![]() |
| La Santa Trinidad de Andrej Rublev |
A menudo llevamos dentro una
imagen equivocada de Dios.
No siempre lo decimos, pero
aparece enseguida cuando la vida se complica: pensamos en un Dios lejano,
exigente, imprevisible. Un Dios que calla mientras el mundo sufre. Y entonces
nacen preguntas muy humanas: ¿por qué tanto dolor?, ¿por qué tanta injusticia?,
¿dónde está Dios?
La verdad es que muchas personas
no rechazan al verdadero Dios. Rechazan una caricatura de Dios. Y quizá
nosotros mismos, a veces, seguimos creyendo más en un dios severo y controlador
que en el Dios que Jesús anuncia.
Por eso esta fiesta de la Trinidad
es importante. No celebra una teoría complicada sobre Dios. Celebra una
revelación: cómo es realmente Dios.
Y lo primero que descubrimos en la
Biblia es algo sorprendente. Cuando Dios se presenta a Moisés no lo hace
mostrando poder, sino misericordia. Se define como compasivo, paciente, rico en
amor y fidelidad.
Eso ya rompe muchos de nuestros
esquemas.
Porque nosotros solemos admirar la
fuerza, el éxito, la eficacia. Dios, en cambio, pone en el centro la ternura y
la fidelidad.
Y quizá necesitamos escuchar esto hoy
más que nunca.
Vivimos en una sociedad cansada.
Muy conectada, pero muy sola. Una sociedad donde cuesta confiar y donde muchas
personas viven permanentemente defendiéndose. Hay miedo a no valer, a no dar la
talla, a quedarse atrás.
Y poco a poco trasladamos esa
lógica también a Dios. Pensamos que Dios nos quiere cuando respondemos, cuando
somos buenos, cuando hacemos las cosas bien.
Pero el Evangelio de hoy dice
exactamente lo contrario: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo”.
No dice: “Tanto premió Dios al
mundo”. Dice: “Tanto amó”.
Dios, ante todo, ama. Ama
gratuitamente. Ama incluso este mundo frágil y contradictorio que tantas veces
nosotros despreciamos o condenamos.
Y eso cambia completamente la fe
cristiana.
Porque Jesús no vino a aumentar el miedo religioso. Vino a enseñarnos el rostro verdadero de Dios.


