Traducir

Buscar este blog

domingo, 31 de diciembre de 2017

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS (1 de enero)

Primera Lectura: Num 6, 22-27
Salmo Responsorial: Salmo 66
Segunda Lectura: Gal 4, 4-7
Evangelio: Lc 2, 16 -21

      La Navidad puede cumplir nuestras esperanzas más profundas o puede ser una agradable borrachera de un momento pero que al final nos deja decepcionados. Todo depende de cómo respondamos a la ocasión. Dios nos da una oportunidad excepcional con el regalo de su Hijo, ¿qué hacemos con este don? Hoy encontramos tres grupos en el evangelio, cada uno de ellos contesta de manera diferente al don de Dios.
            Los pastores escuchan la palabra de los ángeles, averiguan de qué va el tema, y reconocen a su Señor. Ellos aprecian el don de Dios como nosotros, reunidos hoy para celebrar la Eucaristía en esta mañana de Año Nuevo.  Sabemos que el Salvador ha llegado y que tenemos que ponernos a su servicio. Nosotros también lo haremos, pero por algún tiempo, pero no mucho, porque pronto caeremos en la tentación de maldecir al abuelo que conduce muy lentamente su coche por la calle, o bien a la joven madre que - presurosa - va demasiado aprisa del trabajo a casa.
            El segundo grupo que encontramos en la lectura es el de las personas que, como los pastores, cuentan lo que han visto y oído. Ellos quedan maravillados, pero tampoco esto es muy significativo. En el evangelio hay muchos que quedan maravillados por los milagros de Jesús, pero no todos lo siguen. Su fe no tiene mucha raíz como la gente que celebra las fiestas de modo superficial. Reconocen el regalo del tiempo que Dios nos concede para celebrar los acontecimientos, pero se olvidan del objetivo que es conocer, amar y servirá a Dios, como Ignacio de Loyola nos recuerda en el Principio y Fundamento de los Ejercicios Espirituales.
            En el tercer grupo sólo una persona comprende plenamente: María la Madre de Dios. Ella conservaba todas las cosas en su corazón. Es la perfecta cristiana que no solamente escucha la Palabra, sino reflexiona para llevarla a la práctica. Ella nos da un modelo para vivir nuestras propias vidas. En la encarnación facilitada por María, Dios, haciéndose hombre, llena de santidad cada fragmento de vida, desde el trapo para lavar el suelo, a la mano grasienta de un mecánico, al esfuerzo repetitivo de un obrero en la fábrica. Desde la maternidad divina de María ya no existen lugares y tiempos sagrados. Existe un lugar y un tiempo santo que es la vida de cada uno, en la que Dios elige habitar. Para darnos cuenta de esta transfiguración tenemos necesidad de silencio y oración, como hace María, la bonita, guardando en el corazón todos los acontecimientos, poniendo juntos, ante el Señor, los trozos de la vida: el alboroto de la noche del parto, la visita inesperada y llena de estupor de los pastores, la fatiga de tener un recién nacido que, incluso siendo la presencia misma de Dios, hay que amamantarlo y cambiarle los pañales o a cualquier recién nacido del mundo.

sábado, 30 de diciembre de 2017

DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA (Ciclo B)


Primera Lectura: Eclo 3, 2-6.12-14
Salmo Responsorial: Sal 127
Segunda Lectura: Col 3, 12-21
Evangelio: Lc 2, 22-40


Fiesta de la sagrada familia, nos dice la liturgia. Fiesta de nuestra familia, añado yo. La familia concreta, objetiva, real de la que cada uno proviene o que ha formado o que desea formar. La familia que hoy día ya no es única, ni unívoca, y de la cual la Iglesia, con el impulso del Papa Francisco, está tomando buena cuenta y preocupación en el Sínodo.
Hoy nos encontramos muchos tipos de familia y todas basadas en el amor: la católica indisoluble, la no-católica pero con un vínculo sagrado que puede ser soluble según circunstancias, los matrimonios civiles, los divorciados casados antes por la Iglesia y vueltos a casar civilmente, las familias monoparentales, los homosexuales unidos en un vínculo civil, las parejas de hecho con derechos civiles reconocidos por la ley, las parejas que viven juntas sin más.
Por eso, celebrar en estos tiempos esta fiesta es algo chirriante y necesario, que hace reflexionar, como una provocación que vuela sobre nuestros líos políticos y sociales, que da vigor y energía a nuestra vida cotidiana, que da cuerpo a nuestras celebraciones de  Navidad.
Qué nos guste o no la familia es y queda en el corazón de nuestro recorrido por la vida, de nuestra educación, a menudo es al origen de mucho sufrimiento - ¡cuánto dolor existe en  tantas parejas rotas! -, de alguna desilusión y, gracias a Dios, sobre todo de inmensa alegría. Nos dice el Papa: “Tener un lugar a donde ir, se llama hogar. Tener personas a quien amar, se llama familia, y tener ambas se llama bendición.”
¡Qué bueno es que Dios haya querido experimentar la vida familiar, pero nos da qué pensar que, para hacerlo, haya elegido una familia tan desdichada y tan complicada.
Por otra parte nos asombra que la Iglesia se obstine en proponer como esta familia como modelo, una familia francamente inusual: el padre del niño no es el padre biológico, la pareja vive en la abstinencia, el hijo es la presencia de la Palabra de Dios y la pareja se ve obligada a escapar a causa de la notoriedad del recién nacido...
Pero no es precisamente por su diversidad por la que queremos seguir a María y José, sino en su concreción de pareja que ve la propia vida rebosante de la acción de Dios, en su capacidad de ponerse aparte, en serio, sin chantajes y con honestidad, sin angustias, para integrarse en un proyecto más grande, el proyecto que Dios tiene sobre el mundo.

