Traducir

Buscar este blog

sábado, 16 de diciembre de 2023

DOMINGO 3º DE ADVIENTO (Ciclo B)

¡Alegraos, que ya viene el Salvador! 

Primera lectura: Is 61, 1-2a.10-11
Salmo Responsorial: Lc 1, 46 -50.53-54
Segunda lectura: 1 Tes 5, 16-24
Evangelio: Jn 1, 6 -8. 19-28

La crisis económica, política y de valores que está sufriendo el mundo está produciendo en occidente una extraña preparación de las Navidades. Por una parte, de perfil bajo, casi de trámite, “porque toca” y, por otra, como si se tratara de una huida para escapar del desánimo y la desesperanza de esa crisis agravada por las guerras.

Es una crisis compleja y articulada que está arrollando al mundo, pero siempre y en todo caso es algo que hemos producido nosotros, por nuestro egoísmo y nuestra avaricia, tanto personal como social e institucional. Es una situación que nos hace más frágiles e inseguros. La fiesta de Navidad se ha convertido en la cumbre de las compras, los regalos y el despilfarro, aunque tengamos que echar bien las cuentas porque ahora buscamos más los bienes de primera necesidad, pero ni siquiera tenemos medios para ellos y hay que actuar en todo con mayor prudencia.

¡Qué actuales resuenan, en esta situación, las invitaciones a la confianza y a la alegría que nos presenta este tercer domingo de Adviento!

El mundo nos muestra ampliamente sus límites, las falsas promesas de un bienestar difuso y de un crecimiento global que tiene que vérselas con la dura realidad y con sus propias trampas. Todo proyecto, incluso el más virtuoso y devoto, se enfrenta con el egoísmo humano y el sálvese quien pueda; con los pocos que, siendo ya ricos, son arrollados por el ansia del poder y de la riqueza, empobreciendo los demás.

Es verdad que tenemos que encontrar soluciones comunes y compartidas, pero tenemos que fijarnos, ante todo con autenticidad, en la naturaleza humana y en sus límites. Sólo una mirada que sepa ir más allá de la realidad, que ponga la atención en otro lugar podrá construir un mundo diferente.

Permanecer en la alegría significa elegir el campo en el que nos jugamos la vida: alinearse con la esperanza o con el desastre.

Alegrarse no es sólo una emoción sino un gesto de voluntad. Uno puede alegrarse también en la dificultad. Como hicieron los desterrados de Jerusalén; como nos toca hacer a nosotros hoy. Alegrarnos en la dificultad.

Retorno

Cuando un nuevo autor continúa la escritura del libro de Isaías, la profecía que escuchamos el domingo pasado ya se había cumplido. Hoy, en la primera lectura, son los persas los que dominan la escena política: los babilonios son derrotados y los judíos son liberados, después de setenta años de deportación.

El regreso a casa se está mostrando difícil y lleno de peligros, pero lo peor es que en Jerusalén ya nadie se acuerda de estos deportados, que son confinados en las afueras de la ciudad sobre la altura de Sión; lo que eran sus tierras ya están siendo cultivadas por otros judíos sin escrúpulos que aprovechan la crisis financiera del momento (!) para prestar con intereses de usura, y una inesperada carestía lleva a los umbrales de la muerte a los recién liberados. Supervivientes de la esclavitud, ahora están amenazados de morir de privaciones en la ciudad que los ha olvidado. E Isaías, en este caso el llamado el tercer Isaías, profetiza e invita a todos a la alegría.

sábado, 9 de diciembre de 2023

DOMINGO 2º DE ADVIENTO (Ciclo B)

Preparad el camino al Señor

Primera Lectura: Is 40, 1-5.9-11
Salmo Responsorial: Sal 84
Segunda Lectura: 2 Pe 3, 8-14
Evangelio: Mc 1, 1-8


¿Cuándo comenzó todo?

Comienzo del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios… acabamos de escuchar. Ahí empezó todo, porque los primeros cristianos conocieron a Jesús a través de las palabras de los apóstoles. Ellos se convirtieron en seguidores del Nazareno y fueron llamados “los seguidores del camino”, tenían el corazón lleno de las palabras del Maestro que les habían transmitido unas almas ardientes y sencillas. Conocen las palabras del Maestro, conocen sus prodigios y sus promesas.

