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viernes, 12 de abril de 2013

Anuario S.J. 2010 - NUEVA GUINEA: EL COLEGIO “LE COCQ DE ARMANDVILLE” EN NABIRE-IRIAN JAYA


El complejo escolar “Le Cocq d’Armandville”, administrado por la Compañía de Jesús en Nabire, Irian Jaya, en la parte de Nueva Guinea que pertenece a Indonesia, lleva el nombre del jesuita que tanto se consagró a la promoción social de la población nativa mediante la educación. 


El Padre Le Cocq de Armandville nació en Delft, Holanda, en 1846. Ingresó en la Compañía de Jesús en 1867 y fue ordenado sacerdote en 1876. El 22 de mayo de 1894 llegó por vez primera a Kapaur-Papua, pero por motivos de salud no pudo permanecer largo tiempo. En todo caso, en aquel breve período de permanencia, hizo de todo para infundir en la población la conciencia de lo importante que es la educación, en particular para las jóvenes generaciones. Regresó a Java un par de años después y trató de volver a Kapaur, pero a la muerte le cogió de improviso durante el viaje. 


El complejo, cuyo primer núcleo fue la escuela media fundada por la comunidad de padres católicos en 1980, fue ampliado en los años 1986 y 1987 con el añadido de la escuela elemental y del liceo Adhi Luhur, a los que también se juntaron el internado masculino Teruna Karsa y el femenino St. Teresia, además de la empresa agrícola y al taller-laboratorio. En el pasado perteneció a la diócesis de Jayapura; hoy es una institución católica, administrada por los jesuitas y propiedad de la diócesis de Timika, fundada en el 2004. 

Hasta 1987 los estudiantes del extrarradio de Paniai que acababan los últimos años de la educación secundaria y querían continuar los estudios de bachillerato, solían trasladarse a Jayapura, la capital del Irian Jaya. Pero algunas decisiones adoptadas por el gobierno en materia escolar, entre las cuales estaba también el aumento de las pensiones, cambió la situación, impulsando a muchas familias a preferir para sus hijos escuelas más cercanas a casa y contener así los costos. Como consecuencia el bachillerato vio incrementar notablemente el número de sus alumnos. En el 2000 el nuevo director, con el permiso de la diócesis de Jayapura y el Superior General de la Compañía de Jesús, inició un programa de formación orientado a educar a los jóvenes de la zona para que lleguen a ser los líderes de su país. Actualmente el cuerpo docente está compuesto por nueve jesuitas, una religiosa de las Siervas de Cristo y otros profesores laicos procedentes de varias universidades de la Compañía y de otras. El objetivo y la misión del colegio es educar a los jóvenes para que tomen conciencia de sus capacidades, hacer emerger las aptitudes y la riqueza espiritual ocultas en cada alumno, para ayudarlos a convertirse en personas conscientes de sus potencialidades y a responsabilizarse para convertirse en sujetos activos y partícipes de la vida comunitaria, tanto sea en la escuela como en la sociedad. 

Para conseguir este objetivo se han preparado muchos programas de actividad, que cada dos años son evaluados y revisados para eventuales puestas al día. Todos aspiran a formar el carácter y la conciencia de los alumnos. Entre las muchas actividades que acompañan el programa escolar regular se cuentan lecciones complementarias de inglés, indonesio, informática, matemáticas y ciencias. Además entre las actividades extra-curriculares no faltan el voluntariado, los viajes de estudio, los grupos de scouts y de música, la danza, el deporte, la redacción de un periódico interno, los campamentos, el coro, las actividades manuales, etc. Para realizar todo eso, en un espacio de 3,6 hectáreas hay varios edificios con salas de estudio y de estar, campos deportivos de baloncesto y voleibol, campo de fútbol, la iglesia, la biblioteca, los laboratorios de química y física y un laboratorio de informática. 

Como es tradición en los colegios de la Compañía, en Adhi Luhur no falta la Asociación de Antiguos Alumnos, compuesta por los estudiantes que, acabados los estudios, siguen manteniéndose en contacto entre de ellos y con el colegio, apoyando y participando en proyectos compartidos y orientados a mantener la alta calidad de la educación impartida en el colegio y a sustentar la misión propia de los jesuitas. 

La vida espiritual de los alumnos es muy importante y a ella se dedica un particular cuidado. Ya que los alumnos durante los años de estudio viven en el colegio, se ha elaborado un proceso de crecimiento en tres fases. La fase de iniciación o adaptación es reservada a los estudiantes del primer ciclo del bachillerato, que siguen un programa para descubrir y apreciar sus cualidades y a aprender a administrar sus propias experiencias. Así se pasa a la segunda fase del programa, reservada a los alumnos del segundo grado, en la que tienen que aprender a administrar sus dotes y capacidades personales, y a ponerlas en acción. La última fase del programa es la de orientación al futuro. Los estudiantes del último año han de llegar a ser capaces de tomar una decisión clara sobre lo que quieren ser y lo que quieren hacer en la vida. Para ello se preparan ejercicios personales dirigidos a las necesidades específicas de cada estudiante durante el período de la formación (atención a la persona). 

A las actividades escolares se añaden dos laboratorios de actividades prácticas: la cría de cerdos y el taller de carpintería. Son dos proyectos importantes para estimular y mejorar la calidad de la formación informal de los estudiantes, lo que permite estimularlos y hacerlos capaces de competir en el campo de la preparación profesional y empresarial. Hasta la fecha la educación impartida a los jóvenes del país había sido tal que no había hecho emerger la conciencia de sus capacidades. El objetivo de los dos laboratorios es, en efecto, estimular a nuestros jóvenes estudiantes para que desarrollen en ellos mismos las reglas de la disciplina, la ética del trabajo y el interés por la productividad. La gestión del taller es confiada a dos expertos ex-carpinteros que saben cómo hacer funcionar las máquinas y se ocupan de seguir a los estudiantes que dedican a estas actividades entre 1 y 2 horas al día, después de las clases. Las tareas confiadas son diferenciadas de acuerdo al progreso obtenido en la capacidad de administrar los utensilios y las maquinarias, y a las habilidades adquiridas, cosa que estimula a los alumnos a mejorar cada vez más la misma preparación. 

Los laboratorios llevan el nombre de Alfonsus Project, en memoria de Sant'Alfonso Rodriguez, el hermano jesuita del siglo XVI, patrón de los Hermanos de la Compañía, que pasó la vida como portero en el colegio de Mallorca, siempre dispuesto a dar consejos espirituales y apoyo a tantos que se dirigían a él. 


Un grupo del Colegio Le Cocq de Armandville. Reelaboración de Marina Cioccoloni 

Traducción: P. Juan Ignacio García Velasco S.J.