libros e intervenciones que el Cardenal había ido produciendo, sino sobre
todo promover el espíritu de todo ello.
Antes de nada, he aquí una breve presentación del
Cardenal Martini para quién no lo conociera. Nacido en Turín el 15 febrero de 1927
e ingresado en el noviciado en 1944, el padre Carlos María fue profesor y luego
Rector del Pontificio Instituto Bíblico hasta 1978, cuando pasa a la dirección de
la Pontificia Universidad Gregoriana. Al finales de 1979 fue nombrado por Papa Juan
Pablo II Arzobispo de Milán, en dónde, durante veintidós años se dedicó a una
intensa actividad pastoral. Las iniciativas de mayor resonancia fueron la Escuela de la Palabra, veladas de
formación bíblica de la oración, en las que participaban centenares de jóvenes
en Catedral, y la Cátedra de los no
creyentes, ciclos de encuentros en los que Martini daba espacio a la voz de
no creyentes, con los que entraba después en un serio diálogo.
En el 2002, alcanzado el límite de edad, deja la
Diócesis de Milán y se retira durante largos períodos a su amada Jerusalén,
donde continúa con los estudios bíblicos sobre los antiguos manuscritos griegos
del Nuevo Testamento. En abril de 2008, agravándose el proceso de su enfermedad
de Parkinson, se retiró a la comunidad de Gallarate, una de las enfermerías de
la Provincia de Italia. Desde 1958 hasta hoy se pueden contar unas quinientas
publicaciones con su nombre, traducidas a numerosas lenguas, referentes a la
investigación bíblico-exegética y a las intervenciones durante su actividad
pastoral (cartas, homilías, discursos), entre las que se encuentran numerosos
cursos de Ejercicios Espirituales.
Recibir la herencia del P. Martini ha sido para nosotros
un momento de intensa emoción y profunda gratitud por la confianza que este
gesto expresa. Buscando el modo más apto de asumir esta gran responsabilidad,
en el junio de 2013 constituimos una Fundación
(www.fondazionecarlomariamartini.it), con la implicación de la familia Martini y
de la archidiócesis de Milán. El 30 de
agosto del año siguiente, en la víspera del primer aniversario de la muerte del
Cardenal, tuvimos la ocasión de visitar al Papa Francisco para presentarle la
nueva Fundación. Acogiéndonos con su habitual benevolencia, nos indicó con
sencillez y precisión las coordenadas en las que desarrollar nuestra tarea: “La
memoria de los padres es un acto de justicia. Y Martini ha sido un padre para toda
la Iglesia.” El Papa además subrayó la capacidad del Cardenal para asumir
posiciones proféticas sin dividir la comunidad, más bien, alimentando la
comunión. Bergoglio y Martini se encontraron en 1974, en la 32ª Congregación
General, un momento marcado por fuertes tensiones en la Compañía a propósito de
la relación entre el servicio de la fe y la promoción de la justicia. Francisco
nos recordó cómo el P. Martini había desarrollado un papel determinante al recoger
y llevar adelante la novedad presente en el discurso que se estaba elaborando
entonces sobre la justicia, mostrando al mismo tiempo su raíz evangélica e
interpretando su sentido a la luz de la Palabra de Dios. Así contribuyó de modo
determinante a recomponer fracturas que habrían podido llegar a ser explosivas:
un difícil equilibrio, buscado por Martini con tenacidad y sabiduría.
La Fundación ha nacido no sólo para mantener la
memoria de un ilustre personaje, sino para mantener vivo el espíritu que animó su
actividad evangelizadora; caracterizado
por la atención a los interrogantes que atañen a las personas y a la sociedad
de hoy, y por el empeño en enseñar la fecundidad y en reavivar el deseo de una
profunda escucha de la Palabra de Dios.
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| El Cardenal Martini visita al P. General Arrupe |
Los proyectos de la Fundación se desarrollan sobre
tres frentes principales. El primero es el archivo. En él se recogerán los
documentos de Martini, incluidos también los pertenecientes al tiempo de su
ministerio como arzobispo. Además estarán los materiales realizados sobre de él
y que aún siguen produciéndose. Entre éstos señalamos los testimonios, recogidos
en forma de vídeo, de ilustres personajes de la cultura y el mundo eclesial, de
amigos y colaboradores, ya que deseamos dar a conocer la persona del P. Martini
a través del recuerdo viviente de los que han compartido con él aspectos importantes
de su existencia. El archivo tendrá su sede en el “Centro San Fedele”, de los jesuitas en Milán, una localización simbólica
además de práctica, en el corazón de la ciudad en la que Martini fue arzobispo durante
22 años, y a pocos pasos de la Catedral, dónde él está enterrado. El archivo estará
en todo caso disponible de modo digital en el sitio de Internet.
miércoles, 20 de enero de 2016
Anuario S.J. 2016 - LOS BANCOS DE CEREALES... UNA LUCHA SIN FIN
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| Anuario |
El autor
habla de la ardua lucha para proteger
la
federación de los bancos de cereales,
nacidos entre
muchas dificultades y que ahora
corren el
riesgo de caer en manos
de hombres
sin escrúpulos.
Nuestra región con capital en Mongo, Chad, está situada
en el Sahel y por lo tanto padece crisis alimenticias endémicas debidas a la
escasez de lluvias, a los ataques de los pájaros granívoros, de los saltamontes
y de las cantáridas.
Óptimo terreno, pues, para los usureros, todos ellos
magnates locales o grandes ganaderos, que han ido tomando lentamente como rehén
a la masa de los campesinos. Para devolver los préstamos recibidos en momentos de
sequía, los campesinos tienen que entregar prácticamente la totalidad de sus
futuras cosechas. De este modo, ya no cultivan más para sí mismos sino para los
usureros. Es sabido, de paso, que explotados y explotadores son musulmanes en
un 97 por ciento y no se ve nada extraño que, cada viernes, se encuentren todos
ellos para rezar en la misma mezquita. Sólo las comunidades cristianas, en la
fiesta de las primeras espigas, intentaron esbozar un gesto para compartir con
los menos dichosos.
En la añada agrícola de 1993-94 la Iglesia
católica de la región del Guerà tuvo que intervenir contundentemente para afrontar
una nueva penuria. No obstante, conscientes de que la distribución de ayuda no
habría sido más que un paliativo, se pensó en una solución más radical para pasar
de la eterna dependencia de las ayudas externas a una autogestión responsable. Se
decidió así no dar nada gratis sino conceder préstamos de mijo, sólo mijo, reembolsables
en la cosecha siguiente con un pequeño tipo de interés y así renovar las existencias
en las aldeas mismas. El reembolso, en efecto, es en su totalidad para la aldea
con la posibilidad de incrementarlo durante los cinco años siguientes. Sólo
entonces se retirará la cantidad recibida para fundar un nuevo banco en una aldea
vecina. Esto fue una novedad absoluta y la cosa empezó a funcionar aunque con
muchas dificultades y no sin la oposición de los “sabios” musulmanes que blandían
la prohibición de la ley islámica respecto de los préstamos con interés. ¿Y los
usureros, entonces?
Gracias a un fuerte trabajo de sensibilización y
a la intervención de las autoridades locales, tanto civiles como religiosas, la
máquina se puso por fin en marcha y poco a poco se llegaron a crear bancos en
todas las aldeas de la región, agrupadas en federación, y a hacer desaparecer la
mayor parte de los usureros. Ahora, los campesinos cultivan tranquilamente sus
campos disfrutando la cosecha y recurriendo al banco de cereales en caso de
sequía. Ha sido una verdadera revolución cultural y social para toda la región
que ha puesto a la Iglesia en la primera fila entre todos los organismos
operantes en materia de autosuficiencia alimenticia. Sin entrar en más detalles,
vamos a la cuestión que nos interesa ahora.
Anuario S.J. 2016 - DESCENDIMIENTO
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| Anuario |
Ha sido
colocado un nuevo retablo
en
una capilla lateral de la Iglesia del Gesù
de Roma,
con ocasión del segundo centenario
de la
Restauración de la Compañía.
Es obra de
Safet Zec, un artista de Bosnia.
Para recordar el segundo centenario de la Restauración
de la Compañía de Jesús en la Iglesia universal, que tuvo lugar por obra y
gracia de Pío VII, el 7 de agosto de 1814, se ha colocado un retablo sobre el
altar de la Capilla de la Pasión en la Iglesia del Gesù de Roma. De este modo, dicha capilla recobra la integridad
temática del ciclo pictórico de José Valeriani y Gaspar Celio, menoscabada por la
desaparición del retablo original, obra de Escipión Pulzone, robada a principios
del 1800 y ahora expuesta en el Metropolitan
Museum of Art de Nueva York.
Para la realización del nuevo retablo se ha
recorrido un camino largo y no fácil; en
efecto, se trataba de superar las reservas existentes respecto a la oportunidad
de poner una obra de arte contemporánea en un contexto histórico y después localizar
a un artista que pudiera y quisiera aceptar el inevitable desafío de la
comparación con lo antiguo, y que respondiese a los rigurosos criterios de los
departamentos competentes en la obtención de los necesarios permisos.
La larga historia de la Iglesia del Gesù Jesús ha visto una armoniosa estratificación
de obras y de estilos diferentes en una secuencia casi incesante, al menos
hasta las últimas masivas intervenciones - en gran parte de restauración - de
la primera mitad del siglo XIX. Y no sólo. En el magnífico ciclo pictórico de Juan
Bautista Gaulli, se realizó un raro acuerdo entre la propiedad y el artista: el
complejo y articulado programa iconográfico pensado por los Padres jesuitas fue
magníficamente interpretado por Gaulli y de ello nació una obra maestra del barroco,
junto con el arte de ilustrar y comunicar la fe católica.
Con la asistencia de la Superintendencia para los
Bienes histórico- artísticos y etno-antropológicos de Roma y la Comisión
diocesana de arte sacro, se persiguió el intento de revigorizar el diálogo no
fácil entre la Iglesia y los artistas.
El desafío fue laborioso, en muchos aspectos
arriesgado, pero también estimulante. Un encargo, en efecto, comporta para el artista
el trabajo de medirse con un espacio - el definido por las exigencias del propio
encargo y, otro menos laborioso, representado por el espacio físico al que está
destinada la obra - en el que su creatividad puede sentirse constreñida.
