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jueves, 11 de abril de 2013

Anuario S.J. 2010 - LOS JESUITAS EN EL NEPAL HOY


            



En el pasado los jesuitas ya estuvieron en el Nepal, pero únicamente de paso durante sus viajes hacia el Tibet y la China. Fue en 1951 cuando llegaron a Kathmandu para quedarse, invitados por el gobierno de Su Majestad. El rey quiso que abrieran un colegio en su reino hindú, y durante tres décadas administraron dos colegios en la capital además de una pequeña parroquia. Pero todo esto es pasado, antes que los acontecimientos de los últimos años catapultasen al Nepal a una nueva realidad. 


En el abril de 2008 el eslogan "Un Nuevo Nepal" hizo vencer al Partido Comunista (maoísta) del Nepal con la mayoría de escaños en las elecciones legislativas, y ahora dirige un gobierno de coalición. Nepal, un país encajado entre la China al norte y la India por los otros tres lados, ya no es un reino hindú sino una democracia laica. 

“El Nuevo Nepal significa el desmantelamiento del viejo feudalismo y la construcción de un nuevo orden económico, social, político y cultural en el País”, según uno de los principales ejecutivos del partido comunista. Se trata sin duda de un objetivo ambicioso, y de una tarea imponente. 

Nepal: 30 millones de habitantes con más de 100 castas y grupos étnicos, 3 topografías distintas, más de 70 lenguas y dialectos y algo así como 25 partidos políticos. Durante siglos las castas más elevadas y las élites de las colinas mantuvieron el poder político y económico del país. En 2006 el movimiento por la democracia ha llevado un viento de cambio al viejo dominio multisecular: se promulgó una Constitución “ad interim”; el rey, elegantemente, aunque con reluctancia, renunció al poder, y en el 2007 los maoístas se sumaron al gobierno provisional del Nepal. En abril de 2008 se tuvieron las primeras elecciones para la asamblea constituyente y los maoístas salieron victoriosos, pero sin conseguir la mayoría absoluta en el parlamento. El movimiento quiso no sólo eliminar el monopolio de la clase política, sino también crear una nación más justa, sin excluir a nadie y con un futuro posible para todos. 

Los maoístas en Nepal han logrado algo históricamente sin precedentes: vencer las elecciones y supervisar la redacción de la Constitución del país. 

Es interesante notar que las elecciones se basaron en una representación proporcional, con el 50% de los escaños reservados a las mujeres. El resultado es que ahora, en la nueva Asamblea, el 33% son mujeres. Verdaderamente es un gran paso adelante, hacia la igualdad y la responsabilidad. 

El viejo Nepal, que los líderes actuales quieren reemplazar con el Nuevo Nepal, fue un reino que nació hacia 1760. Mientras el futuro rey Prithvi Narayan Shaw ponía las bases del nuevo reino, llegaron a Kathmandu algunos capuchinos italianos que inauguraron las relaciones entre la Iglesia y el Nepal, relaciones interrumpidas por largo tiempo desde 1769 cuando los capuchinos, junto a su pequeño rebaño, fueron obligados a salir de Kathmandu. Dejada la ciudad el 4 de febrero de 1769, el 17 del mismo mes le llegaron a Bethiah, en la India, donde se establecieron. 

Muchos reyes y 182 años después, el 6 de junio de 1951, por invitación del gobierno de Su Majestad, 3 jesuitas y un avión cargado de abastecimientos dejaron Patna, en la India, y 45 minutos después aterrizaban en Kathmandu. El primer colegio lo abrieron a Godavari, una aldea 12 km al sur de Kathmandu, circundada de verdes colinas y con una magnífica vista sobre las cimas nevadas del Himalaya. Cuando el sitio resultó demasiado reducido, a causa del creciente número de estudiantes que llamaban a la puerta pidiendo ser admitidos, se abrió otro colegio, esta vez en la capital. Al mismo tiempo algunas religiosas abrieron otro para chicas. Los colegios se ocupaban de los hijos de la clase dirigente del país. ¿Cómo fueron percibidos por los revolucionarios de los nuevos tiempos? Después de todo, una de las principales pretensiones del movimiento por la democracia fue la abolición de la monarquía y todo aquello que la representaba. 

