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sábado, 15 de abril de 2017

VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA (Ciclo A)


Pregón Pascual
Lecturas del Antiguo Testamento: 
Segunda Lectura: Rom 6, 3-11
Salmo Responsorial: Salmo 117
¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!
Evangelio: Mt 28, 1-10

Seguimos buscando al crucificado. Pensamos que, de verdad, Dios quiere estar embalsamado. Nos creemos, y acabamos por conseguirlo, adecuar nuestra vida y nuestra pastoral a la trágica lógica del embalsamamiento.

Como si Dios quisiera ser venerado como una momia; o custodiado en un mausoleo.
Piadosa y devota es la fe de las mujeres que, el día siguiente del sábado, van a completar lo que no han logrado hacer durante aquel trágico viernes.

Buscan a su Maestro, que ha sido dramáticamente atropellado por los acontecimientos. Lo buscan con desesperación y con resignación.

Quieren devolverle una apariencia de dignidad a aquel hombre que han querido y seguido. Que las ha querido e instruido.

Ilusas. El Señor está ya en otro lugar. Ha resucitado.

Huir del sepulcro
Tienen que alejarse del sepulcro. No es cosa de velarlo. Han de ir a otro lugar, donde el Señor las espera. El Nazareno ha resucitado. ¡No ha sido reanimado, ni reencarnado!, sino que, espléndidamente, ha resucitado.

No sabemos muy bien lo que significa haber resucitado, pues nadie ha resucitado nunca como él. Lázaro volvió a la vida, pero murió de nuevo.

Jesús no. Está espléndidamente vivo y para siempre. No es un fantasma, ni un ectoplasma.

Es él mismo, que se deja reconocer a través de signos, come con sus asombrados discípulos. Jesús ha resucitado, hermanos, tanto si nos damos cuenta de ello como sino; tanto si lo creemos como si no.

Ha resucitado, y todo cambia; ha resucitado, y cada cosa asume una luz diferente. Ha resucitado, y el Nazareno ya no es sólo un gran hombre, un rabino, o un profeta. Es mucho más.


Terremotos
Mateo, en su relato, habla de dos terremotos: uno en la crucifixión y otro en la resurrección. Son los terremotos interiores, obviamente, que el discípulo experimenta cuando ve la medida del amor de Dios que muere, derrotado, para mostrarnos cuanto nos ama.

Terremoto que estamos llamados a vivir cuando descubrimos que el Maestro está vivo y que podemos encontrarlo.

Y, ante la resurrección, podemos ser o mujeres, o guardias.
Mujeres: es decir, discípulos que quieren al Maestro, y lo siguen, que lo localizan en los pliegues de la misma vida, en los pliegues de la historia. Discípulos frágiles e incapaces de quitar las muchas piedras que cierran el sepulcro. Piedras interiores, dramas del pasado, errores cometidos en la vida. Todo aquello que nos impide vivir como resucitados.
Y es el ángel del Señor quien vuelca la piedra y se sienta encima. ¡Suma ironía!

Guardias: es decir, gente pagada (como Judas, ¡de nuevo el dinero!) para mentir, para negar la evidencia, para no meterse en líos. Para ellos la resurrección es una dificultad, un obstáculo, un problema. Lo mismo que para nuestra civilización occidental, despistada y feroz, arrogante y decadente, que niega la evidencia, que escarnece la fe, que se olvida de sí misma y de sus raíces.

Conversiones
Feliz Pascua, discípulos del resucitado. Feliz Pascua, los que habéis superado la cruz y que sembráis esperanza y luz en vuestro entorno. Feliz Pascua también a los que se han quedado clavados en el Gólgota, como Tomás o como Pedro. Todavía tendremos tiempo para convertirnos a la alegría, después de que nos convirtamos a la lógica de un Dios que muere por amor.

Feliz Pascua, porque si Jesús ha resucitado tendremos que buscar las cosas de allá arriba. Hay que dejar deprisa el sepulcro, porque la muerte no ha logrado custodiar la fuerza inmensa de la vida de Dios.

Cuéntatelo y repítelo que Jesús está vivo, porque pocos lo saben. Incluso los cristianos parecen haberlo olvidado.

Y, sin embargo, toda nuestra fe está en aquella tumba.

Lo sé bien, es un momento difícil para nuestra pendenciera, acomplejada  y mezquina España. Precisamente por eso tenemos que resucitar.

Y no me vengáis diciendo que no somos capaces, que nadie nos escucha. ¡Jesús, tan simpático él, confió el mensaje más precioso de la historia de la humanidad a unas mujeres, que en aquel tiempo no tenían derecho a hablar en público!

Ánimo, pues. Vivamos resucitados, busquemos las cosas de arriba.

Sepulcros
Y si todavía dudáis, daros una vuelta por Jerusalén, por uno de los sitios más feos de la cristiandad: una basílica sucia y caótica en que la prevalecen los gritos y enfrentamientos de los devotos. En aquella basílica del Santo Sepulcro se conserva una tumba absolutamente vacía.

Durante milenios, millares de hombres y mujeres han desafiado a la muerte para ir a visitar aquella tumba vacía. Clamorosamente vacía.

Es ridículo, pero es así: generalmente las personas hacen viajes para venerar un mausoleo que custodia los restos de algún gran político, o de un cantante, u de una persona espiritual.
Los cristianos, en cambio, van a visitar una tumba vacía.

Porque  la tumba vacía nos dice que la muerte no ha vencido. Que la muerte ya no vence nunca. ¡Jamás! Porque el Señor ha resucitado.