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domingo, 28 de diciembre de 2014

DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA (Ciclo B)


Primera Lectura: Eclo 3, 2-6.12-14
Salmo Responsorial: Sal 127
Segunda Lectura: Col 3, 12-21
Evangelio: Lc 2, 22-40


Fiesta de la sagrada familia, nos dice la liturgia. Fiesta de nuestra familia, añado yo. La familia concreta, objetiva, real de la que cada uno proviene o que ha formado o que desea formar. La familia que hoy día ya no es única, ni unívoca, y de la cual la Iglesia, con el impulso del Papa Francisco, está tomando buena cuenta y preocupación en el Sínodo.
Hoy nos encontramos muchos tipos de familia y todas basadas en el amor: la católica indisoluble, la no-católica pero con un vínculo sagrado que puede ser soluble según circunstancias, los matrimonios civiles, los divorciados casados antes por la Iglesia y vueltos a casar civilmente, las familias monoparentales, los homosexuales unidos en un vínculo civil, las parejas de hecho con derechos civiles reconocidos por la ley, las parejas que viven juntas sin más.
Por eso, celebrar en estos tiempos esta fiesta es algo chirriante y necesario, que hace reflexionar, como una provocación que vuela sobre nuestros líos políticos y sociales, que da vigor y energía a nuestra vida cotidiana, que da cuerpo a nuestras celebraciones de  Navidad.
Qué nos guste o no la familia es y queda en el corazón de nuestro recorrido por la vida, de nuestra educación, a menudo es al origen de mucho sufrimiento - ¡cuánto dolor existe en  tantas parejas rotas! -, de alguna desilusión y, gracias a Dios, sobre todo de inmensa alegría. Nos dice el Papa: “Tener un lugar a donde ir, se llama hogar. Tener personas a quien amar, se llama familia, y tener ambas se llama bendición.”
¡Qué bueno es que Dios haya querido experimentar la vida familiar, pero nos da qué pensar que, para hacerlo, haya elegido una familia tan desdichada y tan complicada.
Por otra parte nos asombra que la Iglesia se obstine en proponer como esta familia como modelo, una familia francamente inusual: el padre del niño no es el padre biológico, la pareja vive en la abstinencia, el hijo es la presencia de la Palabra de Dios y la pareja se ve obligada a escapar a causa de la notoriedad del recién nacido...
Pero no es precisamente por su diversidad por la que queremos seguir a María y José, sino en su concreción de pareja que ve la propia vida rebosante de la acción de Dios, en su capacidad de ponerse aparte, en serio, sin chantajes y con honestidad, sin angustias, para integrarse en un proyecto más grande, el proyecto que Dios tiene sobre el mundo.

La dura realidad
Hoy celebramos la Sagrada Familia, tan diferente de nuestras familias y sin embargo tan idéntica a nuestras en dinámicas afectivas. Escuchad una reflexión del Papa Francisco:

jueves, 25 de diciembre de 2014

NATIVIDAD DEL SEÑOR (B)


Primera lectura: Is 9, 1-3.5-6
Salmo Responsorial: Salmo 95
Segunda lectura: Tit 2,11-14
Evangelio: Lc 2,1-14

Aquí estamos
Nos hemos preparado, hemos recorrido el camino del Adviento, hemos dejado que la Palabra nos condujese, que iluminara nuestros tiempo frágil, nuestros momentos de inquietud, que nos diese una esperanza entre tantas palabras fuertes como crisis, corrupción, quiebra, sacrificios, guerras, violencia por doquier...
¿Quién nos puede salvar verdaderamente de todo ello?
Los organismos nacionales e internacionales, ciertamente, tienen que deben encontrar el modo de salir de la dictadura de los mercados, de la locura de una economía que condiciona nuestras opciones de cada día, salir fuera de lo que parece un ineludible capitalismo sin frenos, sin reglas, sin medida.
Pero la salvación de estas esclavitudes no nos es suficiente; evidentemente es necesaria para vivir decorosamente del fruto de nuestro ingenio y de nuestro trabajo, pero la salvación que necesitamos es otra muy distinta.
César Augusto, gracias a su hábil política, inauguró la edad de oro de la “pax romana” y su llegada fue saludada como una señal de abundancia para todo el imperio. El 23 de septiembre, fecha de su nacimiento, se celebraba como el principio del año solar y el emperador fu e proclamado “salvador” de cada hombre.
Pero justo bajo su Imperio, en una oscura aldea de pastores, una joven pareja de galileos dan a luz su primogénito: el Salvador. El verdadero.

Desintoxicarse
Ojalá que la crisis nos lleve al menos a un buen resultado: a reconducirnos a lo esencial, hacernos volver al sentido profundo de lo que vivimos, a retomar la Navidad en su sentido, tan rebajado por nosotros cristianos a la feria de los buenos sentimientos.
La atmósfera que circunda la Navidad nos emociona, y es inevitable que sea así. Pero ha llegado el momento de dejar que, además de la emoción, sea la teología la que nos hable al corazón.
Creemos saber todos los acontecimientos que celebramos. Quizás haga falta animarnos a borrar nuestros recuerdos y nuestra fantasía, para volver a aquella noche de la primera Navidad.