La dura realidad
Hoy celebramos la Sagrada Familia, tan diferente de nuestras familias y sin embargo tan idéntica a nuestras en dinámicas afectivas. Escuchad una reflexión del Papa Francisco:

domingo, 24 de diciembre de 2017

NATIVIDAD DEL SEÑOR (B)


Primera lectura: Is 9, 1-3.5-6
Salmo Responsorial: Salmo 95
Segunda lectura: Tit 2,11-14
Evangelio: Lc 2,1-14

Aquí estamos
Nos hemos preparado, hemos recorrido el camino del Adviento, hemos dejado que la Palabra nos condujese, que iluminara nuestro tiempo frágil, nuestros momentos de inquietud, que nos diese una esperanza entre tantas palabras fuertes como crisis, corrupción, quiebra, sacrificios, guerras, violencia, odio por doquier...
¿Quién nos puede salvar verdaderamente de todo ello?
Los organismos nacionales e internacionales, ciertamente, tienen que deben encontrar el modo de salir de la dictadura de los mercados, de la locura de una economía que condiciona nuestras opciones de cada día, salir fuera de lo que parece un ineludible capitalismo sin frenos, sin reglas, sin medida.
Pero la salvación de estas esclavitudes no nos basta, no es suficiente; evidentemente es necesaria para vivir decorosamente del fruto de nuestro ingenio y de nuestro trabajo, pero la salvación que necesitamos es otra muy distinta.
César Augusto, gracias a su hábil política, inauguró la edad de oro de la “pax romana” y su llegada fue saludada como una señal de abundancia para todo el imperio. El 23 de septiembre, fecha de su nacimiento, se celebraba como el principio del año solar y el emperador fue proclamado “salvador” de cada hombre.
Pero justo bajo su Imperio, en una oscura aldea de pastores, una joven pareja de galileos dan a luz su primogénito: el Salvador. El verdadero. El único.

Desintoxicarse
Ojalá que la crisis de nuestra sociedad nos lleve al menos a un buen resultado: a reconducirnos a lo esencial, hacernos volver al sentido profundo de lo que vivimos, a retomar la Navidad en su auténtico sentido, tan rebajado por nosotros, cristianos, a la feria de los buenos sentimientos.
La atmósfera que circunda la Navidad nos emociona, y es inevitable que sea así. Pero ha llegado el momento de dejar que, además de la emoción, sea la teología la que nos hable al corazón.
Creemos saber todos los acontecimientos que celebramos. Quizás haga falta animarnos a borrar nuestros recuerdos y nuestra fantasía, para volver a aquella noche de la primera Navidad.

¿Qué ocurrió?
Una joven pareja llega a Belén, la ciudad que ha visto nacer el rey David. Llegan allí a causa de un censo, posiblemente un censo regional, un modo que, desde siempre, tienen los poderosos de manifestar su autoridad.
La mujer está esperando a su primogénito y es acogida en casa de algún pariente, porque era inimaginable que fueran rechazados, teniendo en cuenta  el sentido sagrado que tiene la hospitalidad en el mundo oriental. Pero para proteger su pudor pare en la trasera de la casa, normalmente constituida por un único espacio, en el que se custodiaban los animales de tamaño pequeño, las vituallas alimenticias y la caja fuerte de cada vivienda.

MISA VESPERTINA EN LA VIGILIA DE NAVIDAD (24 de diciembre)


Primera Lectura: Is 62,1-5
Salmo Responsorial: Salmo 88
Segunda Lectura: Hech13, 16-17.22-25
Evangelio: Mt 1, 1-25

Navidad, fiesta de la alianza amorosa 
Acabamos de escuchar en la lectura del profeta Isaías que Jerusalén, la ciudad destruida y prostituida por sus enemigos, desterrada y solitaria, infiel y  pecadora, es, a pesar de todo, invitada por Dios a unirse a Él en una alianza de amor, como  una novia virgen y joven.
Es ésta una de las más bellas imágenes de lo que es Navidad, día en el que brilla desbordante el apasionado amor de Dios hacia los hombres; el total y absoluto amor, más fuerte  que la misma infidelidad.
Hoy se nos dice que no es cierto que Dios castigue nuestro pecado y desprecie nuestra  pequeñez. El Dios de Jesús, no conoce el resentimiento ni la venganza. Todo  él vibra como un novio en la noche de bodas. Y en esta Vigilia de Navidad, la novia es la humanidad;  mujer de cuyo seno brota y surge el bello fruto de la libertad, de la paz, de la justicia y de la  alegría.
El esposo divino hoy invita a su mujer humana a vivir amando, a amar gozando, a gozar  entregándose. Y nosotros lo intuimos bastante bien al considerar este día como una de nuestras fiestas  populares más grandes y más bulliciosas, además de ser la más íntima y más familiar del año. Es la  noche de bodas de Dios y la humanidad.

