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miércoles, 1 de octubre de 2014
domingo, 28 de septiembre de 2014
Papa Francisco a los jesuitas en los 200 años de la Restauración de la Compañía de Jesús
El
27 de septiembre de 2014, el Papa presidió las Vísperas de Acción de Gracias
por la Restauración de la Compañía de Jesús, hace 200 años. Estas son las palabras
dirigidas a los jesuitas en el transcurso de la celebración:
La Compañía distinguida con el
nombre de Jesús ha vivido tiempos difíciles, de persecución. Durante el generalato
del p. Lorenzo Ricci "los enemigos de la Iglesia llegaron a obtener la
supresión de la Compañía" (Juan Pablo II, Mensaje al p. Kolvenbach, 31 de
julio de 1990) por parte de mi predecesor Clemente XIV. Hoy, recordando su
reconstitución, estamos llamados a recuperar nuestra memoria, recordando los
beneficios recibidos y los dones particulares (cf Ejercicios Espirituales,
234). Hoy quiero hacerlo aquí con ustedes.
En tiempos de tribulaciones y
turbación se levanta siempre una polvareda de dudas y de sufrimientos, y no es
fácil seguir adelante, proseguir el camino. Sobre todo en los tiempos difíciles
y de crisis llegan tantas tentaciones: detenerse a discutir las ideas, a
dejarse llevar por la desolación, concentrarse en el hecho de ser perseguidos y
no ver nada más.
Leyendo las cartas del p. Ricci
me impactó una cosa: su capacidad para no dejarse sujetar por estas tentaciones
y de proponer a los jesuitas, en el tiempo de la tribulación, una visión de las
cosas que los arraigaba aún más a la espiritualidad de la Compañía.
El p. General Ricci, que
escribía a los jesuitas de entonces, viendo las nubes que se espesaban en el
horizonte, los fortalecía en su pertenencia al cuerpo de la Compañía y a su
misión. He aquí: en un tiempo de confusión y turbación hizo discernimiento. No
perdió el tiempo para discutir ideas y quejarse, sino que se hizo cargo de la
vocación de la Compañía.
Y esta actitud ha llevado a los
jesuitas a experimentar la muerte y resurrección del Señor. Antes de la pérdida
de todo, incluso de su identidad pública, no opusieron resistencia a la
voluntad de Dios, no opusieron resistencia al conflicto, tratando de salvarse a
sí mismos. La Compañía -y esto es hermoso- vivió el conflicto hasta el final,
sin reducirlo: vivió la humillación con Cristo humillado, obedeció. Nunca se
salva uno del conflicto con la astucia y con estratagemas para resistir. En la
confusión y ante la humillación, la Compañía prefirió vivir el discernimiento
de la voluntad de Dios, sin buscar una salida al conflicto de modo aparentemente
tranquilo.
domingo, 21 de septiembre de 2014
DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo A)
Primera Lectura: Is 55, 6-9
Salmo Responsorial: Salmo 144
Segunda Lectura: Flp 1, 20-27
Evangelio: Mt 20, 1-16
Difícil historia la del perdón. Una reflexión
ácida, dura, que nos inquieta por dentro. El perdón es laborioso, serio, exige una
conversión radical. Sin embargo en el perdón se juega gran parte de la
credibilidad del cristianismo. El perdón que trastorna la violencia, que se
vuelve profecía de un mundo nuevo, que redibuja el rostro humano, transformándolo
en imagen de Dios, devolviéndolo a su rostro auténtico.
La comunidad cristiana, con su modo de
entretejer relaciones, con su capacidad de discutir (¡ y pelear!) de “otra” manera,
con su capacidad de tomar en serio la suerte de cada hermano, se convierte en una
anticipación del mundo nuevo.
Todo esto en teoría, porque pasados ya trece años
del atentado a las torres gemelas el mundo sigue viviendo en la inquietud y en
la violencia, incapaz de convertirse a lo que es obvio: que sólo en el perdón y
en la aceptación de la diversidad podremos vivir una vida provechosa para todos.
En cada uno de nosotros, hay un pequeño déspota
que quisiera ser el dictador de los demás.
Hemos sobrevivido a dos semanas de Palabra de
Dios urticante, y hoy nos encontramos con la parábola del dueño de la viña, que
nos muestra la lógica de la gratuidad total, completamente diferente a la
lógica basada en los méritos.
Incomprensible
La actitud del dueño de la viña es ciertamente incomprensible:
la viña tiene mucha tarea, es grande y necesita muchos obreros para poder llevar
a cabo la vendimia. Sale a la calle pronto, por la mañana, para contratar a los
primeros obreros. Cuando ve que todavía no bastan, vuelve para buscar más obreros
y establece con ellos "lo que es justo" como recompensa del trabajo.
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