¿Qué ocurrió?
Una joven pareja llega a Belén, la ciudad que ha visto nacer el rey David. Llegan allí a causa de un censo, posiblemente un censo regional, un modo que, desde siempre, tienen los poderosos de manifestar su autoridad.
La mujer está esperando a su primogénito y es acogida en casa de algún pariente, porque era inimaginable que fueran rechazados, teniendo en cuenta  el sentido sagrado que tiene la hospitalidad en el mundo oriental. Pero para proteger su pudor pare en la trasera de la casa, normalmente constituida por un único hueco en el que se custodiaban los animales de tamaño pequeño y las vituallas alimenticias y la caja fuerte de cada vivienda.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

MISA VESPERTINA EN LA VIGILIA DE NAVIDAD (24 de diciembre)


Primera Lectura: Is 62,1-5
Salmo Responsorial: Salmo 88
Segunda Lectura: Hech13, 16-17.22-25
Evangelio: Mt 1, 1-25

Navidad, fiesta de la alianza amorosa 
Acabamos de escuchar en la lectura del profeta Isaías que Jerusalén, la ciudad destruida y prostituida por sus enemigos, desterrada y solitaria, infiel y  pecadora, es, a pesar de todo, invitada por Dios a unirse a Él en una alianza de amor, como  una novia virgen y joven.
Es ésta una de las más bellas imágenes de lo que es Navidad, día en el que brilla desbordante el apasionado amor de Dios hacia los hombres; el total y absoluto amor, más fuerte  que la misma infidelidad.
Hoy se nos dice que no es cierto que Dios castigue nuestro pecado y desprecie nuestra  pequeñez. El Dios de Jesús, no conoce el resentimiento ni la venganza. Todo  él vibra como un novio en la noche de bodas. Y en esta Vigilia de Navidad, la novia es la humanidad;  mujer de cuyo seno brota y surge el bello fruto de la libertad, de la paz, de la justicia y de la  alegría.
El esposo divino hoy invita a su mujer humana a vivir amando, a amar gozando, a gozar  entregándose. Y nosotros lo intuimos bastante bien al considerar este día como una de nuestras fiestas  populares más grandes y más bulliciosas, además de ser la más íntima y más familiar del año. Es la  noche de bodas de Dios y la humanidad.

domingo, 21 de diciembre de 2014

DOMINGO 4º DE ADVIENTO (Ciclo B)



Primera lectura: 2 Sam 7, 1-5.8b-12.14a.16
Salmo Responsorial: Salmo 88
Segunda lectura: Rom 16, 25-27
Evangelio: Lc 1, 26-38

Hacer nacer Dios. Hacerlo renacer. Dejar que sea él quien ilumine nuestras vidas, nuestra vida diaria, nuestras crisis financieras previstas o no. No para huir de una realidad cada vez más tenebrosa, sino para darle un nuevo horizonte.
Ya sabemos lo que es una vida basada en la apariencia, en la competencia por la imagen y la apariencia, ya hemos visto qué significa batirse para poder permitirse el último artilugio electrónico, ya hemos visto cómo está un país en el  que la vulgaridad se convierte en el nuevo lenguaje, y el cotilleo y la habladuría se transforma en virtud, hemos visto lo que pasa cuando la economía se convierte en la nueva ideología dominante.
Tal vez hemos dado gracias por ello. Ahora démoselas a Dios.

El Dios verdadero
No al que bendice nuestras batallas, no al elevado sobre los estandartes de conquista, no al que protege nuestras ideas. No al Dios que establece la autoridad constituida, no al que exalta el dolor y nos pide soportarlo con cristiana resignación. No al Dios de las procesiones y ceremonias, de los milagros y de las apariciones, de los hombres extraordinarios y de los santos extraños e inalcanzables.
Sino el Dios de Jesús. El Dios niño. El Dios inútil. El que fue anunciado por profetas, esperado y reconocido con asombro por el Bautista, el que nos alcanza cada día y que pide nacer en cada persona.
Faltan apenas cuatro días para la Navidad. Una Navidad humilde, llena de inquietudes. Una Navidad que no será una borrachera de regalos inútiles, que estará muy atenta al gasto de los banquetes, que no tendrá el trasfondo de la ansiedad por la movilidad del empleo y por el fondo de desempleo, o por el fin del contrato.
Dios nace, aquí y ahora. En esta concreta situación de nuestra vida.

David
¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?
María y David son los protagonistas de la Palabra de hoy y nos dan una preciosa indicación. El nacimiento de Dios en nosotros es, ante todo, iniciativa suya.

domingo, 14 de diciembre de 2014

DOMINGO 3º DE ADVIENTO (Ciclo B)

¡Alegraos, que ya viene el Salvador! 

Primera lectura: Is 61, 1-2a.10-11
Salmo Responsorial: Lc 1, 46 -50.53-54
Segunda lectura: 1 Tes 5, 16-24
Evangelio: Jn 1, 6 -8. 19-28

La crisis económica y de valores que está sufriendo el mundo occidental está produciendo unas Navidades de perfil bajo, casi de trámite. “Porque toca”. ¡Ojalá fuera al contrario!
Es una crisis compleja y articulada que está arrollando al mundo, pero siempre y en todo caso es algo que hemos producido nosotros, por nuestro egoísmo y nuestra avaricia. Es una situación que nos hace frágiles e inseguros. La fiesta de Navidad se ha convertido en la cumbre de las compras y regalos, pero desde hace años tenemos que echar cuentas porque ahora tenemos más bienes que consideramos de primera necesidad pero no tenemos medios para ello y tenemos que actuar en todo con mayor prudencia.
¡Qué actuales resuenan, en esta situación, las invitaciones a la confianza y a la alegría que nos presenta este tercer domingo de Adviento!
El mundo nos muestra ampliamente sus límites, las falsas promesas de un bienestar difuso y un crecimiento global que tiene que vérselas con con la dura realidad: todo proyecto, incluso el más virtuoso y devoto, se enfrenta con el egoísmo humano, con los pocos que, siendo ya ricos, son arrollados por el ansia del poder y de la riqueza, empobreciendo los demás.
Es verdad que tenemos que encontrar soluciones comunes y compartidas, pero tenemos que fijarnos ante todo con autenticidad en la naturaleza humana y en sus límites. Sólo una mirada que sepa ir más allá, que ponga la atención en otro lugar podrá construir un mundo diferente.
Permanecer en la alegría significa hacer una elección del campo en el que nos jugamos la vida: alinearse con la esperanza o con el desastre.
Alegrarse no es sólo una emoción sino un gesto de voluntad. Uno puede alegrarse también en la dificultad. Como hicieron los desterrados de Jerusalén.

Retorno
¿Recordáis la primera lectura de domingo pasado? Cuando un nuevo escritor continúa la escritura del libro de Isaías, aquella profecía ya se ha realizado: ahora son los persas los que dominan la escena política:  los babilonios son derrotados y los judíos son liberados, después de setenta años de deportación. El regreso a casa es difícil y lleno de peligros, pero lo peor es que en Jerusalén ya nadie se acuerda de ellos. Los deportados son confinados en las afueras de la ciudad, sobre la altura de Sión, sus tierras ya están siendo cultivadas por otros, judíos sin escrúpulos aprovechan la crisis financiera del momento (!) para prestar con intereses de usura y una inesperada carestía lleva a los umbrales de la muerte a los recién liberados. Supervivientes de la esclavitud, ahora están amenazados de morir de privaciones en la ciudad que los ha olvidado. E Isaías, en este caso el llamado tercer Isaías, profetiza e invita a todos a la alegría.

domingo, 7 de diciembre de 2014

DOMINGO 2º DE ADVIENTO (Ciclo B)

Preparad el camino al Señor
Primera Lectura: Is 40, 1-5.9-11
Salmo Responsorial: Sal 84
Segunda Lectura: 2 Pe 3, 8-14
Evangelio: Mc 1, 1-8


¿Cuándo comenzó todo?
Comienzo del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios… acabamos de escuchar. Ahí empezó todo, porque los primeros cristianos conocieron a Jesús a través de las palabras de los apóstoles. Se convirtieron en seguidores del Nazareno, fueron llamados “los seguidores del camino”, tenían el corazón lleno de las palabras del Maestro que les habían transmitido unas almas ardientes y sencillas. Conocen las palabras del Maestro, conocen sus prodigios y sus promesas.
Los primeros cristianos eran curiosos, sobre todo los que habitaban lejos de Jerusalén, perdidos en la Babilonia de los gentiles. ¿Cuándo comenzó todo?
Es Marcos el que se decide a redactar una narración. No un tratado de teología sino una historia, una narración de los hechos, una buena noticia, un evangelio.
Tampoco era una novedad. Por entonces ya circulaban las “buenas noticias” (euanguelion) que celebraban las proezas de los emperadores. Grandes proezas hinchadas o falsas, hombres que eran tenidos por dios, disputándose entre ellos el trono con violencia.
En la historia de Marcos, en cambio, se habla de un judío marginal que vivió en los confines del imperio. Marcos, ayudado probablemente por Pedro el pescador, pone en orden los acontecimientos. Para que Cristo también pueda nacer en el corazón de quién lo escucha y de quien oye hablar de él.
Por eso estamos aquí: para hacer espacio a Dios en nuestro corazón.

Consuelos y caminos
No hagamos un simulacro de que Jesús va a nacer. Queremos hacerlo nacer de verdad en nuestra vida, continuamente, fortaleciendo el manantial de vida que habita en nosotros. Redescubrir en nosotros el rostro de Dios que él mismo nos ha contado.
Un Dios que consuela, como nos dice Isaías, desde su deportación en Babilonia con todo el pueblo de Israel. Ya habían pasado cuarenta años desde el incendio de la ciudad santa y muchos ya se habían integrado en la sociedad babilonia. Ya no piensan en una vuelta a la patria, ¿para qué?

domingo, 30 de noviembre de 2014

DOMINGO 1º DE ADVIENTO (Ciclo B)


Primera lectura: Is 63,16b -17.19b; 64, 2-7
Salmo Responsorial: Salmo 79
Segunda lectura: 1 Cor1, 3-9
Evangelio: Mc 13, 33-37

            Volvemos a empezar
Primero domingo de Adviento, este año siguiendo el evangelio de San Marcos. Marcos, el muchacho que siguió a Jesús a Jerusalén, y en cuyas casa se reunieron los discípulos después de la crucifixión. Marcos que siguió a Pablo, más bien a regañadientes, que por eso fue mandado a casa por la excesiva morriña de adolescente y al que encontramos después a lado del apóstol Pedro.
El evangelio de Marcos está escrito, probablemente, en la comunidad de Roma, con un lenguaje escueto y pobre, pero denso de matices.
Y hoy, en su compañía, una vez más, iniciamos el tiempo de preparación a la Navidad.

