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jueves, 1 de mayo de 2014

CON EL TIEMPO – José Luis Borges





“Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma.
Y uno aprende que el amor no significa acostarse,
y que una compañía no significa seguridad,
y uno empieza a aprender…

Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta
y los ojos abiertos,
y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes…
y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.

Y uno aprende que si es demasiado
hasta el calor del sol puede quemar.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de que alguien le traiga flores.

martes, 21 de mayo de 2013

Vigilia de Pentecostés 2013 - El Papa Francisco con los movimientos de Iglesia


Pregunta 1 
 
“La verdad cristiana es atractiva y persuasoria porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana, anunciando de manera convincente que Cristo es el único Salvador de todo hombre y de todos los hombres". Santo Padre, estas palabras suyas nos han impactado intensamente: ellas expresan de manera directa y radical la experiencia que cada uno de nosotros desea vivir sobre todo en el año de la fe y en esta romería que esta noche nos ha traído aquí. Estamos delante de usted para renovar nuestra fe, para confirmarla, para reforzarla. Sabemos que la fe no puede ser de una vez para siempre. Como dijo Benedicto XVI en la “Porta Fidei”: "la fe no es un presupuesto obvio". Esta afirmación no concierne solamente al mundo, a los otros, a la tradición de la que venimos: esta afirmación concierne ante todo a cada uno de nosotros. Demasiadas veces nos damos cuenta de cómo la fe es un brote de novedad, un principio de cambio pero que luego se convierte en una seria dificultad para comprometer toda la vida: no se convierte en el origen de todo nuestro conocer y actuar. 
 
¿Santidad, como ha podido alcanzar en su vida la certeza de la fe? 
¿Y qué camino nos indica para que cada uno de nosotros pueda vencer la fragilidad de la fe? 


¡Buenas tardes a todos! 
 
Estoy contento de encontraros y que todos nosotros nos encontramos juntos en esta plaza para orar y para esperar el regalo del Espíritu. ¡Yo ya conocía vuestras preguntas y he pensado en ellas, por lo tanto esto no está sin conocimiento! ¡Primero, la verdad! Las tengo aquí, escritas. 
 
La primera - "cómo ha podido alcanzar en su vida la certeza sobre la fe; ¡y qué camino nos indica para que cada uno de nosotros pueda vencer la fragilidad de la fe?" - es una pregunta histórica, porque concierne a mi historia, a la historia de mi vida! 
Yo he tenido la gracia de crecer en una familia en la que la fe se vivió de modo sencillo y concreto; pero ha sido sobre todo mi abuela, la mamá de mi padre, la que marcó mi camino de fe. Fue una mujer que nos explicó, nos habló de Jesús, nos enseñó el Catecismo. Siempre recuerdo que el Viernes Santo nos llevaba por la tarde a la procesión de las velas, y al final de esta procesión venía el "Cristo yacente", y la abuela nos hacía - a nosotros niños - arrodillarnos y nos decía: "¡Mirad, ha muerto, pero mañana resucita". He recibido el primer anuncio cristiano justo de esta mujer, de mi abuela! ¡Y esto es precioso! ¡El primer anuncio en casa, con la familia! Y esto me hace pensar en el amor de muchas madres y muchas abuelas en la transmisión de la fe. Sois vosotras las que transmitís la fe. Esto también ocurrió en los primeros tiempos, porque san Pablo le dijo a Timoteo: "¡Yo recuerdo la fe de tu madre y de tu abuela", (cfr 2Tm 1,5). Todas las madres que están hoy aquí, todas las abuelas, pensad en ello! Transmitir la fe. Porque Dios nos pone al lado de personas que nos ayudan en nuestro camino de fe. ¡Nosotros no encontramos la fe en el concepto abstracto; no! Hay siempre una persona que predica, que nos dice quién es Jesús, que nos transmite la fe, que nos da el primer anuncio. Y así ha sido la primera experiencia de fe que he tenido.