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Anuario |
El año 1980 los titulares de todo el
mundo hablaron de una crisis de refugiados. El pueblo vietnamita escapaba de su
propio país en cualquier artilugio que se mantuviera a flote. Las imágenes de
aquel “boat people” quedaron impresas
en muchos corazones. También en el del P. Pedro Arrupe, por entonces Superior
General de la Compañía de Jesús. Él, en una carta del 14 noviembre 1980, exhortaba
a los jesuitas de todo el mundo a responder a la catástrofe con estas palabras:
“Esta situación es un desafío a la Compañía que no podemos ignorar si queremos
seguir siendo fieles a los criterios fijados por San Ignacio, a nuestro celo
apostólico y a la llamada de las recientes Congregaciones Generales 31 y 32”. Y
así nació el Servicio Jesuita a
Refugiados (JRS). El JRS se distingue de cualquier otra agencia de ayuda a
refugiados por su lema: acompañar, servir y defender. Sobre esta base se ha
intentado dar respuesta a otras crisis de refugiados en el mundo.
Muy significativa es la declaración que hicieron los directores
del JRS en Chiang Mai (Tailandia) en 1985. “Mientras estamos siempre listos”
- leemos allí - “a ayudar a los
refugiados en sus necesidades materiales y espirituales y también en preparar
proyectos para una vida mejor y más independiente, buscamos sin embargo poner
una particular atención en el estar con
antes que en el hacer por. Queremos
que nuestra presencia entre los refugiados sea un compartir, un acompañamiento,
un caminar juntos en la misma senda.”
Con ocasión de los 30 años de vida del JRS, el Padre
General Adolfo Nicolás ha reiterado su necesidad e importancia, subrayando en
particular el valor de la hospitalidad. “La hospitalidad es
un valor profundamente humano y cristiano que reconoce el clamor del otro, no
porque él o ella sea un miembro de mi familia, de mi comunidad, de mi raza o de
mi fe, sino simplemente porque él o ella es un ser humano que merece ser
bienvenido y respetado. Es la virtud del buen samaritano, que vio en el hombre
del camino, no al miembro de otra raza sino al hermano necesitado… El JRS,
sirviendo a los refugiados, es la hospitalidad del Evangelio en acción” (14 noviembre
2010).
Desde que el Padre Arrupe llamó la atención de la Compañía de Jesús, el problema
de los refugiados, el fenómeno de las migraciones forzadas, ha aumentado
dramáticamente y se ha extendido a otras partes del planeta. Si ayer eran los
frágiles barcos en el Mar de China los que llamaban la atención del mundo, hoy
son las balsas o las pateras, tan frágiles, que atraviesan el Mediterráneo y
que a menudo acaban en el fondo del mar con su carga humana. Y también lo son las
matanzas perpetradas por grupos extremistas que provocan nuevas oleadas de
refugiados.
El Anuario de este año ha querido
dedicar una parte muy amplia al mundo de los refugiados, de los desplazados y
de todos los que tienen que abandonar forzadamente su país a causa de la
guerra, del hambre, de la persecución. Y el JRS tiene naturalmente una parte
muy importante en la asistencia a estas personas que lo han perdido todo, a
veces también la dignidad humana. Hoy el JRS trabaja en más que 50 países.
Pero con el JRS también hay otras realidades y organismos, siempre bajo la
égida de los jesuitas, que se ocupan de los mismos problemas. En el anuario se
hace referencia a algunos, como por ejemplo la Red Jesuita con Migrantes, que se ha convertido en una organización
interprovincial e intersectorial extendida por 18 países de América Latina y del
Caribe. Y también el Servicio Jesuita a Migrantes
de España, que es de notable relevancia por su atención a los inmigrantes y
por su reflexión sobre las migraciones y la sociedad.
El servicio de la Compañía a los refugiados y desplazados ha hecho, pues,
un largo camino en los últimos treinta y cinco años y podemos decir con el P.
Nicolás que “queríamos ser de ayuda, pero al final nos dimos cuenta de que aquellos
a los que servimos nos han enseñado mucho más, transformándonos profundamente.”
El resto del Anuario es una
mirada al mundo de los jesuitas y su obra en los diversos continentes. Después
de una mirada a algunos aniversarios, se examinan una serie de actividades en
el campo de la espiritualidad, de la educación y del compromiso social. Sólo
son unos ejemplos que muestran lo diversificada que está la actividad
apostólica de la Compañía de Jesús, en el intento de llegar a todos, para
llevarles la buena noticia del Evangelio y dar sobre todo una señal de esperanza
a los más pobres y olvidados.
Giuseppe Bellucci, S.J.
Traducción de Juan Ignacio García Velasco, S.J.
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