La lógica
desconcertante de la gracia
La parábola de hoy nos incomoda
porque pone en cuestión algo que tenemos muy arraigado: nuestra manera de
entender la justicia.
Un propietario sale a contratar
trabajadores para su viña. A unos los llama de madrugada; a otros, más tarde; y
a otros, cuando apenas queda una hora de trabajo. Al terminar la jornada,
comienza a pagar por los últimos y da a todos un denario, el salario necesario
para vivir.
Los que habían trabajado desde
primera hora protestan: «Estos últimos han trabajado solo una hora y los has
tratado como a nosotros».
Podemos comprender su indignación.
Han trabajado más y esperan recibir más.
Pero hay algo significativo en su
protesta. Cuando reciben el denario que habían pactado, no dicen: «Danos más
a nosotros». Lo que exigen es que a los otros se les dé menos.
Y aquí Jesús toca una fibra muy
profunda de nuestro corazón. Porque también nosotros podemos caer en esa
lógica: no nos basta con recibir lo que necesitamos; necesitamos compararnos
con los otros. Queremos saber quién merece más, quién merece menos, quién ha
hecho méritos y quién no.
Y Jesús responde: «¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?»