Según el P. Lawrence Maniyar, S. J., actual Superior Regional y director del prestigioso St Xavier's School a Jawalakhel, durante aquellos años inquietos, ellos fueron un medio para el gran diálogo con los maoístas además de favorecer la introspección y la creatividad. Durante una de sus intervenciones a favor del Primer Ministro y las escuelas privadas del país, que los maoístas quisieron cerrar, el P. Lawrence recordó a uno de los acérrimos líderes revolucionarios estudiantiles que quiso que todas las escuelas privadas fueran cerradas o que se volvieran como el colegio St Xavier. ¿Qué tuvo de especial el St Xavier? Después de decenios pasados al servicio de los poderosos y los privilegiados, abrió las puertas a los pobres y a las víctimas de los conflictos. Un programa escolar que busca ayudar a los estudiantes pobres, los Círculos Estudiantiles de Calidad, dónde se enseña a los alumnos a encontrar por sí solos la solución a los problemas personales, fueron algunos de las innovaciones introducidas por el colegio de los jesuitas. En aquel tiempo se emprendieron otros proyectos, entre ellos un hospicio para niños que perdieron a uno o ambos padres durante el conflicto entre el gobierno y el ejército, y la admisión a la escuela de un número equitativo de niños pobres, desfavorecidos y refugiados. 

Las escuelas de las áreas rurales no tuvieron una vida fácil en aquel tiempo. Cuatro escuelas eclesiásticas fueron bombardeadas siete veces y al final dos de ellas tuvieron que cerrar; recientemente han sido reabiertas. Ciertamente, no fue un momento ni de crecimiento ni de gran desarrollo. 

Pero hubo dos excepciones. La Región abrió dos escuelas en la parte oriental del país, en el lejano distrito de Jhapa, cerca de la falda del Monte Everest. Una de estas, situada justo en medio de los cultivos de té, se dedicó a los hijos de los pobres labradores, que hasta a entonces no habían tenido ni escuelas ni alguna otra posibilidad de educación. 

Estas escuelas al este del país también sirvieron como centros para alcanzar las poblaciones tribales católicas que vivían en aquella zona y que se beneficiaron en algún modo del movimiento por la democracia, concretamente al conseguir una ciudadanía negada por largo tiempo. En todo caso, para conservar el poder y las ventajas apenas conquistadas, necesitaban la educación. Esto es lo que trató de hacer el Moran Memorial School a Maheshpur. La escuela lleva el nombre de P. Moran, uno de los primeros tres jesuitas llegados en el 1951. Si en los años '50 los colegios atendían a los poderosos del país, las nuevas escuelas, junto a aquellos todavía existentes, apuntaban a facilitar el acceso a los poderes decisorios a quienes estaban al margen, tal como hacía el movimiento popular por la democracia. La asamblea creada en 2008 es la expresión de las aspiraciones populares de poder manifestar su parecer sobre el propio destino. Su composición refleja el perfil multilingüístico y multiétnico del País, con sus múltiples castas y regiones. El 33% son mujeres, el 20% dalits, las castas oprimidas, y el 3% musulmanes. Un ejemplo es sobre todo Savita Chaudhuri, ex-sierva de la gleba: primero esclava de su señor feudal, hoy miembro electo de la asamblea que escribirá la Constitución del país. Su hermana se gana la vida lavando platos por las casas y su hermano es jornalero. La esperanza forma parte realmente del nuevo Nepal. 

¿Qué reservará el futuro al país y a la Compañía de Jesús? Ciertamente las elecciones han hecho emerger un variado grupo de líderes. En la asamblea están representadas casi todos los matices de opinión. ¿Podrán estos grupos tan diferentes trabajar juntos? ¿Se pondrán de acuerdo sobre una Constitución que pueda satisfacer a los pobres y a los ricos, a los monárquicos y a los republicanos, a los empresarios y al proletariado, a los partidarios de un estado hindú y a los laicos? 

El pequeño grupo cristiano, del que forma parte el aún más exiguo grupo católico, ha experimentado la disponibilidad y la admiración de la población por su decidida contribución en el campo de la educación y por la labor realizada entre las facciones en guerra y en la gestión de los conflictos. 

El P. Lawrence recuerda su papel como mediador entre las diversas partes en aquellos momentos turbulentos: "Lo que me ha motivado ha sido la aguda observación de Papa Pablo VI: ‘Si quieres la paz, trabaja por la justicia!’. Mi trabajo en el St Xavier's School me ha hecho entender que la reconciliación entre las facciones en lucha es un presupuesto necesario para el desarrollo del país". El año 2000, el Nuncio Apostólico y el P. Lawrence se encontraron con los maoístas. El P. Lawrence recuerda cómo el Nuncio presentó, con insistencia, el punto de vista de la Iglesia sobre el conflicto, la violencia y la justicia: “La violencia no es una vía cristiana”, dijo el Nuncio. Por eso fue interesante escuchar a uno de los líderes maoístas más famosos exhortar a sus dirigentes a ser 'Gandhi' en el momento de las elecciones. 