El artista tuvo que interpretar el proyecto
propuesto aceptando las muchas ataduras impuestas a una obra destinada a una
Iglesia importante como el “Gesù” de
Roma. La obra no tenía que responder a un objetivo principalmente
conmemorativo, sino más bien expresar el espíritu que anima a la Compañía de
Jesús y la voluntad de servicio que ella quiere realizar dondequiera que sea enviada
para llevar el Evangelio. Los personajes representados fueron protagonistas en
los tiempos difíciles de la Restauración de la orden y, respecto al P. Arrupe,
de la renovación postconciliar. Ellos, en la acción de descender de la cruz el
cuerpo del Señor, debían recordar la vocación de la Compañía, es decir servir sólo
a Dios y la Iglesia bajo el estandarte de la cruz.
Visitando la vasta obra de Safet Zec pareció que
él podría ser el intérprete apropiado para la empresa. La sensibilidad de este
artista bosnio, hecha más aguda y vibrante por la terrible experiencia del
conflicto fratricida que devastó los Balcanes y que le afectó directamente y
con dureza, ha ido dando vida a obras de rara intensidad: la íntima
participación en el dolor y la compasión traslucida en los abrazos, en los ojos
llenos de lágrimas y de dignidad, en la mirada intensa y compartida sobre las
pobres cosas de la vida cotidiana, marcadas por el tiempo. El pan partido
puesto sobre un mantel blanco, aparece como memoria del calor de un comedor
turbado por una tragedia temida y repentina, como invitación y promesa de una comunión
reencontrada y de amistad...
Hay en la obra de Zec un silencio ansioso que
hincha el alma, una pasión que crece hasta el infinito, pero que no cede a la
tentación del grito liberador; permanece
más bien encerrada en el corazón y se transmite a quien acepta posar la mirada
sobre un alma, que se trasluce tímida en las imágenes de una tragedia detenida sobre
el lienzo o sobre el silencio de viejas fachadas de casas venecianas,
magníficas y moribundas, o en bodegones que custodian la nostalgia de una casa
abandonada. Una pintura, la de Zec, de alta maestría técnica y material, fuerte
y vehemente y, siempre, fuera y por encima de cualquiera retórica.
En la Capilla de la Pasión se veneran los restos
de S. José Pignatelli (1737 -1811), que fue un indiscutido protagonista de la
Restauración de la Compañía, así como los del Siervo de Dios P. Juan Felipe Roothaan
(1785-1853), segundo General de la renacida Compañía de Jesús. En la misma capilla
descansa también el P. Pedro Arrupe (1907-1991), que fue Prepósito General y
figura decisiva en la puesta al día de la Compañía después del Concilio
Vaticano II.
Anuario S.J. 2016 - PRESENTACIÓN
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| Anuario |
El año 1980 los titulares de todo el
mundo hablaron de una crisis de refugiados. El pueblo vietnamita escapaba de su
propio país en cualquier artilugio que se mantuviera a flote. Las imágenes de
aquel “boat people” quedaron impresas
en muchos corazones. También en el del P. Pedro Arrupe, por entonces Superior
General de la Compañía de Jesús. Él, en una carta del 14 noviembre 1980, exhortaba
a los jesuitas de todo el mundo a responder a la catástrofe con estas palabras:
“Esta situación es un desafío a la Compañía que no podemos ignorar si queremos
seguir siendo fieles a los criterios fijados por San Ignacio, a nuestro celo
apostólico y a la llamada de las recientes Congregaciones Generales 31 y 32”. Y
así nació el Servicio Jesuita a
Refugiados (JRS). El JRS se distingue de cualquier otra agencia de ayuda a
refugiados por su lema: acompañar, servir y defender. Sobre esta base se ha
intentado dar respuesta a otras crisis de refugiados en el mundo.
Muy significativa es la declaración que hicieron los directores
del JRS en Chiang Mai (Tailandia) en 1985. “Mientras estamos siempre listos”
- leemos allí - “a ayudar a los
refugiados en sus necesidades materiales y espirituales y también en preparar
proyectos para una vida mejor y más independiente, buscamos sin embargo poner
una particular atención en el estar con
antes que en el hacer por. Queremos
que nuestra presencia entre los refugiados sea un compartir, un acompañamiento,
un caminar juntos en la misma senda.”
Con ocasión de los 30 años de vida del JRS, el Padre
General Adolfo Nicolás ha reiterado su necesidad e importancia, subrayando en
particular el valor de la hospitalidad. “La hospitalidad es
un valor profundamente humano y cristiano que reconoce el clamor del otro, no
porque él o ella sea un miembro de mi familia, de mi comunidad, de mi raza o de
mi fe, sino simplemente porque él o ella es un ser humano que merece ser
bienvenido y respetado. Es la virtud del buen samaritano, que vio en el hombre
del camino, no al miembro de otra raza sino al hermano necesitado… El JRS,
sirviendo a los refugiados, es la hospitalidad del Evangelio en acción” (14 noviembre
2010).
Desde que el Padre Arrupe llamó la atención de la Compañía de Jesús, el problema
de los refugiados, el fenómeno de las migraciones forzadas, ha aumentado
dramáticamente y se ha extendido a otras partes del planeta. Si ayer eran los
frágiles barcos en el Mar de China los que llamaban la atención del mundo, hoy
son las balsas o las pateras, tan frágiles, que atraviesan el Mediterráneo y
que a menudo acaban en el fondo del mar con su carga humana. Y también lo son las
matanzas perpetradas por grupos extremistas que provocan nuevas oleadas de
refugiados.