Los primeros cristianos eran curiosos, sobre todo los que habitaban lejos de Jerusalén, perdidos en la Babilonia de los gentiles, y se preguntaban: ¿cuándo comenzó todo?

Es Marcos el que se decide a redactar una narración. No un tratado de teología sino una historia, una narración de los hechos, una buena noticia, un evangelio.

Tampoco era una novedad. Por entonces ya circulaban las “buenas noticias” (euanguelion) que celebraban las proezas de los emperadores romanos. Grandes proezas, unas veces hinchadas y otras falsas, de unos hombres que eran tenidos por dioses, disputándose entre ellos el trono con violencia.

En la historia de Marcos, en cambio, se habla de un judío marginal que vivió en los confines del imperio. Marcos, ayudado probablemente por Pedro el pescador, pone en orden los acontecimientos, para que Cristo también pueda nacer en el corazón de quien lo escucha y de quien oye hablar de él.

Por eso estamos aquí: para hacer espacio a Dios en nuestro corazón.

Consuelos y caminos

No hagamos un simulacro de que Jesús va a nacer. Queremos hacerlo nacer de verdad en nuestra vida, cada día, fortaleciendo el manantial de vida que habita en nosotros y redescubriendo en nosotros el rostro de Dios que él mismo nos ha desvelado.

Un Dios que consuela, como nos dice Isaías mientras sufre su deportación en Babilonia con todo el pueblo de Israel. Ya habían pasado cuarenta años desde el incendio de la ciudad santa y muchos ya se habían integrado en la sociedad babilónica. Ya no piensan en una vuelta a la patria, ¿para qué?

Desde su desesperanza y su desidia, Isaías los vuelve a llamar a lo esencial. Para descubrir el consuelo de Dios hace falta construir un camino en medio del desierto.

Babilonia y Jerusalén estaban separadas por un desierto inmenso y los antiguos hubieran preferido construir un camino que bordeara las montañas, durante mil largos kilómetros, con tal que de no afrontar aquel desierto.

Isaías, en cambio, pide al pueblo construir un camino nuevo justo en medio del desierto, pide al pueblo que se atreva a volar alto con grandes deseos y con grandes ideales.

sábado, 2 de diciembre de 2023

DOMINGO 1º DE ADVIENTO (Ciclo B)


PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Primera lectura: Is 63, 16b -17.19b; 64, 1c-7
Salmo Responsorial: Salmo 79
Segunda lectura: 1 Cor 1, 3-9
Evangelio: Mc 13, 33-37

 

            Volvemos a empezar

Primer domingo de Adviento, este año siguiendo el evangelio de San Marcos. Marcos, aquel muchacho que siguió a Jesús hasta Jerusalén, y en cuya casa se reunieron los discípulos después de la crucifixión. Marcos, que siguió a Pablo más bien a regañadientes, y por eso fue mandado de nuevo a casa, por la excesiva morriña de adolescente y al que encontramos después al lado del apóstol Pedro.

El evangelio de Marcos está escrito, probablemente, en el ámbito de la comunidad de Roma, con un lenguaje escueto y pobre, pero denso en matices.

Y hoy, en su compañía, una vez más, iniciamos el tiempo de preparación a la Navidad.

¿Cuántas veces?

¿Cuántas Navidades hemos preparado y vivido en nuestra agitada vida? Y aún estamos aquí, no para hacer un simulacro del nacimiento de Jesús, porque él ya nació, vivió, murió y resucitó, sino para dejar que él nazca en nuestra vida una vez más.

Entre su llegada histórica y su retorno glorioso estamos tú y yo, estamos nosotros, en este tiempo nuestro, que nos ha tocado vivir. Cada año hacemos un recorrido por la historia de la salvación, escuchamos los mismos evangelios, volvemos al mismo punto de partida una y otra vez, pero lo hacemos, como en una espiral, a un nivel cada vez más profundo. Con esperanza.

Las razones para estar desanimados son muchas: la crisis mundial que la globalidad nos acerca cada vez más; la guerra abierta en distintos frentes; las dificultades políticas en los diversos países del mundo; el creciente clima de pendencia y enfrentamientos sociales; y la Iglesia que parece estar ya cansada de revitalizar la fe, esquinada en un rincón con demasiados miedos y bastantes incoherencias que la hacen poco creíble en muchos momentos. Hermanos, necesitamos un redentor.