¿Cuántas veces?
¿Cuantas Navidades hemos preparado y vivido en nuestra agitada vida? Y aún estamos aquí, no para hacer un simulacro del nacimiento de Jesús, porque él nació, vivió, murió y resucitó, sino para dejarlo nacer en nuestra vida una vez más.
Entre su llegada y su retorno estamos tú y yo, estamos nosotros, en este nuestro tiempo. Cada año recorremos la historia de la salvación, cada vez escuchamos los mismos evangelios, volvemos al mismo punto de partida pero, como en una espiral, cada vez a un nivel más profundo. Con esperanza.
Las razones para estar desanimados son muchas;  la crisis económica, las dificultades políticas, el creciente clima de pendencia, la Iglesia que parece estar cansada en revitalizar la fe, esquinada en un rincón con demasiados miedos y alguna incoherencia de sobra.
Nos agotamos y no tenemos mucho que contar. Necesitamos un redentor.

Destierros
El pueblo de Israel estaba desde hacía tiempo en el destierro de Babilonia. El desaliento clamaba al cielo: ¿dónde están todas las promesas dadas a los padres? ¿Dónde está el Dios del que hablaron con pasión? Nadie sabe ya hablar de Dios y el profeta Isaías se atreve a decir: no son los padres de la patria los que salvan al pueblo, sino sólo Dios, el redentor.
Las relaciones dentro del clan, en Israel, eran fortísimas. Si un familiar era reducido a la esclavitud, para pagar las deudas o si era víctima de la guerra, alguno de la familia tenía que rescatarlo, pagando su liberación o, en último caso, sustituyéndolo en su esclavitud. Era el redentor.
Dios promete rescatarnos, sustituirnos, arrancarnos de las mil esclavitudes en las que hemos caído.

Noches
La escueta parábola con la que iniciamos el conocimiento de Marcos nos abre un mundo. Jesús viene a visitarnos en la noche, de manera escondida. Todos podemos hacer la experiencia de encontrarnos con él, pero de una manera distinta de como los discípulos lo conocieron. La noche, entonces, representa el trabajo de la búsqueda, la tensión hacia el ideal, el descubrimiento del mundo de la oración, del mundo interior, de la espiritualidad.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Cardenal Tarancón: 20 años

Hace 20 años que murió el Cardenal Vicente E. Tarancón. Señero hombre de Iglesia en el post concilio y servidor de la convivencia en España en los tiempos de la Transición.

La homilía en la Misa de Coronación del Rey Juan Carlos I es una pieza excelente de proclamación de fe en Dios y de convivencia humana. Valores que, a casi 40 años vista, parecen estar bastante ausentes en nuestra sociedad.


CARDENAL TARANCÓN
HOMILIA EN LA CORONACION DEL REY
(Pronunciada en la Iglesia Parroquial de San Jerónimo el Real
la mañana del 27 de noviembre de 1975)

Majestades.
Excelentísimos señores de las Misiones Extraordinarias.
Excelentísimo señor Presidente del Gobierno.
Excelentísimo señor Presidente de las Cortes y del Consejo del Reino.
Excelentísimos señores.
Hermanos:

Habéis querido, Majestad, que invoquemos con Vos al Espíritu Santo en el momento en que accedéis al Trono de España. Vuestro deseo corresponde a una antigua y amplia tradición: la que a lo largo de la historia busca la luz y el apoyo del Espíritu de sabiduría en la coronación de los Papas y de los Reyes, en la convocación de los Cónclaves y de los Concilios, en el comienzo de las actividades culturales de Universidades y Academias, en la deliberación de los Consejos.
Y no se trata, evidentemente, de ceder al peso de una costumbre: En Vuestro gesto hay un reconocimiento público de que nos hace falta la luz y la ayuda de Dios en esta hora. Los creyentes sabemos que, aunque Dios ha dejado el mundo a nuestra propia responsabilidad y a merced de nuestro esfuerzo y nuestro ingenio, necesitamos de Él, para acertar en nuestra tarea; sabemos que aunque es el hombre el protagonista de su historia, difícilmente podrá construirla según los planes de Dios, que no son otros que el bien de los hombres, si el Espíritu no nos ilumina y fortalece. Él es la luz, la fuerza, el guía que orienta toda la vida humana, incluida la actividad temporal y política.
Esta petición de ayuda a Dios subraya, además, la excepcional importancia de la hora que vivimos y también su extraordinaria dificultad. Tomáis las riendas del Estado en una hora de tránsito, después de muchos años en que una figura excepcional, ya histórica, asumió el poder de forma y en circunstancias extraordinarias. España, con la participación de todos y bajo Vuestro cuidado, avanza en su camino y será necesaria la colaboración de todos, la prudencia de todos, el talento y la decisión de todos para que sea el camino de la paz, del progreso, de la libertad y del respeto mutuo que todos deseamos. Sobre nuestro esfuerzo descenderá la bendición de quien es el «dador de todo bien». Él no hará imposibles nuestros errores, porque humano es errar; ni suplirá nuestra desidia o nuestra inhibición, pero sí nos ayudará a corregirlos, completará nuestra sinceridad con su luz y fortalecerá nuestro empeño.
Por eso hemos acogido con emocionada complacencia este Vuestro deseo de orar junto a Vos en esta hora. La Iglesia se siente comprometida con la Patria. Los miembros de la Iglesia de España son también miembros de la comunidad nacional y sienten muy viva su responsabilidad como tales. Saben que su tarea de trabajar como españoles y de orar como cristianos son dos tareas distintas, pero en nada contrapuestas y en mucho coincidentes. La Iglesia, que comprende, valora y aprecia la enorme carga que en este momento echáis sobre Vuestros hombros, y que agradece la generosidad con que os entregáis al servicio de la comunidad nacional, no puede, no podría en modo alguno regatearos su estima y su oración.

domingo, 23 de noviembre de 2014

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO (Año A)


 Primera Lectura: Ez 34,11-12.15-17
Salmo Responsorial: Salmo22
Segunda Lectura: 1 Cor15, 20-26.28
Evangelio: Mt 25, 31-46

La Iglesia concluye hoy el recorrido del año litúrgico y lo hace con una fiesta y un evangelio intenso, de no fácil comprensión a las inmediatas: la Solemnidad de Cristo rey del universo.
No es que la Iglesia tenga nostalgias monárquicas y tampoco tenemos por qué fijarnos en los poderosos de esta tierra para tomar ejemplo de ellos. La imagen de la realeza, que quizá tengamos que modernizar un poco, quiere comunicar una fuerte profesión de fe: Jesús, el carpintero de Nazareth, aquel judío marginal que vivió hace dos mil años y que anda perdido entre los meandros confusos de la historia, es el Señor del universo, es el que tiene la última Palabra, el que da la medida y el sentido de cada experiencia humana, el que desvela el misterio de Dios, escondido por los siglos.
Contrariamente a lo que pudiera parecer, las vicisitudes humanas no nos están precipitando en un abismo de violencia y de caos, sino en los brazos de Dios. Hace falta mucha fe para hacer semejante afirmación, os lo aseguro, sobre todo después de dos mil años de cristianismo en los que las cosas no parecen que cambien a mejor.
Decir que Cristo es “soberano” de mi vida, significa reconocer que sólo en él tiene sentido nuestro camino de vida y de fe. Y es bonito, al final del año litúrgico, remachar juntos con fuerza esta nuestra convicción.
Pero hay peros….

Realeza
Leyendo el texto con que Mateo concluye su evangelio, quedamos desconcertados y un poco helados. El clima es oscuro, la visión de este juez implacable como algunos pintores lo han reproducido, el poderoso Cristo de Miguel Ángel de la capilla Sixtina por ejemplo, da miedo. ¿Qué tiene que ver esta página con el resto del evangelio? ¿Se ha equivocado Mateo? ¿O nos hemos equivocado nosotros cuándo seguimos profesando el rostro de un Dios compasivo y misericordioso?

domingo, 9 de noviembre de 2014

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN (9 de noviembre)


Primera Lectura: Ez 47,1-2.8-9.12
Salmo Responsorial: Salmo 45
Segunda Lectura: 1Cor 3,9c-11.16-17
Evangelio: Jn 2, 13-22


San Pedro del Vaticano no es la Catedral de Roma, como muchos piensan, sino San Juan de Letrán. Y hoy la Iglesia celebra la dedicación de la Basílica que es reconocida como "madre" de todas las basílicas del mundo, la primera entre todas las catedrales. Recordar la fecha de la dedicación, es decir de la consagración de la Basílica, recuerda a todas las Iglesias locales la primacía de la Iglesia de Roma. Roma es la primera entre iguales porque ha tenido el honor de tener como primer responsable a Pedro. Pero, como recuerda san Gregorio Magno, uno de los grandes papas de la historia, es la primera sobre todo en el servicio a los pobres y en la custodia de la verdad.