El Anuario de este año ha querido
dedicar una parte muy amplia al mundo de los refugiados, de los desplazados y
de todos los que tienen que abandonar forzadamente su país a causa de la
guerra, del hambre, de la persecución. Y el JRS tiene naturalmente una parte
muy importante en la asistencia a estas personas que lo han perdido todo, a
veces también la dignidad humana. Hoy el JRS trabaja en más que 50 países.
Pero con el JRS también hay otras realidades y organismos, siempre bajo la
égida de los jesuitas, que se ocupan de los mismos problemas. En el anuario se
hace referencia a algunos, como por ejemplo la Red Jesuita con Migrantes, que se ha convertido en una organización
interprovincial e intersectorial extendida por 18 países de América Latina y del
Caribe. Y también el Servicio Jesuita a Migrantes
de España, que es de notable relevancia por su atención a los inmigrantes y
por su reflexión sobre las migraciones y la sociedad.
El servicio de la Compañía a los refugiados y desplazados ha hecho, pues,
un largo camino en los últimos treinta y cinco años y podemos decir con el P.
Nicolás que “queríamos ser de ayuda, pero al final nos dimos cuenta de que aquellos
a los que servimos nos han enseñado mucho más, transformándonos profundamente.”
El resto del Anuario es una
mirada al mundo de los jesuitas y su obra en los diversos continentes. Después
de una mirada a algunos aniversarios, se examinan una serie de actividades en
el campo de la espiritualidad, de la educación y del compromiso social. Sólo
son unos ejemplos que muestran lo diversificada que está la actividad
apostólica de la Compañía de Jesús, en el intento de llegar a todos, para
llevarles la buena noticia del Evangelio y dar sobre todo una señal de esperanza
a los más pobres y olvidados.
Giuseppe Bellucci, S.J.
Traducción de Juan Ignacio García Velasco, S.J.
domingo, 18 de enero de 2015
Anuario S.J. 2015 - CLAUDIO ACQUAVIVA
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| Claudio Acquaviva (1543 - 1615) |
Según muchos historiadores
contemporáneos
Claudio Acquaviva (1543
-1615),
quinto superior general
de la Compañía de Jesús,
es considerado el
segundo legislador de la Orden
después del fundador
Ignacio de Loyola.
“Entre las cualidades con las que estaba dotado
dominó su apego muy profundo a las cosas de Dios, una cierta dulzura y suavidad
en la piedad, de la que no se desmintió nunca, a la que ningún gravamen de
ocupaciones ahogó, ni vicisitud alguna de acontecimientos turbó.” Éste es el
retrato que el jesuita y estrecho colaborador, Bernardo de Angelis, hizo del prepósito
general de la Compañía de Jesús, Claudio Acquaviva (1543 -1615).
A cuatrocientos años de la muerte del quinto General
de la Compañía de Jesús, que se cumplen el 31 enero del 2015, queda ciertamente
viva y todavía actual hoy su huella en la historia de la Orden, así como la marca
que su largo generalato (un récord imbatido de 34 años: de 1581 a 1615) supo
dar a la Compañía de Jesús, según la mayoría de los historiadores, en las
orientaciones, sobre todo reglas y disciplina interior, hasta su supresión en
1773.
Un hombre atento más a lo esencial que a la fascinación
de la apariencia, enamorado de los Padres de la Iglesia, asiduo lector de la
Sagrada Escritura y de oración constante: éste es el Acquaviva íntimo y
profundo conocedor de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que nos
narra, en una descripción casi hagiográfica,
su primer biógrafo, el jesuita Francisco Sacchini.
Pero más allá de la persona particular, del jesuita
austero y ascético, hoy todavía son muchos los interrogantes, las cuestiones
abiertas sobre su largo gobierno como general de la Compañía, sobre la huella
misionera que supo imprimir a la Orden, sobre cómo logró salvar y defender la
identidad ignaciana frente a las presiones de las cortes europeas, de Felipe II
de España, del Papado, de la Inquisición, de las injerencias de las otras Órdenes
(en particular los dominicos) en la disciplina interna de los jesuitas.
Por todo esto quizá no sea casualidad que la
mayoría de los historiadores contemporáneos, incluido Mario Fois, considere a Claudio
Acquaviva el auténtico “segundo legislador” de la Compañía de Jesús, después de
su fundador Ignacio de Loyola.
Perteneciente a una familia de la nobleza
meridional, nació en Atri el 14 septiembre de 1543; en 1567 decidió entrar en la Compañía de
Jesús, en la cual hará una rápida carrera. En 1576 es elegido provincial de Nápoles
y en 1579 es llamado a dirigir la Provincia romana de la Compañía de Jesús. Será
el Papa Gregorio XIII quien, obstaculizando la elección de un General español, favorecerá
su ascenso a Prepósito General de la Compañía. Acquaviva es elegido por los
miembros de la Congregación General IV de 1581, a la muerte del prepósito
general anterior, el belga Everardo Mercuriano. Salió elegido al primer
escrutinio con 32 votos sobre 57. La falta de unanimidad en la votación, por ser
italiano, hacía presagiar ya las dificultades de gobierno que caracterizarían su
largo generalato. Se encontró, en efecto,
con tener que regir a la Compañía en un momento de extrema tensión interior;
los años de su gobierno vieron sobre todo la multiplicación de impulsos autonomistas
(sobre todo en la catolicísima España), de las diversas Provincias que soñaban
con poder desengancharse del gobierno
central de la curia de los jesuitas de Roma y poder elegir un día, como nos
dice el anónimo autor de la Vida de Pedro
de Ribadeneira, un “generalillo propio”.
Anuario S.J. 2015 - SAN PEDRO FABRO
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| San Pedro Fabro |
Maestro de espiritualidad y
de vida para el Papa Francisco,
este jesuita originario de
Saboya (Francia)
ha sido declarado santo en
diciembre de 2013.
Fue uno de los primeros
compañeros de S. Ignacio,
hombre de profunda
espiritualidad,
precursor del diálogo
interreligioso,
misionero itinerante por
Europa.
En el grupo de estudiantes de teología que
dio origen a la Compañía de Jesús, en París, Pedro Fabro, nacido en la aldea de
Villaret, en Saboya (Francia), fue intelectualmente el más brillante, además
del más humilde y el más disponible para servir los demás, tal como han transmitido
los historiadores jesuitas. Hijo de pastores, desde pequeño deseó estudiar. Un
tío cura reconoció sus capacidades y lo puso en condiciones de realizar su
objetivo. Llegado a la Sorbona, se encontró compartiendo la habitación con Ignacio
de Loyola y Francisco Javier. Con el primero se creó enseguida un profundo
entendimiento: Pedro lo ayudaba en los
estudios e Ignacio, por su parte, lo ayudaba a superar los escrúpulos que le
bloqueaban en la vida espiritual, haciendo sentirse indigno de llegar a ser
sacerdote. Ignacio lo hubiera querido como superior de la primera comunidad de
jesuitas en Roma pero la Providencia decidió de otro modo.
Fabro fue el primero de la Compañía que
entró en Alemania, donde participó en la dieta de Worms, en el séquito de Pedro
de Ortiz, representante del emperador Carlos V. Estuvo luego en los Países
Bajos, en España y en Parma, allí donde fuera necesaria una figura de profunda
cultura y equilibrio espiritual para encontrar soluciones a las tensiones intra-eclesiales
y no sólo a éstas. Pedro Canisio, el apóstol de la Contrarreforma en Alemania, ingresó
en la Compañía después de haber hecho los ejercicios espirituales ignacianos bajo
la guía de Fabro. También fue decisivo en la vocación de San Francisco de Borja.
Murió en Roma con sólo 40 años, el 1 agosto del 1546, pocas semanas antes de partir
para el Concilio de Trento.
El 17 de diciembre de 2013, con una bula pontificia,
el Papa Francisco ha proclamado Santo al jesuita “reformado” Pedro Fabro,
extendiendo su culto a la Iglesia universal. La regla adoptada para el beato Fabro
es la de la canonización así llamada “equipolente”, práctica utilizada respecto
a figuras de particular relevancia eclesial, de quienes se atestigua un culto
litúrgico antiguo, extendido y con incesante fama de santidad y prodigios. Esta
práctica se ha efectuado regularmente en la Iglesia, aunque no con frecuencia,
a partir del Papa Benedicto XIV (1675 -1758). En la historia reciente Juan
Pablo II realizó tres de ellas; Benedicto XVI, una, que ha sido la última antes de Fabro, la de Angela de Foligno, firmada el 9 de octubre de 2013 por el mismo
Papa Francisco. Pero la canonización del beato saboyano Pedro Fabro reviste un
sentido muy particular porque él es un
modelo de espiritualidad y vida sacerdotal para el actual sucesor de Pedro y al
mismo tiempo una de las referencias importantes para comprender su estilo de
gobierno.
viernes, 28 de noviembre de 2014
Cardenal Tarancón: 20 años
Hace 20 años que murió el Cardenal Vicente E. Tarancón. Señero hombre de Iglesia en el post concilio y servidor de la convivencia en España en los tiempos de la Transición.
La homilía en la Misa de Coronación del Rey Juan Carlos I es una pieza excelente de proclamación de fe en Dios y de convivencia humana. Valores que, a casi 40 años vista, parecen estar bastante ausentes en nuestra sociedad.
CARDENAL TARANCÓN
HOMILIA EN LA CORONACION DEL REY
(Pronunciada en la Iglesia Parroquial de San Jerónimo el Real
la mañana del 27 de noviembre de 1975)
HOMILIA EN LA CORONACION DEL REY
(Pronunciada en la Iglesia Parroquial de San Jerónimo el Real
la mañana del 27 de noviembre de 1975)
Majestades.
Excelentísimos señores de las Misiones
Extraordinarias.
Excelentísimo señor Presidente del Gobierno.
Excelentísimo señor Presidente de las Cortes y
del Consejo del Reino.
Excelentísimos señores.
Hermanos:
Habéis querido, Majestad, que invoquemos con Vos
al Espíritu Santo en el momento en que accedéis al Trono de España. Vuestro
deseo corresponde a una antigua y amplia tradición: la que a lo largo de la historia
busca la luz y el apoyo del Espíritu de sabiduría en la coronación de los Papas
y de los Reyes, en la convocación de los Cónclaves y de los Concilios, en el
comienzo de las actividades culturales de Universidades y Academias, en la
deliberación de los Consejos.