sábado, 23 de diciembre de 2017

DOMINGO 4º DE ADVIENTO (Ciclo B)



Primera lectura: 2 Sam 7, 1-5.8b-12.14a.16
Salmo Responsorial: Salmo 88
Segunda lectura: Rom 16, 25-27
Evangelio: Lc 1, 26-38

Hacer nacer a Dios. Hacerlo renacer. Dejar que sea él quien ilumine nuestras vidas, nuestra vida diaria, nuestras crisis financieras previstas o no, nuestro odio difuso que se cuela por las rendijas de nuestra sociedad. No para huir de una realidad cada vez más tenebrosa, sino para darle un nuevo horizonte de luz.
Sabemos lo que es una vida basada en las falsas apariencias, en la competencia por la buena imagen y el quedar bien; ya hemos visto lo que significa luchar para poder conseguir el último artilugio electrónico; ya hemos visto cómo está este país en el  que la vulgaridad se convierte en el nuevo lenguaje, la tergiversación en historia, y el cotilleo y la habladuría se transforma en virtud; hemos visto lo que pasa cuando la economía, tantas veces corrupta, se convierte en la nueva ideología dominante.
Tal vez, incluso, alguna vez, hemos dado gracias por ello, por estar en esta sociedad del bienestar…
Ahora, hoy, en este 4º domingo de Adviento, demos gracias a Dios.

El Dios verdadero
No al “Dios” que nos hemos fabricado a nuestra imagen y semejanza. No al bendice nuestras batallas y guerras, no al elevado sobre estandartes de conquista, no al que protege nuestras propias ideas. No al Dios que establece la autoridad constituida, no al que exalta el dolor y nos pide soportarlo con cristiana resignación. No al Dios de las procesiones y ceremonias huecas, de los milagros y de las apariciones que nos liberan de responsabilidad y nos adormecen el alma; el Dios de los hombres extraordinarios y de los santos extraños e inalcanzables...
Demos, en cambio, gracias al Dios de Jesús: el Dios niño; el Dios inútil. El que fue anunciado por los profetas, esperado y reconocido con asombro por Juan el Bautista. El Dios que nos alcanza cada día y que pide humildemente nacer en cada persona, en cada uno de nosotros.
No falta nada para la Navidad: mañana es Navidad. Una Navidad humilde, llena de inquietudes y de apretarse el cinturón. Una Navidad de ahorro de regalos inútiles, que estará muy atenta al gasto de los banquetes, con un trasfondo de ansiedad por la movilidad del empleo, por el fondo de desempleo, o por el fin del contrato.
Dios nace, aquí y ahora, en la concreta situación de nuestra vida.

David
¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?
María y David son los protagonistas de la Palabra de hoy y ellos nos dan una preciosa indicación: el nacimiento de Dios en nosotros es, ante todo, iniciativa suya.
David, ya envejecido y entristecido por los acontecimientos de la vida, ve su formidable Reino recorrido por movidas secesionistas. El heredero del trono fue matado por su hermano, quien, a su vez, fue asesinado durante una batalla del ejército de David. El tercero hijo será a su vez matado por Bersabé, que quiere poner en el trono a su hijo Salomón. Así será, y David teme que ya ningún descendiente suyo gobernará sobre Israel. Decide construir un templo al Dios que le ha hecho crecer tanto, y Natán, el profeta de la corte, lo para: no será el rey quien construirá una casa para Dios, sino Dios el que le construirá una descendencia. Y así será.

viernes, 15 de diciembre de 2017

DOMINGO 3º DE ADVIENTO (Ciclo B)

¡Alegraos, que ya viene el Salvador! 

Primera lectura: Is 61, 1-2a.10-11
Salmo Responsorial: Lc 1, 46 -50.53-54
Segunda lectura: 1 Tes 5, 16-24
Evangelio: Jn 1, 6 -8. 19-28

La crisis económica, política y de valores que sufre el mundo occidental está produciendo unas Navidades de perfil bajo, casi de trámite. “Porque toca”. ¡Ojalá fuera al contrario!
Es una crisis compleja y articulada que está arrollando al mundo, pero siempre y en todo caso es algo que hemos producido nosotros, por nuestro egoísmo y nuestra avaricia. Es una situación que nos hace frágiles e inseguros. La fiesta de Navidad se ha convertido en la cumbre de las compras y regalos, pero desde hace años tenemos que echar cuentas porque ahora buscamos más bienes que consideramos de primera necesidad, pero no tenemos medios para ellos y tenemos que actuar en todo con mayor prudencia.
¡Qué actuales resuenan, en esta situación, las invitaciones a la confianza y a la alegría que nos presenta este tercer domingo de Adviento!
El mundo nos muestra ampliamente sus límites, las falsas promesas de un bienestar difuso y de un crecimiento global que tiene que vérselas con la dura realidad: todo proyecto, incluso el más virtuoso y devoto, se enfrenta con el egoísmo humano, con los pocos que, siendo ya ricos, son arrollados por el ansia del poder y de la riqueza, empobreciendo los demás.
Es verdad que tenemos que encontrar soluciones comunes y compartidas, pero tenemos que fijarnos, ante todo con autenticidad, en la naturaleza humana y en sus límites. Sólo una mirada que sepa ir más allá, que ponga la atención en otro lugar podrá construir un mundo diferente.
Permanecer en la alegría significa hacer una elección del campo en el que nos jugamos la vida: alinearse con la esperanza o con el desastre.
Alegrarse no es sólo una emoción sino un gesto de voluntad. Uno puede alegrarse también en la dificultad. Como hicieron los desterrados de Jerusalén.

