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lunes, 18 de marzo de 2013

ESPÍRITU PROFÉTICO Y UTOPÍA DEL VATICANO II


A los 50 años del Concilio Vaticano II, en el Año de la Fe proclamado por Benedicto XVI, con la esperanza abierta en la elección del Papa Francisco, es bueno rescatar la utopía y espíritu profético de estos Padres Conciliares.

Pacto suscrito pocos días antes de la finalización del Concilio Vaticano II por cuarenta Padres Conciliares encabezados por Dom Helder Camara, obispo de Olinda Recife en la eucaristía celebrada en la Catacumba de Santa Domitila, Roma.



“Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros en una iniciativa en la que cada uno de nosotros ha evitado el sobresalir y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos en el episcopado; contando, sobre todo, con la gracia y la fuerza de nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y con la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo que sigue:

miércoles, 27 de febrero de 2013

ULTIMA AUDIENCIA GENERAL DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI:


 “HE PEDIDO A DIOS QUE ME ILUMINASE PARA TOMAR LA DECISIÓN MÁS JUSTA, NO POR MI BIEN, SINO POR EL BIEN DE LA IGLESIA”.


“Como el apóstol Pablo en el texto bíblico que hemos escuchado, yo también siento en mi corazón que ante todo tengo que dar gracias a Dios que guía a la Iglesia y la hace crecer, que siembra su Palabra y alimenta así la fe en su Pueblo. En este momento mi corazón se expande y abraza a la Iglesia extendida por todo el mundo, y doy gracias a Dios por las "noticias" que en estos años de ministerio petrino he recibido sobre la fe en el Señor Jesucristo, y sobre la caridad que circula realmente en el cuerpo de la Iglesia y hace que viva en el amor, y sobre la esperanza que nos abre y nos orienta hacia la plenitud de la vida, hacia la patria celestial”.
Siento que os llevo a todos conmigo en la oración, en un presente que es de Dios, en el que recojo cada uno de los encuentros, cada uno de los viajes, cada visita pastoral. Todo y todos reunidos en oración para confiarlos al Señor, porque tenemos pleno conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría e inteligencia espiritual, y por qué nos comportamos de una manera digna de Él y de su amor, llevando fruto en toda buena obra.