Y no se trata, evidentemente, de ceder al peso
de una costumbre: En Vuestro gesto hay un reconocimiento público de que nos
hace falta la luz y la ayuda de Dios en esta hora. Los creyentes sabemos que,
aunque Dios ha dejado el mundo a nuestra propia responsabilidad y a merced de nuestro
esfuerzo y nuestro ingenio, necesitamos de Él, para acertar en nuestra tarea;
sabemos que aunque es el hombre el protagonista de su historia, difícilmente
podrá construirla según los planes de Dios, que no son otros que el bien de los
hombres, si el Espíritu no nos ilumina y fortalece. Él es la luz, la fuerza, el
guía que orienta toda la vida humana, incluida la actividad temporal y
política.
Esta petición de ayuda a Dios subraya, además,
la excepcional importancia de la hora que vivimos y también su extraordinaria dificultad.
Tomáis las riendas del Estado en una hora de tránsito, después de muchos años
en que una figura excepcional, ya histórica, asumió el poder de forma y en
circunstancias extraordinarias. España, con la participación de todos y bajo
Vuestro cuidado, avanza en su camino y será necesaria la colaboración de todos,
la prudencia de todos, el talento y la decisión de todos para que sea el camino
de la paz, del progreso, de la libertad y del respeto mutuo que todos deseamos.
Sobre nuestro esfuerzo descenderá la bendición de quien es el «dador de todo bien».
Él no hará imposibles nuestros errores, porque humano es errar; ni suplirá
nuestra desidia o nuestra inhibición, pero sí nos ayudará a corregirlos,
completará nuestra sinceridad con su luz y fortalecerá nuestro empeño.
Por eso hemos acogido con emocionada
complacencia este Vuestro deseo de orar junto a Vos en esta hora. La Iglesia se
siente comprometida con la Patria. Los miembros de la Iglesia de España son
también miembros de la comunidad nacional y sienten muy viva su responsabilidad
como tales. Saben que su tarea de trabajar como españoles y de orar como
cristianos son dos tareas distintas, pero en nada contrapuestas y en mucho
coincidentes. La Iglesia, que comprende, valora y aprecia la enorme carga que
en este momento echáis sobre Vuestros hombros, y que agradece la generosidad
con que os entregáis al servicio de la comunidad nacional, no puede, no podría
en modo alguno regatearos su estima y su oración.
jueves, 20 de marzo de 2014
Los jesuitas en la Rusia Blanca (s. XVIII)
Pocos meses antes de que Clemente XIV firmara el breve de supresión de la Compañía de Jesús (verano de 1773) parte de los territorios pertenecientes a la Unión Lituano-Polaca había quedado anexionada al Imperio Ruso. Varias casas de las dos provincias que constituían la Asistencia polaca, con doscientos jesuitas, siguieron funcionando aun después de 1773. La razón fue que la Emperatriz Catalina II nunca accedió a la proclamar el documento, a pesar, incluso, de la petición que le dirigieron los mismos jesuitas, que deseaban respetar la voluntad del Papa y que la supresión se hiciera efectiva. Por el contrario, ante la firme decisión de la emperatriz rusa, tuvieron que continuar la actividad en sus iglesias y colegios. Leer más.
viernes, 10 de enero de 2014
Anuario S.J. 2014 - LA COMPAÑÍA DE JESÚS ENTRE LA CONTINUIDAD Y LA DISCONTINUIDAD
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| Clemente XIII |
"Que sean como son o que no sean",
respondió Clemente XIII a la propuesta
de cambiar las Constituciones de la Compañía
de Jesús para evitar su supresión.
Este artículo analiza el problema
del período de la supresión
de los jesuitas hasta su restauración.
Aut sint ut sunt, aut
non sint,
(que sean como son o que no sean) habría contestado Clemente XIII al P. General
Lorenzo Ricci cuando este último le propuso aceptar un cambio en las
Constituciones de la Compañía de Jesús para salvar la Orden, amenazada de
expulsión de Francia (podría salvarse en este país creando una estructura de
hecho completamente independiente del resto de la orden): los jesuitas debían
permanecer como eran, de otro modo su misma existencia no tendría sentido.
La
misma pregunta sobre la identidad se ha hecho presente más veces en la agitada
historia de la Compañía, a menudo en circunstancias difíciles de tensión o
conflicto fuera o dentro del orden: desde las discusiones, a caballo entre los
siglos XVI y XVII, cuando se cuestionaba cómo avanzar en la búsqueda de
consolidación de sus estructuras en fidelidad al carisma original, hasta la
propuesta de idénticas preguntas en el contexto de la renovación postconciliar
de las últimas décadas, que ha visto muchos cambios como consecuencia de las
Congregaciones Generales, sobre todo de la 31 y la 32. Sint ut sunt, han repetido muchas veces también los últimos
sucesores de Clemente XIII, pero la tensión entre la exigencia de la fidelidad
al propio Instituto, por un lado, y la búsqueda del modo de vivirla en las
circunstancias cambiantes, por otro, parece inevitable y como permanentemente inscrita
en la suerte de los jesuitas.