Iglesia e iglesias
Es curiosa la fiesta de hoy: en todo el mundo los cristianos de la Iglesia Romana celebramos la dedicación de la Catedral de Roma, como si fuera la propia y celebrarla en domingo, como hoy sucede, adquiere un aspecto de reflexión particular. La razón de esta fiesta es sencilla, la liturgia nos recuerda el papel central de la Iglesia de Roma en nuestra experiencia y el papel de las iglesias (con minúscula), de los lugares de culto, para los cristianos.
¿Qué es la Iglesia? Espontáneamente nos viene pensar en un lugar, en un templo, ¿no es verdad? Por otra parte, la historia del arte nos presenta escenarios extraordinarios, competiciones de belleza, catedrales que desafían el tiempo para dar gloria y alabanza a Dios. En el cristianismo, como en cada cultura y civilización, el arte expresa todo lo mejor de sí mismo cuando trata de alcanzar Dios, cuando trata de expresar el concepto absoluto de belleza. Pero, amigos, la iglesia, el templo, tiene sentido solo si contiene en ella una Iglesia (con mayúscula), es decir una comunidad (ekklesía). La visión cristiana del templo es bastante desacralizadora: no existen lugares que contengan a Dios, sino lugares que contienen una comunidad que alaba Dios. Por tanto nuestras iglesias son una referencia continua a la Iglesia formada por personas vivas. Más aún: el riesgo de reducir a museos nuestros lugares de culto es muy real y esto nos tiene que espolear a construir la comunidad.
¿Qué es la Iglesia? Es  el sueño de Dios, es decir, hermanos y hermanas reunidos por su Palabra que, poniendo sus dones y talentos al servicio del Reino, construyen un lugar en el mundo para hacer presente el amor de Dios. Dicho así es poético y bonito; luego, en lo concreto, nos estrellamos con nuestra frágil experiencia de comunidad. Comunidades cansadas administradas semidespóticamente por sacerdotes demasiado atados a su rol clerical, comunidades-hotel que son vividas como una institución distribuidora de servicios; comunidades-fantasma de nuestras ciudades en las que, quién participa, sólo pide ser dejado en paz para cumplir con sus propias devociones. Esto no es así, amigos.

domingo, 2 de noviembre de 2014

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS (2 de noviembre)


Primera Lectura: Is. 25,6-10
Salmo Responsorial: Salmo22
Segunda Lectura: 1Tes 4,12-17
Evangelio: Lc  24, 13-35


En el año 998, el monje Odilón de Cluny prescribió a todos los monasterios de su jurisdicción celebrar la memoria de todos los difuntos el día 2 de noviembre. Luego la liturgia romana, en el siglo XIV, propone la celebración de los Fieles Difuntos después de la fiesta de los Santos, para indicar una continuidad, para dar una clave de interpretación de la muerte. Necesitamos fijarnos en la alegría de los Santos para entender el misterio de la muerte, para acoger la buena noticia que Dios nos ofrece también en el momento más crucial y misterioso de nuestro recorrido terrenal.

¿Qué hacer con la muerte?
Dos de noviembre, imágenes antiguas, recuerdos de niño: los cementerios llenos de gente, las tumbas limpias, las flores, la gente que se encuentra por los caminos, el silencio, el clima triste. Hoy nos ponemos ante del misterio de la muerte, amigos. Misterio teórico y un poco molesto para quien - joven y lleno de fuerza - mira con suficiencia a estos rituales que percibe como lejanos y raídos, como gestos llenos de un sordo dolor para quien ha perdido a alguien querido, para quien se ha encontrado solo después de una vida hecha de hábitos consolidados.
Los hombres de hoy no sabemos qué hacer con la muerte. A veces, lo único que se nos ocurre es ignorarla y no hablar de ella. Olvidar cuanto antes ese triste suceso, cumplir los trámites religiosos o civiles necesarios y volver de nuevo a nuestra vida cotidiana.
Pero tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrancándonos nuestros seres más queridos. ¿Cómo reaccionar entonces ante esa muerte que nos arrebata para siempre a nuestra madre? ¿Qué actitud adoptar ante el esposo querido que nos dice su último adiós? ¿Qué hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y amigas?

sábado, 1 de noviembre de 2014

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS (1 de noviembre)


Salmo responsorial: Salmo 23
Segunda lectura: 1Jn 3,1-3
Evangelio: Mt 5, 1-12a

Hoy la Iglesia celebra en una única fiesta la santidad que Dios derrama sobre las personas que confían en él. ¡Una fiesta extraordinaria, que hace crecer en nosotros el deseo de imitar a los santos en su amistad con Dios! 
  ¡Qué bonito convertirse en santo! Ciertamente no por las imágenes y los devotos que encienden cirios a sus pies.... Sino porque llegar a ser santo significa realizar el proyecto que Dios tiene sobre nosotros, significa convertirse en la obra maestra que él ha pensado para nosotros. Dios cree en nosotros y nos ofrece todos los elementos para convertirnos en santos, como él es Santo. Sólo Dios es Santo, pero desea compartir esta santidad con nosotros. ¡La santidad, como diría santa Teresa de Lisieux, no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias!
Hoy es la fiesta de nuestro destino, de nuestra llamada. La Iglesia en camino, hecha de santos y pecadores, nos invita a fijarnos en la verdad profunda de cada persona: tras cada mirada, dentro de cada uno de nosotros, se esconde un santo en potencia. Cada uno de nosotros nace para realizar el sueño de Dios y nuestro puesto es insustituible en este mundo.  
El santo es el que ha descubierto este destino y lo ha realizado; mejor aún: se ha dejado hacer, ha dejado que Dios tome posesión de su vida.  
 
