Traducir

Buscar este blog

sábado, 9 de mayo de 2026

DOMINGO 6º DE PASCUA (Ciclo A)


Primera Lectura: Hch 8, 5 -8. 14-17
Salmo Responsorial: Salmo 65
Segunda Lectura: 1 Pe 3, 15-18
Evangelio: Jn 14, 15-21

Vivimos tiempos difíciles. Eso ya lo sabe cualquiera. No hace falta que lo diga yo. Lo que sí vale la pena nombrar es que ese malestar no nos es ajeno a los creyentes.

A mí me pesa mucho el clima de contraposición que lo envuelve todo: si eres de aquí o de allá, si crees o no crees, si estás dentro o fuera. Hay muchos que no encajan en ningún bando, que viven en tierra de nadie y se preguntan: ¿yo aquí qué hago?

Y eso, sin contar lo que nos llega de dentro de la propia Iglesia. Comportamientos que duelen, escándalos que no deberían existir. Y sin embargo, aquí estamos. Meditando un evangelio de resurrección. De confianza. De alegría.

No es escapismo. Es que hay algo que el mundo no ve y los discípulos sí.

Socorro

Jesús lo dice con calma en este evangelio: "Os daré otro Paráclito, para que esté con vosotros siempre."

La palabra necesita un momento. Paráclito significa defensor, el socorrista, el ayudante, el mediador, el valedor. El que viene cuando no puedes solo. El que está a tu lado cuando el juicio parece perdido.

Jesús dice que lo envía para que los discípulos no se queden huérfanos. Y esa palabra, huérfanos, importa. No es solo quedarse sin padres: es quedarse sin referencia, sin raíz, sin casa. Y ese es exactamente el riesgo que sentimos en tiempos como estos. Que el ruido nos sature hasta no saber ya qué es verdad.

El Espíritu no viene a resolvernos los problemas. Viene a ayudarnos a leer lo que pasa. A la luz de la fe. Tanto la historia grande como la nuestra propia, que a veces es más oscura que la del telediario.

Con esa luz, las cosas no se vuelven más fáciles, pero sí más legibles. Hay un horizonte donde antes solo había niebla.

Felipe

La primera lectura nos habla de Felipe. Tuvo que huir de Jerusalén cuando estalló la persecución. No fue una salida triunfal. Fue una huida.

Fue a parar a Samaria. Para un judío, era casi lo peor: los herejes, los traidores, la gente con la que no te juntas. Felipe no eligió ir allí. Las circunstancias lo empujaron.

Y allí anunció a Cristo. La gente escuchó. Hubo alegría en aquella ciudad.

Lo que llama la atención es que la misión de Felipe no nace de un proyecto bien diseñado. Nace de una dificultad. La persecución lo lleva al único lugar donde quizás no habría ido por voluntad propia.

¿Os resulta familiar? Cuántas veces lo mejor que nos ha pasado llegó por un camino que no elegimos. Cuántas veces la dificultad fue la puerta.

La Iglesia en Occidente necesita escuchar eso. Si dejáramos de lamentarnos tanto de lo que ya no funciona, y comenzáramos simplemente a anunciar la alegría del Evangelio, sin tanta estructura, sin tanto protocolo, quizás nos pasase algo parecido.

Dar razón…

Pedro, en su carta, dice algo que parece pequeño y es enorme: "Estad siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza."

Dar razón. No gritar, no atacar, no defenderse. Explicar. Con calma. Con lo que tienes.

Para eso hace falta haberlo pensado. Haberlo rezado. Haber ido al fondo de la propia fe, no quedarse en la superficie de los gestos.

Estamos en tensión entre dos tentaciones. La primera: encerrarnos, levantar murallas, tratar el mundo como enemigo. La segunda: un cristianismo tan suave, tan adaptado, tan de acuerdo con todo, que ya no dice nada que no pueda decir cualquier otro. Los dos caminos llevan al mismo sitio: al silencio.

La alternativa es exigente. Es la alianza entre fe e inteligencia. Entre oración y pensamiento. Requiere esfuerzo. Requiere honestidad sobre lo que creemos y sobre lo que todavía no entendemos.

Pero es el único camino que deja algo real. No el impacto del evento grande. La huella de una conversación. De un momento en que alguien te pregunta de dónde sacas la calma, y tú puedes decirle algo verdadero.

El Paráclito nos fue prometido. No para que todo sea más fácil. Para que nada nos deje sin raíz.

Felipe encontró su misión en la huida.

Y Pedro nos pide que estemos listos para responder. Con razón. Con esperanza. Con lo que hemos vivido.

Eso es lo que el mundo necesita oír. Y nosotros somos los únicos que podemos decirlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario