Jesús habla hoy a gente que tiene miedo. No a
héroes. A gente como nosotros.
"No temáis." Lo repite tres veces en este pasaje. Y eso
ya dice algo. Cuando alguien repite tres veces lo mismo, es porque sabe que no
vas a obedecer a la primera.
Lo que Jeremías sabía
Jeremías lo sabía desde antes. Escuchamos hoy
que sus propios amigos le tienden trampas. Que espían sus pasos. Que quieren
denunciarlo.
Y él, en medio de eso, no calla. No se
esconde. Dice: "El Señor está conmigo como un guerrero poderoso."
No dice que no tiene miedo. Dice que confía en
Dios a pesar del miedo. Eso es distinto.
Dios y los gorriones
Jesús pone un ejemplo que parece menor: los
gorriones. "¿No se venden dos gorriones por un cuarto? Pues ninguno cae
en tierra sin que lo sepa vuestro Padre."
Un gorrión vale medio cuartillo. Es el animal
más barato del mercado. Y aun así, cuenta para Dios.
Luego viene la frase que cambia de escala: "Hasta
los cabellos de vuestra cabeza están todos contados." Es una
exageración deliberada. Nadie cuenta cabellos. Nadie. Pero Dios, sí.
¿Qué nos dice esto? Que no hay nada en tu
vida, por pequeño o por vergonzoso que parezca, que esté fuera del cuidado de
Dios. Nada.
Megáfonos en los tejados
"Lo que os digo en la oscuridad, decidlo en plena luz; lo que oís al oído, proclamadlo desde los tejados."


