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lunes, 13 de febrero de 2017

Beato Oscar Romero, MARTIR



Es oficial. Hoy el Vaticano reconoció por fin lo que el pueblo de Dios siempre ha sabido: el arzobispo Oscar Romero es un mártir. El Decreto fue hecho público hoy en Roma, y la ceremonia oficial de beatificación será pronto. Gracias a Dios por el papa Francisco, que ayudó a "desbloquear", como él dijo, la causa de Monseñor Romero. Que la iglesia tomara tanto tiempo para declarar mártir a un mártir tan obvio estaba siendo un escándalo. 

¡Beato Oscar Romero, ruega por nosotros!

sábado, 1 de noviembre de 2014

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS (1 de noviembre)


Salmo responsorial: Salmo 23
Segunda lectura: 1Jn 3,1-3
Evangelio: Mt 5, 1-12a

Hoy la Iglesia celebra en una única fiesta la santidad que Dios derrama sobre las personas que confían en él. ¡Una fiesta extraordinaria, que hace crecer en nosotros el deseo de imitar a los santos en su amistad con Dios! 
  ¡Qué bonito convertirse en santo! Ciertamente no por las imágenes y los devotos que encienden cirios a sus pies.... Sino porque llegar a ser santo significa realizar el proyecto que Dios tiene sobre nosotros, significa convertirse en la obra maestra que él ha pensado para nosotros. Dios cree en nosotros y nos ofrece todos los elementos para convertirnos en santos, como él es Santo. Sólo Dios es Santo, pero desea compartir esta santidad con nosotros. ¡La santidad, como diría santa Teresa de Lisieux, no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias!
Hoy es la fiesta de nuestro destino, de nuestra llamada. La Iglesia en camino, hecha de santos y pecadores, nos invita a fijarnos en la verdad profunda de cada persona: tras cada mirada, dentro de cada uno de nosotros, se esconde un santo en potencia. Cada uno de nosotros nace para realizar el sueño de Dios y nuestro puesto es insustituible en este mundo.  
El santo es el que ha descubierto este destino y lo ha realizado; mejor aún: se ha dejado hacer, ha dejado que Dios tome posesión de su vida.  
 
El santo  
La santidad que celebramos es la de Dios y, acercándonos a él,  primero somos seducidos y después contagiados. La Biblia a menudo habla de Dios y de su santidad, de su amor perfecto, de equilibrio, de luz, de paz. Él es el Santo, el totalmente otro, pero la Escritura nos revela que Dios desea fuertemente compartir la santidad con su pueblo.  
Dios ya nos ve santos, ve en nosotros la plenitud que ni siquiera nos atrevemos a imaginar, conformándonos con nuestras mediocridades.  
No hay más que una tristeza: la de no ser santos. ¡Qué gran verdad!  
El santo es todo lo que de más bello y noble existe en la naturaleza humana; en cada uno de nosotros existe la nostalgia de la santidad, de lo que somos llamados a ser: escuchemos esa llamada, esa nostalgia. Saquemos a los santos de las hornacinas de la devoción en las que los hemos desterrado y convirtámoslos en nuestros amigos y consejeros, en nuestros hermanos y maestros, repongámoslos en la cotidianidad de nuestra vida, escuchémoslos cuando nos sugieran el recorrido que nos lleva hacia la plenitud de la felicidad. Los que han vivido a Dios en su totalidad desean vivamente que también nosotros experimentemos la inmensa alegría que ellos han vivido.