Los jesuitas que han dedicado años en el Nepal a estudiar, trabajar y a escribir su historia y religión, se identifican con la declaración de la revista de las Religiones del Mundo, es decir con “promover el acuerdo recíproco entre las tradiciones espirituales del mundo, facilitar una búsqueda común de las visiones fundamentales en las diversas confesiones, para que cada uno pueda sacar provecho de los puntos fuertes de los otros, preservando en todo caso la propia integridad.... trabajar en una atmósfera de recíproco respeto y promover la capacidad humana universal hacia el bien y la sabiduría”. 

En verdad es ésta una visión elevada. Sin embargo, la visión de un Nuevo Nepal no es uniforme ni su camino está libre de obstáculos. Las seculares tensiones y desconfianzas entre las castas superiores y las demás, entre la gente de las colinas y los habitantes de los llanos, entre los latifundistas, pocos pero poderosos, y los indigentes, muchos pero sin poder, desembocan esporádicamente en conflictos. El desafío del país es canalizar las energías, teniendo en cuenta la buena voluntad de todos para crear un estado-nación que sea posible. 

La Compañía de Jesús, junto con la Iglesia, está comprometida en hacer de la libertad de culto uno de los hitos del Nuevo Nepal. Esta búsqueda no concierne solamente a los cristianos, es también la aspiración de personas de buena voluntad de otras religiones y de otros grupos. Junto a ellos, con las mismas inclinaciones, la Compañía de Jesús está trabajando para que la libertad religiosa sea incluida en la Constitución. 

Otro desafío que la Compañía de Jesús y el país tienen que afrontar es ofrecer una educación adecuada a los jóvenes, que representan casi el 50% de la población. El nivel de instrucción es inferior al 50% para los varones, y al 40% para las mujeres. La Compañía de Jesús, aquí como en otras partes, se identifica con la escuela. Durante el período de la guerra civil de los años 90, los colegios de la Compañía han seguido funcionando. También fue abierto uno nuevo, de modo que nuestros bachilleres y los de otras instituciones, no fueran obligados a ir al extranjero para continuar los estudios superiores. En 1990 el colegio contaba con unos 400 estudiantes, hoy tiene 2.500. Su Departamento de Servicios Sociales ha iniciado un programa piloto en favor de las víctimas de las desoladoras inundaciones del año pasado: para los estudiantes ha sido una experiencia concreta de trabajo social, y para las víctimas de las inundaciones una solución duradera. Actualmente el director, P. Antonysamy, S.J, está implicado en un proyecto que contempla la abertura de la Xavier University en Nepal. 

Para afrontar el gran problema del abandono escolar, está en estudio un programa que prevé la creación de comunidades colegiales donde los jóvenes, chicos y chicas, puedan aprender los oficios existentes en sus correspondientes comunidades, sin tener que irse a las ciudades en busca de un trabajo para vivir. 

Otro reto para la Región es dar continuidad a los estudios de jesuitas como los PP. Ludwig Stiller, S.J, John Locke, S.J, Greg Sharkey, S.J y otros, en sectores como la historia, la cultura y la religión de la nación. 

Está también el desafío de poder atraer y formar jóvenes nepaleses para la Compañía de Jesús. ¿Cómo hacer esto cuando el número actual de católicos en Nepal no supera los 8.000? De los 66 jesuitas presentes en el país solo dos son nativos. 

Se han puesto las bases. Los pioneros de la educación, de los servicios sociales y de la atención pastoral, han indicado el camino. Ahora el desafío que la Región tiene que afrontar es ir allí dónde otros no han ido, y según las palabras de Peter Hans Kolvenbach, S.J, su misión es "demostrar una fidelidad creativa a la misión de la Compañía en el mundo y a las opciones que hechas a este respecto… y hacerlo junto con nuestros colaboradores." 

Religión, arte y arquitectura se funden de manera armoniosa como se puede ver en las obras de santuarios y templos esparcidos por todo el Nepal. Los estandartes ondean al viento y las novenas circulan continuamente. También los vientos del cambio soplan sobre el país, y giran los engranajes de la metamorfosis. El país está en una encrucijada, con la población en búsqueda del progreso y con todos los pueblos de esta pequeña perla del Himalaya luchando para no ser excluidos. La Compañía de Jesús en el 1951 recibió un mandato limitado: abrir un colegio para los hijos de los dirigentes. Hoy su mandato es descubrir y escribir el siguiente capítulo del nuevo milenio y contribuir a hacer girar los engranajes del cambio. 
E. Cyriac Sebastián, S.J. 
Traducción:  Juan Ignacio García Velasco, S.J.