A los 50 años del Concilio Vaticano II, en el Año de la Fe proclamado por Benedicto XVI, con la esperanza abierta en la elección del Papa Francisco, es bueno rescatar la utopía y espíritu profético de estos Padres Conciliares.
Pacto suscrito pocos días antes de la finalización del Concilio Vaticano II por cuarenta Padres Conciliares encabezados por Dom Helder Camara,
obispo de Olinda Recife en la eucaristía celebrada en la Catacumba de Santa
Domitila, Roma.
“Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros en una iniciativa en la que cada uno de nosotros ha evitado el sobresalir y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos en el episcopado; contando, sobre todo, con la gracia y la fuerza de nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y con la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo que sigue:


