Ha sido
colocado un nuevo retablo
en
una capilla lateral de la Iglesia del Gesù
de Roma,
con ocasión del segundo centenario
de la
Restauración de la Compañía.
Es obra de
Safet Zec, un artista de Bosnia.
Para recordar el segundo centenario de la Restauración
de la Compañía de Jesús en la Iglesia universal, que tuvo lugar por obra y
gracia de Pío VII, el 7 de agosto de 1814, se ha colocado un retablo sobre el
altar de la Capilla de la Pasión en la Iglesia del Gesù de Roma. De este modo, dicha capilla recobra la integridad
temática del ciclo pictórico de José Valeriani y Gaspar Celio, menoscabada por la
desaparición del retablo original, obra de Escipión Pulzone, robada a principios
del 1800 y ahora expuesta en el Metropolitan
Museum of Art de Nueva York.
Para la realización del nuevo retablo se ha
recorrido un camino largo y no fácil; en
efecto, se trataba de superar las reservas existentes respecto a la oportunidad
de poner una obra de arte contemporánea en un contexto histórico y después localizar
a un artista que pudiera y quisiera aceptar el inevitable desafío de la
comparación con lo antiguo, y que respondiese a los rigurosos criterios de los
departamentos competentes en la obtención de los necesarios permisos.
La larga historia de la Iglesia del Gesù Jesús ha visto una armoniosa estratificación
de obras y de estilos diferentes en una secuencia casi incesante, al menos
hasta las últimas masivas intervenciones - en gran parte de restauración - de
la primera mitad del siglo XIX. Y no sólo. En el magnífico ciclo pictórico de Juan
Bautista Gaulli, se realizó un raro acuerdo entre la propiedad y el artista: el
complejo y articulado programa iconográfico pensado por los Padres jesuitas fue
magníficamente interpretado por Gaulli y de ello nació una obra maestra del barroco,
junto con el arte de ilustrar y comunicar la fe católica.
Con la asistencia de la Superintendencia para los
Bienes histórico- artísticos y etno-antropológicos de Roma y la Comisión
diocesana de arte sacro, se persiguió el intento de revigorizar el diálogo no
fácil entre la Iglesia y los artistas.
El desafío fue laborioso, en muchos aspectos
arriesgado, pero también estimulante. Un encargo, en efecto, comporta para el artista
el trabajo de medirse con un espacio - el definido por las exigencias del propio
encargo y, otro menos laborioso, representado por el espacio físico al que está
destinada la obra - en el que su creatividad puede sentirse constreñida.
El artista tuvo que interpretar el proyecto
propuesto aceptando las muchas ataduras impuestas a una obra destinada a una
Iglesia importante como el “Gesù” de
Roma. La obra no tenía que responder a un objetivo principalmente
conmemorativo, sino más bien expresar el espíritu que anima a la Compañía de
Jesús y la voluntad de servicio que ella quiere realizar dondequiera que sea enviada
para llevar el Evangelio. Los personajes representados fueron protagonistas en
los tiempos difíciles de la Restauración de la orden y, respecto al P. Arrupe,
de la renovación postconciliar. Ellos, en la acción de descender de la cruz el
cuerpo del Señor, debían recordar la vocación de la Compañía, es decir servir sólo
a Dios y la Iglesia bajo el estandarte de la cruz.
Visitando la vasta obra de Safet Zec pareció que
él podría ser el intérprete apropiado para la empresa. La sensibilidad de este
artista bosnio, hecha más aguda y vibrante por la terrible experiencia del
conflicto fratricida que devastó los Balcanes y que le afectó directamente y
con dureza, ha ido dando vida a obras de rara intensidad: la íntima
participación en el dolor y la compasión traslucida en los abrazos, en los ojos
llenos de lágrimas y de dignidad, en la mirada intensa y compartida sobre las
pobres cosas de la vida cotidiana, marcadas por el tiempo. El pan partido
puesto sobre un mantel blanco, aparece como memoria del calor de un comedor
turbado por una tragedia temida y repentina, como invitación y promesa de una comunión
reencontrada y de amistad...
Hay en la obra de Zec un silencio ansioso que
hincha el alma, una pasión que crece hasta el infinito, pero que no cede a la
tentación del grito liberador; permanece
más bien encerrada en el corazón y se transmite a quien acepta posar la mirada
sobre un alma, que se trasluce tímida en las imágenes de una tragedia detenida sobre
el lienzo o sobre el silencio de viejas fachadas de casas venecianas,
magníficas y moribundas, o en bodegones que custodian la nostalgia de una casa
abandonada. Una pintura, la de Zec, de alta maestría técnica y material, fuerte
y vehemente y, siempre, fuera y por encima de cualquiera retórica.
En la Capilla de la Pasión se veneran los restos
de S. José Pignatelli (1737 -1811), que fue un indiscutido protagonista de la
Restauración de la Compañía, así como los del Siervo de Dios P. Juan Felipe Roothaan
(1785-1853), segundo General de la renacida Compañía de Jesús. En la misma capilla
descansa también el P. Pedro Arrupe (1907-1991), que fue Prepósito General y
figura decisiva en la puesta al día de la Compañía después del Concilio
Vaticano II.