El santo  
La santidad que celebramos es la de Dios y, acercándonos a él,  primero somos seducidos y después contagiados. La Biblia a menudo habla de Dios y de su santidad, de su amor perfecto, de equilibrio, de luz, de paz. Él es el Santo, el totalmente otro, pero la Escritura nos revela que Dios desea fuertemente compartir la santidad con su pueblo.  
Dios ya nos ve santos, ve en nosotros la plenitud que ni siquiera nos atrevemos a imaginar, conformándonos con nuestras mediocridades.  
No hay más que una tristeza: la de no ser santos. ¡Qué gran verdad!  
El santo es todo lo que de más bello y noble existe en la naturaleza humana; en cada uno de nosotros existe la nostalgia de la santidad, de lo que somos llamados a ser: escuchemos esa llamada, esa nostalgia. Saquemos a los santos de las hornacinas de la devoción en las que los hemos desterrado y convirtámoslos en nuestros amigos y consejeros, en nuestros hermanos y maestros, repongámoslos en la cotidianidad de nuestra vida, escuchémoslos cuando nos sugieran el recorrido que nos lleva hacia la plenitud de la felicidad. Los que han vivido a Dios en su totalidad desean vivamente que también nosotros experimentemos la inmensa alegría que ellos han vivido.  

domingo, 19 de octubre de 2014

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo A)


 Primera Lectura: Is 45, 1.4-6
Salmo Responsorial: Salmo 96
Segunda Lectura: 1Tes1,1-5
Evangelio: Mt 22, 15-21

¿César o Dios?
“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Pocas palabras de Jesús habrán sido tan citadas como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos al Profeta de Nazaret, defensor de los pobres.
¡Cuántas veces esta frase de Jesús ha sido usada para justificar las más diversas tomas de posición! La han usado los gobiernos laicos para sustentar su autonomía respecto a la injerencia de la Iglesia. La ha usado la Iglesia para defender la legitimidad de la institución en el seno del Estado. Pero también la han usado los gobiernos anticlericales para justificar sus propias y discutibles acciones.
Y algún Papa también, en plan de delirio de omnipotencia, para justificar sus propias reivindicaciones de las cosas terrenales, la política incluida.
Como siempre ocurre, tenemos que tener el ánimo de tomar la Palabra como es, insertándola en su contexto, tratando de entender lo que el Señor quiere decirnos, en este caso, con la afirmación de Jesús que no deja de ser enigmática.

Obstáculo
La primera cosa que Mateo nos hace notar en el evangelio de hoy es que la pregunta está hecha para poner a Jesús en dificultad: es una verdadera trampa lo que se esconde tras la pregunta de sus oponentes.
El pueblo de Israel, desde hace casi un siglo, vivía bajo la dominación romana, unas veces más presente y opresiva, otras, como en el momento en que vivió Jesús, más discreta. ¡Pero, en una y otra situación, cada sujeto del imperio tenía que pagar un impuesto al menos una vez al año y nadie quiere pagar impuestos, faltaría más, sobre todo si luego acaban en manos de un gobierno considerado invasor y opresor!

domingo, 28 de septiembre de 2014

Papa Francisco a los jesuitas en los 200 años de la Restauración de la Compañía de Jesús


El 27 de septiembre de 2014, el Papa presidió las Vísperas de Acción de Gracias por la Restauración de la Compañía de Jesús, hace 200 años. Estas son las palabras dirigidas a los jesuitas en el transcurso de la celebración:
La Compañía distinguida con el nombre de Jesús ha vivido tiempos difíciles, de persecución. Durante el generalato del p. Lorenzo Ricci "los enemigos de la Iglesia llegaron a obtener la supresión de la Compañía" (Juan Pablo II, Mensaje al p. Kolvenbach, 31 de julio de 1990) por parte de mi predecesor Clemente XIV. Hoy, recordando su reconstitución, estamos llamados a recuperar nuestra memoria, recordando los beneficios recibidos y los dones particulares (cf Ejercicios Espirituales, 234). Hoy quiero hacerlo aquí con ustedes.
En tiempos de tribulaciones y turbación se levanta siempre una polvareda de dudas y de sufrimientos, y no es fácil seguir adelante, proseguir el camino. Sobre todo en los tiempos difíciles y de crisis llegan tantas tentaciones: detenerse a discutir las ideas, a dejarse llevar por la desolación, concentrarse en el hecho de ser perseguidos y no ver nada más.
Leyendo las cartas del p. Ricci me impactó una cosa: su capacidad para no dejarse sujetar por estas tentaciones y de proponer a los jesuitas, en el tiempo de la tribulación, una visión de las cosas que los arraigaba aún más a la espiritualidad de la Compañía.
El p. General Ricci, que escribía a los jesuitas de entonces, viendo las nubes que se espesaban en el horizonte, los fortalecía en su pertenencia al cuerpo de la Compañía y a su misión. He aquí: en un tiempo de confusión y turbación hizo discernimiento. No perdió el tiempo para discutir ideas y quejarse, sino que se hizo cargo de la vocación de la Compañía.
Y esta actitud ha llevado a los jesuitas a experimentar la muerte y resurrección del Señor. Antes de la pérdida de todo, incluso de su identidad pública, no opusieron resistencia a la voluntad de Dios, no opusieron resistencia al conflicto, tratando de salvarse a sí mismos. La Compañía -y esto es hermoso- vivió el conflicto hasta el final, sin reducirlo: vivió la humillación con Cristo humillado, obedeció. Nunca se salva uno del conflicto con la astucia y con estratagemas para resistir. En la confusión y ante la humillación, la Compañía prefirió vivir el discernimiento de la voluntad de Dios, sin buscar una salida al conflicto de modo aparentemente tranquilo.