Anuario S.J 2014. - LA LABOR DE LOS JESUITAS EN EL IMPERIO RUSO (1772-1820)
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| Zar Pablo I |
Los jesuitas en 1772 se encontraban
bajo el gobierno de la Rusia ortodoxa, después de la supresión de la Compañía de Jesús decidieron mantener la existencia de la Orden y la continuidad de la actividad que ya desempeñaban en aquellos territorios.
Los
jesuitas que, en 1772 se encontraban bajo el gobierno de la Rusia ortodoxa,
después de la supresión de la Compañía de Jesús al año siguiente, decidieron,
ante la imposibilidad de seguir la voluntad del Papa Clemente XIV, mantener la
existencia de la Orden y continuar con las actividades que desempeñaban en aquellos
territorios antes de la división de Polonia. Querían asegurar la atención
intelectual y pastoral de los católicos (polacos, lituanos, letones, estonios,
y los nativos de la Rusia Blanca), que con el primer reparto del reino polaco
habían pasado al imperio de los zares. Esta fue también la razón principal para
no dispersarse espontáneamente después de la supresión papal de la Órden.
En
los territorios anexionados por Rusia en 1772, la Compañía de Jesús tenía
cuatro colegios de secundaria (Polock, Orsza, Witebsk, Dyneburg), dos
residencias (Mohylew, Mścisław) con enseñanza media, tres casas de misión y
nueve estaciones misioneras. Durante los primeros diez años, hasta que se
aclaró y definió la situación de los jesuitas en el Imperio Ruso, el objetivo
de su trabajo era simplemente mantener las obras dirigidas por ellos antes de
1772-1773. Su apostolado se llevó a cabo en dos direcciones: la actividad
educativa y el trabajo pastoral.
En
el segundo período, que va desde 1782 hasta 1820, la Compañía en el Inperio
Ruso desarrolló su presencia y su trabajo en la propia Rusia Blanca y extendió
su actividad fuera de esta provincia imperial, e incluso más allá de las
fronteras del Estado zarista. En 1782 los jesuitas, reunidos en la Primera
Congregación de Polock, decidieron mantener la vida religiosa y la estructura tradicional
de la Orden y tomaron medidas para consolidarla. Desde entonces, la Orden,
constituida como "Compañía de Jesús en la Rusia Blanca", se
presentaba en su forma habitual de
Provincia (bajo la jurisdicción del Provincial) y de gobierno central de la Orden
(encabezada por el Vicario General y, desde 1801 en adelante, por el General).
Hasta que, en 1801, la aprobación papal no sancionó oficialmente la legitimidad
de la existencia de la Compañía de Jesús en el Imperio Ruso, los jesuitas se
vieron obligados a defender su identidad y su autonomía respecto del obispo
local, que trataba de someterla a su autoridad. Defendió su autonomía también ante
el gobierno que, presentando un nuevo sistema escolar en el Imperio, quería forzarla
a renunciar a la jesuítica Ratio Studiorum.
Anuario S.J. 2014 - LA RESTAURACIÓN Y EL COMIENZO DE LA NUEVA COMPAÑÍA
La
restauración de la Compañía es un tema mucho
menos estudiado que la supresión. Es un
tema difícil, no sólo por su complejidad, sino
también por su carácter polémico.
“Habiendo
implorado el auxilio divino con fervorosas oraciones y atendido el parecer de
muchos Venerables Hermanos Nuestros, Cardenales de la Santa Romana Iglesia […]
hemos decidido ordenar y establecer con plena potestad Apostólica […] que todas
las concesiones y las facultades conferidas por Nosotros sólo para el Imperio
Ruso y el Reino de las Dos Sicilias, se entiendan ahora […] extendidas […] a
todo Nuestro Estado Eclesiástico y a todos los demás Estados…”.
El 7 de agosto de 1814 Pio VII decretaba mediante la bula
Sollicitudo omnium ecclesiarum la
reconstitución universal la Compañía de Jesús. La Orden había sido suprimida
canónicamente en 1773. Era una decisión histórica en la medida que se abrogaba
una decisión pontificia y significaba a su vez el inicio de una nueva etapa de
la historia de la Compañía que iba a estar marcada por el resurgimiento de la
propia tradición y por un extraordinario vigor apostólico.
La restauración es
un tema mucho menos estudiado que la supresión.
Es un tema complejo que además tiene un carácter polémico, debido al influjo
que ejerce cierto estereotipo del jesuita de esta época en la comprensión de la
historia del siglo XIX. En esta perspectiva, la Compañía habría sido ante todo
el baluarte del conservadurismo más recalcitrante. Como todo cliché, éste
también genera unos prejuicios que empañan la comprensión histórica.
La restauración de la Compañía plantea ciertas cuestiones
sobre las que la historiografía todavía no ha dicho la última palabra: ¿Cuáles
son sus límites cronológicos? ¿Se da una continuidad en la Compañía antes y
después de la supresión? ¿Hasta qué punto es justo aplicar a la Compañía
restaurada el adjetivo de “conservadora”?
200 AÑOS DE LA RESTAURACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
1814-2014
El 7 de agosto de 2014 se cumplirán 200 años de la Restauración de la Compañía de Jesús. La historia es la siguiente:
Durante
la segunda mitad del siglo XVIII los jesuitas de varios países europeos son
acosados en su vida y trabajo, hasta el punto de ser expulsados de sus tierras.
Entre otros sitios, de Portugal en 1759, de Francia en 1764 y de España en
1767. De nuestro país y sus colonias son en total unos 5.000.
¿Motivos?
Aunque no se aducen causas formales, en España el rey Carlos III justifica esta
medida para tener paz en sus territorios. Se les critica y acusa de obedecer a
una autoridad extranjera -Roma-.
O
de defender ciertas doctrinas morales y pastorales que afectan al
comportamiento de los ciudadanos y a la política, de instigar al pueblo contra
los reyes, de oponerse al Tratado de Límites, de fundar estados independientes
en América -como las Reducciones del Paraguay-, de enriquecerse con el comercio
de las Indias o de ostentar demasiado poder y prepotencia gracias a sus
colegios y otros medios de influencia social y política. Pero, aun así, ellos
no llegan a prever las consecuencias de estas amenazas que estaban en el
ambiente antes de ser desterrados.
El
caso es que, al ser suprimidos en España, y expulsados de ella, pierden todos
sus bienes.
Cada
uno pasa a recibir una mínima pensión del Estado. Desde varios puertos de
España y de América, embarcan hacia el Mediterráneo en las que serán durante un
año y medio sus "residencias flotantes"..., porque, con frecuencia, a
sus naves se les impedía tomar tierra, dados los conflictos políticos entre los
países e incluso con el mismo papado y los Estados Pontificios. No todos los jesuitas
sobreviven a la travesía. Uno de los más activos será considerado santo más
tarde por la Iglesia: José Pignatelli (Zaragoza, 1737 - Roma, 1811). Fue un
gran consuelo y ayuda para los demás, asumiendo muchas responsabilidades y
decisiones del viaje, exilio, supervivencia y preparación de la restauración
definitiva. Apoyó en lo que pudo el estudio, la formación y la dedicación a la
investigación y a la cultura de sus compañeros.
Más
duro todavía para la Compañía de Jesús fue ser suprimida en 1773 por el papa
Clemente XIV, cediendo a las presiones de las potencias católicas y de algunos
obispos. Hasta ese año, en el mundo había unos 23,000 jesuitas, dirigiendo unos
700 colegios. Pero la Compañía no desapareció del todo. En una parte de la
Europa oriental, paradójicamente, dos gobernantes no católicos, Federico II de
Prusia y la zarina Catalina II de Rusia, se negaron a prescindir de la
formación que los jesuitas impartían en sus tierras. Pudieron seguir trabajando
durante varios años con total libertad. Incluso otros jesuitas llegan hasta
allá desde lugares donde habían sido suprimidos. En 1800 eran 214.
Pasarán
más de 40 años hasta que el papa Pío VII restaure la Compañía el 7 de agosto de
1814. Entonces quedaban 150 jesuitas en Roma y unos 600 en el resto del mundo.
Este acontecimiento supone su vuelta, reaparición, resurgimiento, renacimiento,
resurrección... En 1820 ya serán unos 1.300 jesuitas en todo el mundo (de
ellos, unos 480 estudiantes), y 400 en España.
En
nuestro país, muchas ciudades reclaman su vuelta, deseosas de que contribuyan,
por ejemplo, a mejorar la enseñanza. Lo harán definitivamente 120 jesuitas a
partir del 29 de mayo de 1815 con el rey Fernando VII, quien critica entonces
las "calumnias, ridiculeces y chismes para desacreditar a la Compañía de
Jesús, disolverla y perseguir a sus inocentes individuos".
HOY,
200 AÑOS DESPUÉS los jesuitas deseamos “aprender
de las luces y sombras de nuestro pasado con el fin de percibir con mayor
claridad y entregarnos con más generosidad a lo que el Señor pide de nosotros
en el momento presente” (Adolfo Nicolás, Superior General de la Compañía de
Jesús). En todo el mundo este resurgimiento se recuerda con el lema Ite inflamate omnia, que apunta a llevar
la luz de Cristo a todos los sitios y personas.
Así lo explicaban los jesuitas en 2008 : "Cuentan las crónicas que, cuando San
Ignacio envió a San Francisco Javier al Oriente, le dijo:
“Id, inflamad todas las
cosas”
Con el nacimiento de la Compañía de
Jesús, un fuego nuevo se encendió en un mundo en transformación. Se inició una forma
novedosa de vida religiosa, no por industria humana sino como una iniciativa
divina. El fuego que entonces se prendió continúa ardiendo hoy en nuestra vida
de jesuitas, ‘un fuego que enciende otros
fuegos’, como se dice sobre San Alberto Hurtado. Con ese fuego, somos
llamados a inflamar todas las cosas con el amor de Dios (cf. Lc 12,49)"
(Congregación General 35, decreto 2, n° 25).
En español añadimos: "Contagiad
la vida", esto es, comunicad y transmitid la vida recibida para que ella
engendre más vida a su alrededor. Así, los más de 1.200 jesuitas en España en 2014 se organizan de nuevo, simplificando sus
estructuras, seleccionando sus lugares de presencia, trabajando unidos a otras
personas en los terrenos donde esa luz y amor de Dios se desea que llegue. Y
que de este modo alcance y permanezca con los hombres y mujeres que más lo
necesiten.
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