Retorno
¿Recordáis la primera lectura de domingo pasado? Cuando un nuevo autor continúa la escritura del libro de Isaías, aquella profecía ya se ha realizado: ahora, en la primera lectura de hoy, son los persas los que dominan la escena política: los babilonios son derrotados y los judíos son liberados, después de setenta años de deportación. El regreso a casa es difícil y lleno de peligros, pero lo peor es que en Jerusalén ya nadie se acuerda de ellos. Los deportados son confinados en las afueras de la ciudad, sobre la altura de Sión; sus tierras ya están siendo cultivadas por otros; judíos sin escrúpulos aprovechan la crisis financiera del momento (!) para prestar con intereses de usura, y una inesperada carestía lleva a los umbrales de la muerte a los recién liberados. Supervivientes de la esclavitud, ahora están amenazados de morir de privaciones en la ciudad que los ha olvidado. E Isaías, en este caso el llamado tercer Isaías, profetiza e invita a todos a la alegría.

lunes, 11 de diciembre de 2017

¿Cristiano sentado en el sofá?

Voces Esejota

Este canal de Youtube nace de la intuición de algunos jesuitas de España y está dedicado a quienes se hagan preguntas y no tengan las cosas siempre claras; a quienes quieran escuchar otra manera de pensar y de vivir; a quienes estén cansados de escuchar siempre los mismos mensajes y necesiten tener horizontes más abiertos, más universales y sobre todo, a quienes intentan seguir el mensaje de Jesús y sientan que están en tierra de nadie.

==========================================================



¿Cristiano sentado en el sofá? 

domingo, 10 de diciembre de 2017

DOMINGO 2º DE ADVIENTO (Ciclo B)

Preparad el camino al Señor
Primera Lectura: Is 40, 1-5.9-11
Salmo Responsorial: Sal 84
Segunda Lectura: 2 Pe 3, 8-14
Evangelio: Mc 1, 1-8


¿Cuándo comenzó todo?
Comienzo del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios… acabamos de escuchar. Ahí empezó todo, porque los primeros cristianos conocieron a Jesús a través de las palabras de los apóstoles. Se convirtieron en seguidores del Nazareno, fueron llamados “los seguidores del camino”, tenían el corazón lleno de las palabras del Maestro que les habían transmitido unas almas ardientes y sencillas. Conocen las palabras del Maestro, conocen sus prodigios y sus promesas.
Los primeros cristianos eran curiosos, sobre todo los que habitaban lejos de Jerusalén, perdidos en la Babilonia de los gentiles. ¿Cuándo comenzó todo?
Es Marcos el que se decide a redactar una narración. No un tratado de teología sino una historia, una narración de los hechos, una buena noticia, un evangelio.
Tampoco era una novedad. Por entonces ya circulaban las “buenas noticias” (euanguelion) que celebraban las proezas de los emperadores. Grandes proezas hinchadas o falsas, hombres que eran tenidos por dios, disputándose entre ellos el trono con violencia.
En la historia de Marcos, en cambio, se habla de un judío marginal que vivió en los confines del imperio. Marcos, ayudado probablemente por Pedro el pescador, pone en orden los acontecimientos, para que Cristo también pueda nacer en el corazón de quién lo escucha y de quien oye hablar de él.
Por eso estamos aquí: para hacer espacio a Dios en nuestro corazón.

Consuelos y caminos
No hagamos un simulacro de que Jesús va a nacer. Queremos hacerlo nacer de verdad en nuestra vida, cada día, fortaleciendo el manantial de vida que habita en nosotros, redescubriendo en nosotros el rostro de Dios que él mismo nos ha contado.
Un Dios que consuela, como nos dice Isaías, desde su deportación en Babilonia con todo el pueblo de Israel. Ya habían pasado cuarenta años desde el incendio de la ciudad santa y muchos ya se habían integrado en la sociedad babilonia. Ya no piensan en una vuelta a la patria, ¿para qué?
Desde su desesperanza y su desidia, Isaías los vuelve a llamar a lo esencial. Para descubrir el consuelo de Dios hace falta construir un camino en medio del desierto.
Babilonia y Jerusalén estaban separadas por un desierto inmenso y los antiguos hubieran preferido construir un camino que bordeara las montañas, durante mil largos kilómetros, con tal que de no afrontar aquel desierto.

jueves, 7 de diciembre de 2017

INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA (8 de diciembre)


Primera Lectura: Gen 3,9-15.20
Salmo Responsorial: Salmo 97
Segunda Lectura: Ef 1,3-6.11-12
Evangelio: Lc 1, 26-38

