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martes, 9 de abril de 2013

Anuario S.J. 2013 - EL CENTRO CARDENAL BEA


"Siendo tan grande el patrimonio espiritual
común entre cristianos y judíos, este sagrado Concilio
quiere promover y encomendar
su mutuo conocimiento y consideración."

Esta afirmación del Vaticano II
es el principio inspirador del Centro Cardenal Bea.


 Hay una ligazón particular y evidente (aunque en la historia no fue siempre sencillo) que asocia a Roma, la ciudad de Pedro y Pablo, con Jerusalén, desde donde llegaron los dos apóstoles; una ligazón de la que los últimos Papas, a partir de Juan XXIII, se han hecho cargo particularmente, creando y desarrollando, entre la Iglesia católica y los judíos, relaciones visibles y oficiales a niveles nunca alcanzados en los siglos anteriores. Pero existe también una relación particular que asocia la identidad y la misión de los jesuitas con la fe judía, por lo que la misma "shul" (la escuela) ha llegado a ser sinónimo de su lugar de culto, la sinagoga. Los jesuitas, en efecto, inmediatamente después de la fundación de la Compañía identificaron la educación como suprema prioridad para el desarrollo de la fe cristiana.

  
Todo eso se concretó felizmente, en un primer tiempo en 1978, cuando el futuro cardenal Carlo Maria Martini, entonces rector, creó en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma un lugar de estudio para cristianos y judíos y, luego en 2001, cuando en la misma universidad se fundó el Centro Cardenal Bea para los Estudios Judíos (CCB). El Centro, al año siguiente, recibió de la Santa Sede el mandato oficial de convertirse en "el proyecto más importante de estudios judíos en la Iglesia Católica" (Carta de la Santa Sede del 14 de noviembre de 2002). 
Como su propio nombre indica, el CCB expresa su adhesión a la previsión del jesuita cardenal Agustín Bea, principal arquitecto de la declaración Nostra Aetate con la que la Iglesia Universal, durante el Concilio Vaticano II, tomó nota de que la Alianza del Sinaí conserva su validez, es decir que el pueblo judío sigue siendo el Pueblo Elegido. Ello supuso un cambio en la toma de conciencia del sentido que tiene para la Iglesia la continua presencia de los judíos. Efectivamente, en el diálogo entre judíos y cristianos siempre se cita la declaración Nostra Aetate como una especie de "partida de nacimiento" de este diálogo. El Rabino jefe de Gran Bretaña y la Commonwealth, Lord Jonathan Sacks, lo subrayó también en la conferencia tenida en la Gregoriana el 12 de diciembre de 2011 sobre el tema Has Europe Lost its Soul?, un acontecimiento organizado, precisamente, por el Centro Cardenal Bea. 
A la luz de la afirmación fundamental de Nostra Aetate también se intuye lo vital que es para la identidad de este Centro el empeño de promover el conocimiento del judaísmo, y de realizarlo mediante una colaboración directa con miembros de la comunidad judía. Así desde el inicio, el Centro Cardenal Bea, gracias a la visión y al sostén de los esposos Aldegonde y Hubert Brenninkmeijer-Werhahn, ha podido contar con un acuerdo entre la Pontificia Universidad Gregoriana y la Universidad Hebrea de Jerusalén que permite un recíproco intercambio regular de docentes y estudiantes. Además el CCB ha visto la implicación, en el campo de la enseñanza, de varios rabinos procedentes de la comunidad italiana, de otros países europeos y de los Estados Unidos. 
Si al principio de su actividad, el CCB focalizó su reflexión - y no pudo ser de otra manera - sobre el patrimonio común y sobre cuestiones que conciernen a la lectura del Antiguo o,  mejor aún, del Primer Testamento, con el pasar de los años el interés se extendió a otras tantas expresiones de la fe judía, desde los escritos rabínicos hasta los pensadores judíos contemporáneos. Ciertamente, desde el reconocimiento explícito de la "validez nunca revocada Primera Alianza", ha ido creciendo la conciencia de que, también para los cristianos, la voluntad divina no puede cumplirse sin tener en cuenta la interpretación que la fe judía ha dado, y sigue dando, a la alianza recibida. 
Hoy el programa del CCB se está moviendo cada vez más hacia la tridimensionalidad de su quehacer que se expresa, en clave cronológica, como un tipo de peregrinaje por el pasado, el presente y el futuro, o quizás también, en clave "agustiniana" (rindiendo una vez más homenaje a quien ha dado el nombre al Centro Agustín Bea), haciendo referencia a las tres facultades constitutivas que caracterizan al hombre, "memoria-entendimiento-voluntad". En particular: 
            - Trabajo de la memoria, o sea trabajo dirigido al pasado. El CCB se siente comprometido en cultivar la memoria integral de la historia. Tal totalidad incluye, en lo que se refiere a la historia de salvación, la plena integración del Antiguo Testamento en la teología y una atención particular a las expresiones de "patología religiosa": las posibles consecuencias de la primera gran separación entre cristianos y judíos que ha comportado ignorancia, rechazo y agresión. 
            - Trabajo de la inteligencia, o sea trabajo dirigido al presente. Con una metodología inspirada en la pedagogía judía (en algunas cosas parecida a la pedagogía ignaciana) que favorece el intercambio directo entre el profesor y el alumno, el CCB persigue, tanto para los estudiantes propios como para los que proceden de otras facultades e institutos de la Universidad Gregoriana, un doble objetivo que constituye un desafío real para el estudio y la investigación: por un lado, profundizar en el conocimiento de los Estudios Judíos (Talmud, Comentarios Medievales, Cábala, etc.) y, por otro, explorar el significado de las relaciones judeo-cristianas con el intento de descubrir más y más las potencialidades en ellas contenidas. 
            - Trabajo de la voluntad, o sea trabajo dirigido al futuro. Una de las competencias principales del Centro Cardenal Bea es la de crear un lugar de encuentro entre católicos y judíos en el seno a la Pontificia Universidad Gregoriana, para promover una actitud de confianza que posibilite el nacimiento de amistades capaces de asumir la tarea de testimoniar, casi como una sinfonía, la fidelidad y el amor de Dios ante los retos presentes en las diversas épocas. 
Ciertamente, el Centro Cardenal Bea no es el único que trata de realizar esta visión y, en todo caso, no podría hacerlo solo. Puede contar con la creciente interdisciplinariedad que caracteriza hoy a los programas de estudio y a las actividades de las varias facultades e institutos de la Pontificia Universidad Gregoriana. También puede contar con la vitalidad y laboriosidad de tantos otros centros de diálogo a judeo-cristiano en el mundo, no pocos ligados a ateneos de la Compañía de Jesús. Que semejante visión haya encontrado una sede particular en Roma, de verdad que puede ser un motivo de esperanza. 
Philipp G. Renczes, S.J. 
Director del Centro Cardenal Bea para  los Estudios Judíos

Traducción: Juan Ignacio García Velasco, S.J