Ceniza
Hoy
comenzamos el tiempo santo de la Cuaresma en la Iglesia católica latina. Son
cuarenta días de gracia que nos preparan para celebrar con corazón renovado el
misterio de la Pascua del Señor. La Cuaresma es un tiempo en el que somos invitados a vivir en la renovación y el crecimiento
personal y comunitario. ¡Tomemos pues en serio este tiempo de salvación!
Tomar en serio no significa poner el rostro adusto y triste, cara de vinagre…
sino tomar la vida en nuestras manos y revisarla junto con el Señor a través de
su mirada tierna y amorosa.
Este año,
marcado por tantas crisis y sufrimientos en el mundo, con las heridas abiertas
de guerras que no cesan, como en Ucrania y Palestina, el Papa Francisco nos
invita a vivir esta Cuaresma bajo el lema: "Caminar juntos en la
esperanza". Caminemos, pues, con un corazón confiado en el Señor,
que nunca nos abandona y que nos llama a ser sembradores de esperanza en medio
de la tribulación.
Mensaje
En el
Mensaje para esta Cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, el Papa
nos ofrece alguna reflexión sobre lo que significa caminar juntos en la
esperanza al encuentro de la la misericordia de Dios, de manera
personal y comunitaria.
Antes que nada, caminar. El lema del Jubileo, “Peregrinos de esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. No podemos recordar el éxodo bíblico sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos. Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos somos peregrinos en la vida.
Cada uno puede preguntarse: ¿cómo me dejo interpelar por esta condición? ¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad? Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre. Este es un buen “examen” para el viandante.
Conversión
La Cuaresma
es tiempo de acción, pero también de detenernos en oración para escuchar la
Palabra de Dios y dejarnos transformar por ella. "Convertíos a mí de
todo corazón", nos dice el profeta Joel en la primera lectura.
Convertirse es mirar a Dios con sinceridad, dejarse encontrar por Él, reconocer
su amor y permitir que su gracia renueve nuestra vida.
En el Evangelio de hoy, Jesús apunta alto y discute las manifestaciones
religiosas de los que eran considerados como los devotos de su tiempo. Y tiene
para todos, enseñando la necedad de algunas actitudes que, desafortunadamente,
todavía encontramos hoy entre quienes se dicen cristianos. Critica la
ostentación en la limosna, en la oración y en el ayuno, porque la relación con
Dios no es para ser exhibida ante los demás, sino vivida en lo secreto del
corazón. “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”, nos
dice el Señor.
Jesús,
además, se opone a la costumbre de la oración que se convierte en una
manifestación devocional excesiva, en una ritualidad encerrada en sí misma,
reducida a pura exterioridad y que no conduce a nada. Porque la verdadera
oración es diálogo que nos lleva a la intimidad con Dios. Si alguna oración
debe prevalecer es la oración personal, íntima, escondida, “porque tu Padre
ve en lo secreto”, nos dice el evangelio.
Finalmente, Jesús la toma contra quien practica la ascesis y la
mortificación, sobre todo cuando se la hacemos sufrir a los demás; o cuando presumimos
de estar haciendo un sacrificio para aplacar la ira de un dios justiciero, que
no tiene nada que ver con el Padre misericordioso de nuestro Señor Jesucristo.
Mejor, preguntémonos con humildad: Señor, ¿qué ayuno necesito? ¿Cuáles son las obesidades que me hacen pesado y torpe a la luz del Espíritu? ¿De qué me tengo que vaciar para que tú puedas entrar más en mí?
En resumen, leer esta página evangélica con seriedad nos ha de ayudar a revisar
nuestra existencia con honestidad, a fortalecernos en la oración y a vivir fraternalmente con los demás, y todos juntos
con Dios como hijos queridos del Padre.
Que la ceniza
que hoy recibimos sea símbolo de nuestro deseo de conversión, de una fe más
profunda, de un amor más generoso. Que el Señor nos conceda la gracia de ser
verdaderos peregrinos de esperanza. Que así sea.
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