          En pleno tiempo de Adviento la Iglesia nos presenta la fiesta litúrgica de la Inmaculada Concepción de María. No se pretende hacer un paréntesis litúrgico, sino más bien contemplar a uno de los personajes clave de este tiempo, que está en el interior de nuestro camino de fe: María, la madre de Jesús.
       Muy pronto las iglesias primitivas entendieron que María desarrolló un papel importante en todo el diseño salvador de Dios y por eso la admiraron con amor, y trataron de imitar sus virtudes. Las pocas referencias a ella que encontramos en los evangelios, nos hacen entender que la figura de María y su presencia animaron sin afanes ni protagonismos la espiritualidad de los primeros cristianos. Lo mismo habría que decir de los cristianos de las generaciones posteriores, de los padres de la Iglesia, y de todos los cristianos que la contemplan a lo largo del tiempo no sólo como la madre del Verbo hecho carne, sino como madre de todos los creyentes. Muchos títulos e invocaciones han sido dados a María durante la historia cristiana. Es obvio que la madre del Salvador hubiera recibido de Dios algunos regalos y algunas gracias, no por justo mérito, sino en virtud del favor y de la gratuidad divina. María emerge de las narraciones de Lucas y de los otros evangelistas como una chica de gran equilibrio, con una experiencia de vida que se parece a la nuestra. Por eso es el modelo de cada cristiano.

            María del Adviento
            En este tiempo de Adviento tenemos la necesidad de despertarnos, porque tenemos el peligro de vivir un poco “dormidos”, fuera de la verdadera vida; todos atareados en encontrar espacios para descansar, olvidando lo esencial. También María, joven creyente, se encuentra en el trajín familiar: el trabajo hogareño de aquel tiempo, las amistades, el tiempo libre.... Y es en este contexto ordinario cuando ocurre lo inaudito: a María se le pide convertirse en la puerta de entrada de Dios en el mundo. ¿Fácil, no? Y si nos hubiera sucedido a nosotros, si Dios nos hubiera dicho: “Oye, necesito que me eches una mano para salvar el mundo”, ¿qué hubiéramos contestado? María titubea, se agobia: ¿cómo es posible todo esto? ¡Pero el ángel le recuerda que no hay que poner obstáculos a Dios porque él sabe lo que hace! Y María cree, confía en el Señor. 
            Uno se queda atónito, incrédulo, asombrado de la sencillez de esta respuesta de María: “¡aquí estoy!” ¡Cuantas consecuencias va a tener esta disponibilidad! ¡Menudo cambio radical va a llevar consigo este “sí” de María! Problemas con su situación familiar, con un prometido que ve a Dios como su competidor en el amor.... Problemas con este niño que tendrá que ser mirado continuamente como un Misterio.... Problemas con este “Maestro” tan ocupado en el anuncio que se olvidará de su familia para abrirse a una familia más amplia.... Sufrimiento al ver a un hijo inocente condenado a muerte.... Es ésta la terrible y sobrecogedora grandeza de la vida cotidiana de quien Dios se hace presente. María se fía, cree en el Dios de lo imposible. 

sábado, 2 de diciembre de 2017

DOMINGO 1º DE ADVIENTO (Ciclo B)


Primera lectura: Is 63,16b -17.19b; 64, 2-7
Salmo Responsorial: Salmo 79
Segunda lectura: 1 Cor1, 3-9
Evangelio: Mc 13, 33-37

                       Volvemos a empezar
Primer domingo de Adviento, este año siguiendo el evangelio de San Marcos. Marcos, el muchacho que siguió a Jesús hasta Jerusalén, y en cuyas casa se reunieron los discípulos después de la crucifixión. Marcos que siguió a Pablo, más bien a regañadientes, y por eso fue mandado de nuevo a casa, por la excesiva morriña de adolescente y al que encontramos después a lado del apóstol Pedro.
El evangelio de Marcos está escrito, probablemente, en la comunidad de Roma, con un lenguaje escueto y pobre, pero denso de matices.
Y hoy, en su compañía, una vez más, iniciamos el tiempo de preparación a la Navidad.

¿Cuántas veces?
¿Cuantas Navidades hemos preparado y vivido en nuestra agitada vida? Y aún estamos aquí, no para hacer un simulacro del nacimiento de Jesús, porque él nació, vivió, murió y resucitó, sino para dejarlo nacer en nuestra vida una vez más.
Entre su llegada y su retorno estamos tú y yo, estamos nosotros, en este nuestro tiempo. Cada año recorremos la historia de la salvación, escuchamos los mismos evangelios, volvemos al mismo punto de partida, pero, como en una espiral, cada vez a un nivel más profundo. Con esperanza.
Las razones para estar desanimados son muchas; la crisis económica, las dificultades políticas, el creciente clima de pendencia y enfrentamientos, la Iglesia que parece estar cansada de revitalizar la fe, esquinada en un rincón con demasiados miedos y alguna incoherencia que otra de más.
Nos agotamos y no tenemos mucho que contar. Hermanos, necesitamos un redentor.

 Destierros
El pueblo de Israel estaba desde hacía tiempo en el destierro de Babilonia. El desaliento clamaba al cielo: ¿dónde están todas las promesas dadas a los padres? ¿Dónde está el Dios del que hablaban con pasión? Nadie sabe ya hablar de Dios y el profeta Isaías se atreve a decir: no son los padres de la patria los que salvan al pueblo, sino sólo Dios, el redentor.
Las relaciones dentro del clan, en Israel, eran fortísimas. Si un familiar era reducido a la esclavitud, si era víctima de la guerra, o para pagar sus deudas, alguno de la familia tenía que rescatarlo, pagando su liberación o, en último caso, sustituyéndolo en su esclavitud. Era el “goel”, el redentor.
A nosotros, Dios promete rescatarnos, sustituirnos, arrancarnos de las mil esclavitudes en las que hemos caído.

