Traducir

Buscar este blog

domingo, 9 de abril de 2023

DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN DEL SEÑOR (Ciclo A)


Primera Lectura: Hch 10, 34a. 37-43
Salmo Responsorial: Salmo 117
Segunda Lectura: Col 3, 1-4
Evangelio: Jn 20, 1-9

¡Amigos Jesús está vivo, ha resucitado, y está presente para siempre!
Lo hemos acompañado entre los olivos de Getsemaní, cuando nos dormíamos, vencidos por el sueño, sin saber que, junto a nosotros, se estaba dando el choque titánico entre la tiniebla y el amor.
Lo seguimos de lejos, como Pedro, después de la detención en el huerto, aturdidos y asustados viendo tanta violencia sobre un hombre bueno y humilde.
Lo vimos colgado, desfigurado, golpeado, desgarrado, así lo vimos perdonando a sus asesinos hasta el último aliento de vida.
Luego, junto a los demás discípulos, nos hemos cerrado en aquella habitación de la cena. Como si las paredes hubiesen conservado algo de él. Para darnos ánimo, sin tampoco tener derecho a llorar, devorados por el miedo.
Parecía que todo había acabado, de la peor manera, como a menudo ocurre en nuestra vida. Como está ocurriendo con los miles de muertos por el COVID19. Una derrota total, la partida perdida, el final de los sueños. Era demasiado bonito para que fuera verdad.
Y en cambio, al amanecer el día después del sábado de la Pascua, María vino a decirnos de fuésemos a la tumba.
Las mujeres, piadosa y devotamente, habían ido a terminar lo que no habían logrado hacer aquel trágico viernes.
Buscaban a su Maestro, que había sido dramáticamente atropellado por los acontecimientos. Lo buscaban con desesperación y resignación.
Querían devolver un atisbo de dignidad a aquel hombre al que habían amado y seguido. Que las había querido e instruido.

Ilusas. El Señor ya está  en otro lugar. Ha resucitado. Nuestros queridos difuntos han resucitado con Él.

Huir del sepulcro
Tienen que alejarse del sepulcro, no quedarse allí velándolo. Tienen que ir a otro lugar, allí donde el Señor las espera. El Nazareno ha resucitado. No está  reanimado, ni mucho menos reencarnado, sino espléndidamente resucitado. Tampoco sabíamos bien qué significaba haber resucitado, pues nadie había  resucitado nunca como él. Lázaro volvió a la vida, pero murió, de nuevo.
Jesús no. Jesús está vivo. Espléndido y triunfante. No es una fantasma, ni un ectoplasma. Es exactamente Él y se hace reconocer por las señales de su presencia, come con sus pasmados discípulos, les da ánimos. Vive.
Jesús ha resucitado, tanto si nos damos cuenta de ello como no, tanto si lo creemos más o como si menos. Ha resucitado. Y todo cambia, cada cosa asume una luz diferente.
El Nazareno, entonces, no es sólo un gran hombre, un maestro, un profeta. Es mucho más. Es el Dios vivo.