domingo, 21 de septiembre de 2014

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo A)


Primera Lectura: Is 55, 6-9
Salmo Responsorial: Salmo 144
Segunda Lectura: Flp 1, 20-27
Evangelio: Mt 20, 1-16

Difícil historia la del perdón. Una reflexión ácida, dura, que nos inquieta por dentro. El perdón es laborioso, serio, exige una conversión radical. Sin embargo en el perdón se juega gran parte de la credibilidad del cristianismo. El perdón que trastorna la violencia, que se vuelve profecía de un mundo nuevo, que redibuja el rostro humano, transformándolo en imagen de Dios, devolviéndolo a su rostro auténtico.
La comunidad cristiana, con su modo de entretejer relaciones, con su capacidad de discutir (¡ y pelear!) de “otra” manera, con su capacidad de tomar en serio la suerte de cada hermano, se convierte en una anticipación del mundo nuevo.
Todo esto en teoría, porque pasados ya trece años del atentado a las torres gemelas el mundo sigue viviendo en la inquietud y en la violencia, incapaz de convertirse a lo que es obvio: que sólo en el perdón y en la aceptación de la diversidad podremos vivir una vida provechosa para todos.
En cada uno de nosotros, hay un pequeño déspota que quisiera ser el dictador de los demás.
Hemos sobrevivido a dos semanas de Palabra de Dios urticante, y hoy nos encontramos con la parábola del dueño de la viña, que nos muestra la lógica de la gratuidad total, completamente diferente a la lógica basada en los méritos.

Incomprensible
La actitud del dueño de la viña es ciertamente incomprensible: la viña tiene mucha tarea, es grande y necesita muchos obreros para poder llevar a cabo la vendimia. Sale a la calle pronto, por la mañana, para contratar a los primeros obreros. Cuando ve que todavía no bastan, vuelve para buscar más obreros y establece con ellos "lo que es justo" como recompensa del trabajo.

domingo, 14 de septiembre de 2014

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ (14 de septiembre)


Primera Lectura: Num 21,4b-9
Salmo Responsorial: Salmo 77
Segunda Lectura: Flp 2,6-11
Evangelio: Jn 3, 13-17


            Tenemos mucha razón al sentirnos cansados muchas veces, incluso atormentados, ante tanto sufrimiento y dolor, no sólo viendo el mundo que nos rodea, sino también en nuestro interior y en lo más cercano y querido: el sufrimiento en nuestras familias y nuestros amigos. Dios nos cura por dentro, en nuestro más profundo interior, cierto, pero ¿por qué tanto sufrimiento inútil?
            La fiesta de la exaltación de la santa cruz, que hoy reemplaza la del domingo, creo que puede ayudarnos.

            Historia
            Es una fiesta que nace de un hecho histórico: la reina Elena, madre de  Constantino, el primer emperador convertido a la fe, aprovechó su posición para organizar una imponente peregrinación a Tierra Santa con la bendición y mucho dinero, de su hijo. Su devoción la empujó a visitar todos los lugares en que se mantuvo la memoria de la presencia del Señor - guardados con devoción por los discípulos durante tres siglos - y a ordenar la construcción de imponentes basílicas. Sobre el lugar de la crucifixión había surgido un templo pagano que la reina no titubeó a hacer demoler hasta encontrar la colina del Gólgota y las tumbas adyacentes.
            Según una piadosa tradición, en una de las cisternas contiguas a las excavaciones se encontraron cruces, entre las cuales presuntamente estaba la de Jesús que fue llevada triunfalmente a Constantinopla, un día 14 de septiembre.
            Este descubrimiento suscitó gran sensación y las comunidades cristianas, en veinte años, pasaron de ser perseguidas a ver la cruz del Señor llevada triunfalmente a Constantinopla. Hoy, para nosotros esto es ocasión de una seria reflexión sobre la cruz.

             Fiesta
            La fiesta que hoy celebramos los cristianos es incomprensible y hasta disparatada para quien desconoce el significado de la fe cristiana en el Crucificado. ¿Qué sentido puede tener celebrar una fiesta que se llama “Exaltación de la Cruz” en una sociedad que busca apasionadamente el “confort” la comodidad y el máximo bienestar?
            Más de uno se preguntará cómo es posible seguir todavía hoy exaltando la cruz. ¿No ha quedado ya superada para siempre esa manera morbosa de vivir exaltando el dolor y buscando el sufrimiento? ¿Hemos de seguir alimentando un cristianismo centrado en la agonía del Calvario y las llagas del Crucificado?