Noches
La escueta parábola con la que iniciamos hoy el conocimiento de Marcos nos abre un mundo. Jesús viene a visitarnos en la noche, de manera escondida. Todos podemos hacer la experiencia de encontrarnos con él, pero de una manera distinta de como los discípulos lo conocieron en su tiempo. La noche, para nosotros, representa la fatiga de la búsqueda, la tensión hacia el ideal de vida, el descubrimiento del mundo de la oración y del mundo interior, de la espiritualidad.
Los rabinos, en sus reflexiones, hablan de cuatro noches: una es en la que Dios creó el mundo, otra en la que llamó a Abraham, la tercera en la que liberó a Israel de la esclavitud de Egipto. La última noche es la del regreso del Mesías.

sábado, 25 de noviembre de 2017

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO (Ciclo A)


 Primera Lectura: Ez 34, 11-12.15-17
Salmo Responsorial: Salmo 22
Segunda Lectura: 1 Cor15, 20-26.28
Evangelio: Mt 25, 31-46

La Iglesia concluye hoy el recorrido del año litúrgico y lo hace con una fiesta y un evangelio intenso, de no fácil comprensión a las inmediatas: la Solemnidad de Cristo rey del universo.
No es que la Iglesia tenga nostalgias monárquicas y tampoco tenemos por qué fijarnos en los poderosos de esta tierra para tomar ejemplo de ellos. La imagen de la realeza, que quizá tengamos que modernizar un poco, quiere comunicar una fuerte profesión de fe: Jesús, el carpintero de Nazareth, aquel judío marginal que vivió hace dos mil años y que anda perdido entre los meandros confusos de la historia, es el Señor del universo, es el que tiene la última Palabra, el que da la medida y el sentido de cada experiencia humana, el que desvela el misterio de Dios, escondido por los siglos.
Contrariamente a lo que pudiera parecer, las vicisitudes humanas no nos están precipitando en un abismo de violencia y de caos, sino en los brazos de Dios. Hace falta mucha fe para hacer semejante afirmación, os lo aseguro, sobre todo después de dos mil años de cristianismo en los que las cosas no parece que hayan cambiado a mejor.
Decir que Cristo es “soberano” de mi vida, significa reconocer que sólo en él tiene sentido nuestro camino de vida y de fe. Y es bonito, al final del año litúrgico, remachar juntos y con fuerza esta nuestra convicción.
Pero hay peros….

Realeza
Leyendo el texto con que Mateo concluye su evangelio, quedamos desconcertados y un poco helados. El clima es oscuro, la visión de este juez implacable como algunos pintores lo han reproducido, el poderoso Cristo de Miguel Ángel de la capilla Sixtina por ejemplo, da miedo. ¿Qué tiene que ver esta página con el resto del evangelio? ¿Se ha equivocado Mateo? ¿O nos hemos equivocado nosotros cuándo seguimos profesando el rostro de un Dios compasivo y misericordioso?
Los pastores, al caer de la tarde, separaban las ovejas de las cabras. Las cabras, sin el “abrigo de lana” suministrado por la madre naturaleza, padecían el frío procedente del desierto y debían ser alojadas en un sitio más caliente, como un establo o debajo una roca. Esta imagen es la que está en el fondo de la narración que hace Jesús, no se trata de una expulsión a no se sabe dónde. Se trata, sencillamente, de una separación de lo que supone protección y atención de los sujetos más débiles. El pastor acoge a las ovejas que lo han reconocido en el rostro del pobre, del débil, del perseguido.

sábado, 18 de noviembre de 2017

DOMINGO 33º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo A)


Primera Lectura: Prov 31,10-13.19-20.30-31
Salmo Responsorial: Salmo 127
Segunda Lectura: 1Tes, 5,1-6
Evangelio: Mt 25,14-30

Estamos a punto de despedir a Mateo en las lecturas de este año litúrgico, el publicano convertido en discípulo del Reino de Dios, al que hemos seguido en su evangelio, para encontrarnos con Marcos, discípulo de Pedro, e iniciar el recorrido del Adviento.
Pero antes de dejarlo, Mateo nos va a dejar algunas parábolas comprometidas, ya no dirigidas al auditorio inmediato de Jesús, sino a las comunidades cristianas que se inspiran en él, pero que corren el riesgo de vivir adormecidas y de no creer ya en la llegada del Señor, con su regreso en gloria.
Frente a ellas, Mateo nos dice, que estamos llamados a mantenernos despiertos y activos. Estamos llamados a hacer presente el Reino de Dios allí donde vivimos, hasta que él venga. Estamos llamados a hacer rendir los talentos que el Señor nos ha dado.

