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sábado, 3 de octubre de 2026

DOMINGO 27º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo A)


Primera Lectura: Is 5, 1-7
Salmo Responsorial: Salmo79
Segunda Lectura: Flp 4, 6-9
Evangelio: Mt 21, 33-43

Hoy, de nuevo, la viña. No es extraño. Estamos en tiempo de vendimias, cuando se recoge el fruto de tantos meses de trabajo y se descubre, finalmente, si la cosecha ha respondido a las esperanzas del viñador.

Y precisamente la viña es la imagen que hoy nos ofrece la Palabra de Dios.

Isaías canta la historia de un propietario que ama apasionadamente su viña: la prepara, la limpia, la protege, hace todo lo necesario para que dé fruto. Pero, cuando llega el momento de la cosecha, encuentra solamente uvas agrias.

Jesús retoma esa imagen en una parábola todavía más dramática.

La viña representa el mundo que Dios ha puesto en nuestras manos. Representa también nuestra vida, la Iglesia, la humanidad entera.

Dios es el dueño, pero nosotros somos los trabajadores a quienes ha confiado su viña.

Y aquí aparece una primera cuestión importante: todo lo que somos y tenemos es un don que hemos recibido.

La vida no nos pertenece absolutamente. Tampoco el mundo. No somos propietarios de la creación, de los demás, ni siquiera de nuestra propia existencia. Somos administradores del don recibido. Se nos ha confiado una viña para cuidarla y hacerla fructificar.

El problema comienza cuando el administrador olvida que es administrador y empieza a comportarse como propietario. Entonces aparecen la codicia, el egoísmo, la violencia, la autosuficiencia. Queremos poseerlo todo y terminamos creyendo que todo nos pertenece.

Los viñadores de la parábola reciben a los enviados del propietario y los rechazan con palos y piedras. Finalmente llega el hijo... Y lo matan.