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jueves, 13 de febrero de 2014
lunes, 10 de febrero de 2014
DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo A)
Primera Lectura:
Salmo Responsorial:
Salmo 111
Segunda Lectura:
Evangelio: Mt 5, 13-16
Arduo asunto éste de ser sal. Si no llegas,
queda todo soso. Y si te pasas, serás escupido de todas las bocas sin
contemplaciones. Así que aplicamos la justa medida y, por prudencia o por
pereza, tendemos siempre a quedarnos cortos. Empeñarse en algo que luego no
sale nos pone en evidencia y eso es muy incómodo. La sal dentro del tarro,
cerradita, da la sensación de estar siempre disponible aunque no se mueva de
ahí…
Chirría bastante y hasta molesta oír y leer
palabras beatíficas en un tiempo en el que parece que todos están dando lo peor
de sí.
En una situación semejante, ¿tenemos que resignarnos
y abandonar?
¿Tenemos que conservar la fe cerrada en el tarro,
sacarla a pasear el domingo, y el resto de la semana “sálvese quien pueda”?
¿Tiene sentido, o es realista, llevar en el
corazón una página como la de las bienaventuranzas y tratar de orientar la vida
a la luz de esa Palabra?
Son preguntas espinosas. Preguntas que los
primeros cristianos también se hicieron, cuando se topaban con el cansancio de
cada día, con las incomprensiones de la comunidad naciente, estrujados entre
una religiosidad tradicional totalizadora (como el judaísmo), o irrelevante (como
la religión romana tradicional), y una vida social y política agresiva y
decadente. ¡Exactamente como hoy!
Jesús y
las bienaventuranzas
Jesús vive las bienaventuranzas que proclama. Y
nos desvela el rostro de un Dios muy diferente de nuestros miedos, y de un
hombre que es todo lo opuesto a lo que quisiéramos. Si el mundo exalta a los guapos,
a los fuertes, a los arrogantes, a los emancipados, a los falsos, a los
ambiciosos, Dios nos desvela que un corazón humilde, sincero, confiado, dispuesto
a cargar con las consecuencias de las propias acciones, es el construye una
nueva humanidad.
domingo, 2 de febrero de 2014
PRESENTACIÓN DEL SEÑOR (2 de febrero)
Primera Lectura: Mal 3,1-4
Salmo responsorial:
Salmo 23
Segunda Lectura: Heb 2,14-18
Evangelio: Lc 2,22-40
El tema de la celebración de hoy, parece más
ligado al ciclo de Navidad, con sus narraciones de la infancia de Jesús: de
hecho hemos leído el mismo trozo evangélico de la fiesta de la Sagrada Familia.
Sin embargo, el núcleo del mensaje que
hoy nos trae la liturgia lo hemos oído en el Evangelio y lo escucharemos
después subrayado en el Prefacio: Jesús es revelado por el Espíritu Santo como
gloria de Israel y luz de los pueblos. Jesús es el Mesías esperado desde hace
tiempo.
La
esperanza de un pueblo
Pero todo sucederá de una forma desconcertante. Cuando
los padres de Jesús se acercan al Templo con el niño, no salen a su encuentro
los sumos sacerdotes ni los demás dirigentes religiosos. Dentro de unos años,
ellos serán quienes lo entregarán para ser crucificado. Jesús no encuentra
acogida en esa religión segura de sí misma y olvidada del sufrimiento de los
pobres.
Tampoco vienen a recibirlo los maestros de la
Ley que predican sus “tradiciones humanas” en los atrios de aquel Templo. Años
más tarde, rechazarán a Jesús por curar enfermos rompiendo la ley del sábado.
Jesús no encuentra acogida en doctrinas y tradiciones religiosas que no ayudan
a vivir una vida más digna y más sana.
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