Talentos
Mateo, de modo distinto que Lucas, añade algunos matices a la parábola de los talentos, orientándola hacia la comunidad que escucha este evangelio. El talento, ya no es un regalo que hemos recibido sólo para el bien común, como se nos ocurriría pensar de inmediato, sino un regalo precioso que el Señor hace a cada uno, y que cada uno de nosotros está llamado a hacer rendir según sus capacidades, una capacidad que, por lo tanto, ya poseemos.
El dueño confía en sus siervos: no les dice cómo tienen que hacer para que el talento rinda al máximo, será la capacidad laboriosa de ellos la que los hará rendir y no, como da a entender Lucas, una cualidad intrínseca al talento; algo que se recibe, y ya está.
Un talento era un gran regalo, no lo olvidemos. Para que tengamos una idea de su magnitud, un talento correspondía a veinte años de trabajo de un obrero, por lo tanto, algo así como entre ciento cincuenta y doscientos mil euros.  Al  primer siervo se le entrega la sorprendente cifra de 1,2 millones de euros, ¡como para hacer una buena inversión!  Y así sucede: los dos primeros siervos hacen rendir los talentos, duplicando su valor.
Pero, en la interpretación de Mateo, ¿qué son los talentos? Son los dones preciosos que Jesús hace a la comunidad cristiana: la Palabra, los sacramentos, la nueva lógica del Evangelio, la comunidad de la Iglesia. Dones preciosos que nos han cambiado la vida y a los que estamos llamados a sacarles rendimiento, y no a dejarlos  hacerse rancios.
Es una tristeza ver a nuestras comunidades hacer como el tercer siervo que entierra el talento del Señor bajo un montón de prescripciones y ritos externos.

Miedos
Por eso, el tercero siervo es castigado duramente, incluso de modo exagerado.
Dios se comporta con él como él se imagina que es Dios: un ídolo vengativo, alguien que “siega donde no siembra y recoge donde non esparce”.
La persona religiosa que se imagina Dios como un monstruo horrible, tendrá una experiencia horrible de Dios, pero es un problema de su imaginación, no de Dios... Si no convertimos nuestro corazón a la novedad del evangelio, a la confianza en un Dios que nos entrega sus tesoros, confiando en nosotros, no haremos más qué llevar pesadamente adelante una idea pequeñita y desalentadora de Él.
Demasiado a menudo, por desgracia, Dios se parece todavía mucho a las proyecciones de nuestros miedos, al Dios juez severo que me controla y me hace sufrir. Ese, hermanos, lo repito una vez más: no es el Dios de Jesucristo.
Una fe que se basa en el miedo no da ningún fruto.
Ante la reacción del tercer siervo, atemorizado por su idea de Dios, el dueño replica irritado: podrías al menos haber puesto el talento en un banco para hacerlo rendir más. ¿No estará aquí hablando Mateo de la comunidad de la Iglesia, donde nuestros talentos personales se multiplican para el bien común?
El drama, en cambio, es que algunos siervos, algunos discípulos, habiendo recibido un gran tesoro, no le sacan rendimiento y obstaculizan a quienes lo harían fructificar. ¡Qué gran verdad es esta!
El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo y sí a la creatividad. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo y sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.
Esta tentación de conservadurismo es más fuerte en tiempos de crisis religiosa. Es fácil entonces invocar la necesidad de controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa… Todo puede ser explicable…, pero ¿no es esto, con frecuencia, una manera de desvirtuar el evangelio y congelar la creatividad del Espíritu, que nos invita a vivir sin miedo?

sábado, 11 de noviembre de 2017

DOMINGO 32º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo A)


Primera Lectura: Sab 6, 12-16
Salmo Responsorial: Salmo 62
Segunda Lectura: 1 Tes 4, 13-17
Evangelio: Mt 25, 1-13

Es frecuente leer en las noticias de los periódicos y en las redes sociales predicciones que, con una absoluta certeza basada en la Biblia, afirman que el fin del mundo sucederá, o habría sucedido, el día tantos de tal mes.
Luego, esas noticias despiertan cierto escepticismo, porque resulta que alguna vidente estableció que el final de los tiempos sería, en cambio, el 21 de diciembre de 2012… y aquí estamos todos esperando de nuevo la venida final del Señor.
Es una broma. Pero no deja de impresionar que siempre hay alguien que siente la necesidad de establecer el final y, a veces, invocando revelaciones secretas y privadas que se entregarán al final de los tiempos.
No importa que el Señor haya repetido muchas veces que nadie sabe el día y la hora de su venida final ...
En estas últimas semanas del año litúrgico, en el que Mateo se nos va despidiendo para encontrarnos con el joven Marcos en el próximo año litúrgico, la Palabra del Señor se va a centrar en el después y en el más allá.
La Fiesta de los Santos y el recuerdo de los difuntos nos ayudaron en este recorrido a aprender a no vivir al día, sino a atrevernos a vivir con esperanza.
Después de aquella fuerte llamada al amor de hace dos domingos y la dura reflexión sobre la religiosidad de fachada, del domingo anterior, hoy hablamos de boda.
La parábola del novio que no llega tiene que ver con la venida final del Mesías. Al menos según la versión de Mateo, que hoy hemos leído.

Incomodidad
El matrimonio en Israel se llevaba a cabo por etapas. La primera fase preveía que el novio fuera al hogar del futuro suegro para tomar a su hija como esposa. Para darle la bienvenida, se preparaban todas las chicas del pueblo y las amigas de la novia, que lo acompañaban riendo y festejando hasta la casa de su futura esposa y, si el evento tenía lugar al atardecer, lo acompañarían con lámparas de aceite.
Hasta ahora, nada extraño: la parábola describe esta costumbre, pero probablemente Mateo tomó las palabras que Jesús había dicho, agregándoles otras palabras del Maestro, dichas en otras ocasiones, para reforzar el significado de la narración.
Dado que, a Israel en la Biblia se le llama la novia, el significado de la parábola escuchada de labios de Jesús es evidente: en el auditorio que está ante él, algunos son como las chicas prudentes y otros como las necias; es decir, algunos dan la bienvenida a Jesús como Esposo y Mesías, y otros no. En resumidas cuentas, nada original.
¿Por qué, entonces, la versión de Mateo es tan extraña?
¡Las chicas prudentes son unas egoístas de aúpa; el novio es un tipo extraño que llega de noche y pretende recibir la bienvenida; las muchachas necias parecen estar bastante liadas cuando van a buscar aceite en medio de la noche!
Pero lo más paradójico es la conclusión: Jesús invita a velar. Y, para rematar, hasta las chicas prudentes se quedan dormidas. Entonces, ¿qué?

sábado, 4 de noviembre de 2017

DOMINGO 31º DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo A)


Primera Lectura: Mal 1,14 – 2,2.8-10
Salmo Responsorial: Salmo 130
Segunda Lectura: 1 Tes 2, 7-9.13
Evangelio: Mt 23, 1-12

A veces representamos a Jesús con una imagen estereotipada: la de un joven barbudo, sonriente, de largos cabellos y con una mirada mística.
Es cierto que el Maestro ha pasado a la historia por su actitud misericordiosa y compasiva, pero no debemos imaginar a un Jesús exangüe, atemorizado, tímido o frágil.
Cuando se trata de defender su idea de Dios y del hombre, Jesús de Nazaret muestra un rostro decidido, fuerte y viril, que sabe hablar sin miedo, que se olvida de las convenciones sociales y de las buenas maneras para exponer los defectos y las hipocresías.
Porque la hipocresía, es decir, la falsedad engañosa, es la actitud que más impresiona a Jesús en su peregrinar evangélico. Ni siquiera el pecado, ni la tibieza en la fe, ni la superstición, que -por otra parte- corrige, sino sólo la hipocresía, esa falsa actitud fingida de quienes se muestran de una manera y piensan de otra.
Y, es curioso, cómo reina la hipocresía particularmente entre creyentes y devotos. Especialmente entre los súper-devotos: los fariseos, los sacerdotes del templo, los escribas, nos dice hoy el evangelio.

Bofetones
Jesús, en el capítulo 23 de Mateo, por siete veces (¡el número de plenitud!) lanza un amenazador ¡ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! a aquellas personas, con una dureza que nos asombra y nos inquieta.
Y es que Jesús no perdona cuando se trata de defender la fe en el Padre, no perdona porque ve que esos comportamientos alejan a los otros fieles, porque cuando la fe se convierte en una caricatura de lo que debería ser, daña a las personas que desean encontrarse con Dios.
Sólo hay una cosa que Jesús no tolera en nosotros, discípulos: la hipocresía; ni el sentido del límite, ni el pecado, sino la ilusión de mostrar una fachada que, además en nuestro caso, pretende ser santa.
¡Cuánto daño hacen al Evangelio nuestras incoherencias! ¡A cuánta gente distancia nuestra aparente seguridad, nuestros juicios, duros y ligeros a la vez! ¡Qué mala publicidad le hacemos a nuestro Dios cuando, aparentemente, respetamos los mandamientos, pero luego los negamos en la oficina, en la casa, en la comunidad de vecinos!
¡Cuántas veces pueden decir de nosotros!: ese…, trae grandes cruces al cuello sin hacer que se note en sus opciones de vida. Y asiste a misas y novenas sin llegar a convertir sus palabras ni sus pensamientos.
Como señala con razón el Papa Francisco: para comportarse de esa manera, es mejor llamarse ateo, al menos así no se ofendería al Evangelio.
Si, para Lucas en el sermón del monte, los “ayes” iban dirigidos a los ricos, para Mateo las personas que puestas en cuestión son los creyentes.
En ese sentido, el comienzo del capítulo de Mateo, que acabamos de escuchar, es esclarecedor: este fogoso discurso de Jesús no se dirige a los aludidos jefes del pueblo, sino “a la gente y a sus discípulos”.  Es decir, a nosotros.

Sacerdotes
Hay muchas comunidades cristianas, muchos discípulos que buscan con sencillez y honestidad vivir el Evangelio del Señor. Pero, a la vez, todos percibimos el grave momento por el que atraviesa la Iglesia, y sufrimos por ello.
Entre los lamentos al uso, a menudo se plantea la triste experiencia de una vida comunitaria pobre y de la mala calidad evangélica de los sacerdotes. Es fácil, hoy en día, criticar a sacerdotes y a obispos, y también nos es muy fácil caer en un chismorreo generalizado. Lo primero que habríamos de hacer es defenderlos.
Los sacerdotes se encuentran en una situación difícil: se les pide una eficiencia sobrehumana, pero muchas veces carecen de oportunidades para vivir una vida serena y equilibrada, incluso humanamente hablando. Creo que no es suficiente invitar a los sacerdotes a la santidad: ¡es necesario proporcionarles las herramientas necesarias para alcanzarla!